Capítulo Sexto
VARIOS
197. Partición de un imán.
Una varilla imantada se divide en fragmentos pequeños. ¿Cuál de
ellos estará más magnetizado, alguno de los que estaban
más cerca de sus extremos u otro, de los cercanos a su punto medio?
Como la intensidad del imán disminuye notablemente al aproximarse a la
línea neutra, se podría esperar que los fragmentos de su parte
central estarán muy poco magnetizados. No obstante, esto no es
así: los trozos más próximos al punto medio están
más imantados que los demás.
La causa de ello se entiende fácilmente examinando el caso de un
imán largo cortado transversalmente en varias partes.
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¿Cuál de los fragmentos de la varilla imantada atrae más?
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Cada una de ellas será un imán pequeño con sendos pares de
polos orientados como está indicado en la figura. Si el imán a
fuera más intenso que el b (lo cual sería muy natural), el polo
sur s del a equilibraría con creces la acción del polo norte n
del b, y en general los polos sur de cada uno de los imanes pequeños de
la parte norte del imán originario anularían la de los polos
norte, por lo cual se observaría cierto exceso de acción del
magnetismo sur. En suma, este extremo de nuestro imán
correspondería al polo sur, y no al polo norte. Así que no
habrá ninguna contradicción si suponemos que la intensidad de
cada uno de los imanes pequeños se incrementa a medida que se aproxima a
la línea neutra.
198. Un trozo de hierro en una balanza.
Una balanza está equilibrada con un trozo de hierro y una pesa de cobre
(ver la figura). Si tenemos en cuenta la acción del magnetismo
terrestre, ¿podemos dar por estrictamente iguales las masas de estos dos
cuerpos?
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Un trozo de hierro en una balanza
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«El globo terráqueo es un imán gigantesco; por ello, el plato que
sostiene el trozo de hierro será atraído más que el otro,
que sostiene la pesa de cobre, y, por consiguiente, la masa de esta
última no será igual a la del trozo de hierro.»
Los que razonan de esa manera hacen caso omiso de las enormes dimensiones del
globo terráqueo comparado con las del trozo de hierro en
cuestión, así como las consecuencias que se derivan de este
hecho. El caso es que el imán atrae y repele el hierro al mismo tiempo:
si acercamos al referido trozo el polo norte de un imán, entonces en su
extremo más próximo a éste último surgirá el
polo sur que será atraído por el norte del imán, mientras
que en el otro extremo del trozo surgirá el polo norte, repelido por el
norte del mismo imán. Entre las dos fuerzas, la atractora y la
repulsora, predominará la primera, puesto que la distancia entre los
polos de signos contrarios será menor que entre los del mismo signo. El
polo sur del imán también atrae y repele al mismo tiempo al
referido trozo de hierro, pero en este caso la atracción es más
intensa que la repulsión.
Semejante fenómeno tiene lugar sí el imán es de
dimensiones ordinarias. Si se trata de uno gigantesco como es el Globo, el caso
es distinto. El trozo de hierro colocado en la balanza, encontrándose en
el campo magnético terrestre, también tiene dos polos, pero en
este caso es imposible afirmar que uno de ellos es atraído más
intensamente por el polo magnético de la Tierra más
próximo a él, que el otro: la diferencia de distancia es tan
ínfima que, de hecho, no podrá influir de alguna manera en la
intensidad de interacción de los polos. ¿Qué importancia tiene la
distancia entre los polos del pedazo (que mide unos cuantos centímetros
o decímetros) en comparación con la que hay entre ellos y el polo
magnético de la Tierra (que es de varias miles de kilómetros)?
Conque, la masa del trozo de hierro equilibrado en la balanza es la misma que
la de las dos pesas. El magnetismo terrestre es incapaz de afectar de modo
alguno la exactitud de las mediciones.
Por esta misma razón una tira de hierro magnetizada pegada a un trozo de
corcho que flota en el agua, no avanza en dirección del polo
magnético de la Tierra más próximo, sino que sólo
se pone "de cara" a él en el plano de un meridiano magnético: dos
fuerzas paralelas iguales y de sentido contrario no pueden imprimir movimiento
progresivo a un cuerpo, sino que sólo son capaces de hacerlo girar sobre
su eje.
199. Atracción y repulsión eléctrica y magnética.
a) Una bola ligera es atraída por una varilla. ¿Significa esto que la
varilla está electrizada? ¿Y si la bola es repelida? b) Una barra de
hierro atrae a una aguja de acero. ¿Querrá decir esto que la barra
está imantada? ¿Y si la aguja es repelida?
a) El hecho de que la bola es atraída por la varilla no comprueba
inmediatamente que esta última está imantada. Una varilla no
electrizada previamente también atraerá a una bola ligera
electrizada. La atracción comprueba que uno de estos dos objetos
está electrizado. Al contrario, si la varilla y la bola se repelen
mutuamente, podemos concluir que ambos cuerpos están electrizados:
sólo se repelen los cuerpos con carga eléctrica de un mismo signo.
b) Lo mismo sucede con los imanes. Si la varilla de hierro atrae la aguja, no
podemos afirmar que la primera está imantada: el hierro no imantado
también atraerá la aguja si esta última está
magnetizada.
200. Capacidad eléctrica del cuerpo humano.
¿Cuál es la capacidad eléctrica del cuerpo humano?
Si la persona se encuentra alejada de un conductor puesto a tierra (por
ejemplo, de las paredes de la habitación), la capacidad eléctrica
de su cuerpo es igual a 30 «centímetros». Quiere decir que en tales
condiciones la capacidad eléctrica del cuerpo humano equivale a la de un
conductor esférico de 30 cm de radio.
201. Resistencia del filamento.
La resistencia eléctrica del filamento en estado caliente difiere de la
del filamento frío. ¿Cuál es la diferencia en una bombilla de
vacío de 50 vatios?
La resistencia del filamento de carbón disminuye al aumentar la
temperatura, mientras que la del metálico aumenta notablemente. Cuando
el filamento de la bombilla dé vacío de 50 vatios está
caliente, su resistencia supera 12 ó 16 veces la que tiene en estado
frío.
202. Electro-conductibilidad del vidrio.
¿Conduce la corriente eléctrica el vidrio?
El vidrio no siempre presenta propiedades aislantes: cuando está muy
caliente, conduce la corriente eléctrica. Si conectamos una varilla o un
tubo de vidrio de 1 a 1,5 cm de longitud a la red de alumbrado eléctrico
y lo calentamos mediante un mechero, algún tiempo después, cuando
el vidrio se caliente suficientemente, dejará pasar la corriente
eléctrica. Una bombilla eléctrica conectada a este circuito se
encenderá.
203. El daño que causa el encendido frecuente de las bombillas
eléctricas.
Algunos tipos de bombillas eléctricas se funden si se encienden muy
frecuentemente. ¿Por qué?
Si las bombillas de filamento de tungsteno se encienden y apagan con mucha
frecuencia, se deterioran fácilmente. En estado frío, el
filamento metálico absorbe restos de gas que quedan en el interior de la
bombilla después de evacuarlo. En estado caliente, el mismo vuelve a
desprender el gas absorbido, lo cual deteriora poco a poco al filamento de este
elemento.
204. El filamento.
Cuando las bombillas eléctricas no están encendidas, tienen
filamentos tan finos que casi no se ven a simple vista. ¿Por qué los
filamentos se engruesan cuando conducen la corriente eléctrica?
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El grosor de varios filamentos B en comparación con el del cabello
humano A y el hilo de la telaraña C
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Es cierto que el filamento de la bombilla eléctrica encendida parece
tener mayores dimensiones. No obstante, no se puede atribuir este hecho a la
dilatación térmica. El coeficiente de dilatación de los
metales equivale a unas cuantas cienmilésimas, por lo cual, cuando su
temperatura se eleva hasta 2000°C, el diámetro de las piezas
metálicas sólo puede aumentar en algún tanto por ciento,
es decir, mucho menos de lo que aparenta.
En realidad, el filamento no se ensancha más que en cierto tanto por
ciento. Su engrosamiento aparente se debe a la ilusión óptica: a
consecuencia de la llamada irradiación las zonas blancas parecen tener
dimensiones mayores que las reales. Cuanto más luminoso es un objeto,
tanto mayores dimensiones aparenta tener. Como la luminosidad del filamento
calentado es bastante elevada, su aumento virtual es considerable: un filamento
de diámetro real de cerca de 0,03 mm parece medir no menos de un
milímetro, es decir, «aumenta» 30 veces.
207. Longitud de un segmento.
La longitud de un segmento ha sido medida dos veces. La primera vez el
resultado ha sido 42,27 mm y la segunda, 42,29 mm. ¿Cuál es la longitud
real del segmento?
Muchas personas consideran que al medir una magnitud, su longitud real equivale
a la media aritmética de los resultados de cada una de las mediciones.
Por ello, a la pregunta planteada se acostumbra responder de la manera
siguiente: la longitud real del segmento es de
(42, 27 + 42, 29) / 2 = 42, 28 mm.
El resultado no es exacto, ya que en este caso la magnitud obtenida no es sino
el valor más probable de la longitud del segmento, y puede no ser el
valor real. Los datos disponibles no permiten determinar exactamente la
verdadera longitud; esta última podrá equivaler a la longitud
más probable o puede diferir de ella.
208. La gota de agua horada la piedra.
¿Cómo explica usted el hecho de que «la gota de agua horada la piedra»?
Es sabido que para dejar una huella, aunque sea muy pequeña, en la
superficie de una piedra, hay que utilizar un cuerpo más duro que la
piedra. Como el agua no es más dura que la piedra, ¿cómo puede
«horadarla»?
El agua pura que cae sobre la piedra no deja ni la menor huella en su
superficie, por más que vuelva a hacerlo. El valor de un conjunto de
ceros no supera al cero, por lo tanto, la repetición infinita de golpes
de gotas de agua sobre la piedra no produce ningún efecto. Si el agua en
este caso fuera absolutamente pura, no «horadaría» la piedra. Pero el
agua natural siempre contiene partículas sólidas (por ejemplo, de
arena, cuarzo, sal) capaces de dejar huellas en la piedra. Por muy
pequeñas que sean dichas huellas, sobreponiéndose unas a otras
durante largo tiempo causan un perjuicio notable.
Por consiguiente, no es el agua lo que horada la piedra, sino las diminutas
partículas sólidas invisibles presentes en ella.
209. Dos ciudades.
He aquí uno de los problemas presentados por Edison en su certamen:
«Dos ciudades situadas en diferentes orillas de un río a una milla (1,6
km) de distancia quedaron incomunicadas entre sí a consecuencia de un
siniestro. ¿Cómo restablecería usted la comunicación entre
ellas sin valerse de la electricidad? El río es infranqueable.»
Se podría proponer varios métodos para resolver este problema que
Edison formuló de una manera bastante imprecisa. Si se pide asegurar la
comunicación «verbal» entre las dos ciudades, el telégrafo
óptico, o sea, el intercambio de señales luminosas de día
o de noche, permitiría salir del apuro. Pero si se trata de asegurar el
envío de cargas o correo de una orilla a otra, se podría
construir un teleférico lanzando a la orilla opuesta un extremo de un
cordel ligero mediante un cohete de calibre suficiente.
210. Una botella en el fondo del océano.
Una botella destapada se encuentra en el fondo del mar a una profundidad de 1
km. ¿Cómo varía su capacidad por la acción de la
presión del agua, aumenta o disminuye?
Puede parecer absolutamente incuestionable el hecho de que la capacidad de la
botella seguirá invariable, ya que la presión del líquido
se transmite de igual forma tanto a su superficie exterior como interior. No
obstante, esta conclusión es errónea: de hecho, la botella se
comprimirá, por lo cual su capacidad disminuirá
correspondientemente. El lector encontrará con qué argumentar
semejante afirmación leyendo el siguiente razonamiento del famoso
físico holandés H. Lorentz expuesto en su Curso de física.
Examinando el efecto de la presión que un gas ejerce sobre una esfera
hueca Lorentz dice:
«No importa de qué manera se presione sobre la superficie interior de la
esfera. Por lo tanto, supongamos que para ejercer presión introducimos
en su interior un núcleo compuesto de la misma sustancia que las paredes
del cuerpo, que se adhiere tan bien a ellas que ambas forman un todo
único. Si ahora aplicamos cierta presión p a la superficie
exterior, se aplicará la misma fuerza a todos los puntos dentro de la
esfera: sus paredes sufrirán igual presión ejercida por ambos
lados. En este caso disminuirán todas las medidas del cuerpo con arreglo
a la razón que se puede calcular en base al coeficiente de
compresibilidad. De modo que podemos sacar la conclusión siguiente:
Si una esfera hueca o un recipiente de forma arbitraria experimentan, por
dentro y por fuera, la acción de una presión p, su capacidad
disminuirá en la misma magnitud en que se reduciría el volumen de
un núcleo de igual materia colocado dentro de ellos, llenándolos
completamente, si lo expusiéramos a semejante presión.»
Hagamos un cálculo aproximado. Cuando un cuerpo sufre la
compresión omnilateral bajo la acción de la presión p, su
volumen disminuye en
donde k es el coeficiente de extensión y E, el módulo de
elasticidad.
Para el vidrio k = 0,3 y E = 6 * 10
10
(en unidades del SI). Por eso, bajo la presión de la columna de agua de
1000 m (107 N/m
2
) la capacidad de la botella de vidrio de 1 litro ó 10
-3
m
3
, de capacidad, disminuirá en
El hecho paradójico de disminución de la capacidad del recipiente
a consecuencia de la presión aplicada igualmente a su superficie interna
y externa, parece tan increíble que muchas personas no acaban de
entenderlo aun cuando se les expone toda la argumentación. Por lo visto,
no estará de más valernos del razonamiento expuesto por E. Edser
en su excelente Física general. Se trata, pues, de la misma idea de
Lorentz, sólo que expresada de un modo distinto:
«La variación de la capacidad de un recipiente debida a la acción
de una fuerza f (referida a la unidad de área) que lo presiona
uniformemente y está aplicada a su superficie interior y exterior
(denominémosla tensión), se determina comparando el recipiente
vacío con uno totalmente hecho del mismo material y de las mismas
dimensiones, comprimido uniformemente por la tensión externa f. Podemos
convertir mentalmente un recipiente vacío en uno macizo, suponiendo que
contiene un núcleo de la misma sustancia que las paredes. Como la
tensión compresora es uniforme en todo el espesor de este sólido,
la magnitud de compresión de cada partícula será
proporcional a la referida tensión f. El núcleo llena todo el
recipiente y, además, sufre la misma fuerza que las paredes. Luego la
deformación de estas últimas se debe únicamente a la
acción de la tensión f (dirigida desde el exterior y el interior
del recipiente, por el lado del núcleo). Así pues, la
deformación de las paredes no depende del «origen» de la presión
que afecta su superficie interior, sea creada por el núcleo o por el
líquido contenido en el recipiente, por lo cual la disminución de
su capacidad equivale exactamente a la del volumen del núcleo.»
Tenemos que considerar el hecho recién analizado cuando efectuamos
mediciones exactas, por ejemplo, cuando determinamos el módulo de
elasticidad volumétrica de un fluido utilizando el instrumento de
Regnault.
211. Calas, o bloques de calibrado.
En la técnica, para efectuar mediciones exactas, se utilizan bloques de
acero llamados «calas» o «bloques de calibrado». Si se aplican uno a otro, se
mantienen fuertemente adheridos, aunque no están imantados ni unidos de
ninguna manera .¿Por qué?
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¿Por qué los bloques se adhieren fuertemente unos a otros?
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En un principio, la propiedad de las calas de mantenerse fuertemente adheridas
unas a otras se atribuyó a la presión de la atmósfera. Se
suponía, pues, que entre sus superficies muy lisas aplicadas unas a
otras no hay aire. No obstante, se tuvo que desechar este criterio cuando fue
medida la fuerza necesaria para desprenderlas; resultó que ésta
es de 3 ó 6 kgf/cm
2
e incluso más. La presión atmosférica no puede
contrarrestar semejante fuerza.
La causa verdadera de tan fuerte adhesión de los bloques de calibrado es
que sus superficies se pegan entre sí porque hay humedad en cada una de
ellas. Las caras de los bloques están pulimentadas con tanto esmero que
entre dos superficies aplicadas una a otra no hay espacio mayor de 0,2
μm (0,0002 mm). A propósito, las superficies absolutamente
secas no se pegan entre sí; basta que haya restos de humedad (contenida
en el aire) para que dichos elementos se adhieran fuertemente: para separar
bloques de una sección de 1*0.35 cm se requiere aplicar un esfuerzo de
30 o más kg; además no se desprenden ni a golpes.
212. Una vela dentro de un tarro tapado.
Ofrecemos la descripción de un experimento para comprobar la influencia
de la presión atmosférica, que fue publicada en su tiempo en una
revista para escolares:
«Un cabo de vela encendido se fija al fondo de un tarro de vidrio;
después de que permanezca encendido algún tiempo, la vasija se
tapa poniendo un aro de goma húmedo entre sus bordes y la tapa. Al poco
rato la llama empieza a extinguirse y se apaga. Si usted trata de destapar el
tarro, podrá lograrlo aplicando un esfuerzo bastante considerable.
Es fácil comprender la causa de este fenómeno. La llama consume
oxígeno, cuya reserva está limitada en este tarro
herméticamente tapado. Cuando el oxígeno se agota, la llama se
apaga. El resto de aire que ocupa un volumen mayor, se rarifica y ejerce una
presión menor. La tapa queda apretada fuertemente a los bordes del
recipiente por el exceso de presión exterior.»
¿Es correcta esta explicación?
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Un cabo de vela colocado en un tarro de cristal
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La explicación del experimento es incorrecta. En lugar del
oxígeno consumido mientras la vela estaba ardiendo se ha formado
bióxido de carbono: en la proporción de una molécula de
éste por cada dos moléculas de aquel. Un número igual de
moléculas siempre ocupa un mismo volumen si la presión no
varía (ley de Avogadro). Por consiguiente, el consumo de oxígeno
de por sí no puede alterar la presión del gas contenido en el
tarro.
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El experimento con una vela encendida descrito por Filón
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La causa real del fenómeno en cuestión es distinta, no es de
carácter químico, sino físico. Naturalmente, dentro del
recipiente el aire se enrarece durante la combustión, pero no a
consecuencia del consumo de oxígeno, sino debido al calentamiento. Parte
del gas dilatado sale del tarro hasta que se igualen la presión del aire
exterior frío y del caliente contenido en el recipiente. Cuando la vela
se apaga por falta de oxígeno, el aire dentro del recipiente se
enfría, su presión disminuye, y el exceso de presión
atmosférica aprieta la tapa a los bordes de la vasija.
Es harto conocida una modificación de este experimento: un vaso en el
cual previamente se coloca un trozo de papel ardiendo, se pone boca abajo en un
plato con agua y esta última entra en el vaso. Muchas veces este
fenómeno se atribuye al consumo del aire: incluso se llega a afirmar a
veces que el agua «siempre sube hasta 1/5 parte de la altura del vaso, con
arreglo a la proporción del oxígeno presente en el aire», aunque
nunca se ha observado semejante constancia.
Este equívoco se ha generalizado mucho. Por ejemplo, en su obra Ciencias
naturales vistas en su desarrollo e interrelación, aparecida a
principios del siglo XX, F. Dannemann decía lo siguiente:
«En la figura aparece la vela de Filón que succiona líquido. El
recipiente a contiene agua. El recipiente d está invertido de modo que
su boca se hallaba bajo el agua y dentro de él se encuentra una vela
encendida. "El agua, dice Filón, enseguida empieza a subir. Esto sucede
porque el fuego desplaza aire del recipiente d. El volumen del agua que entra
en el segundo recipiente equivale al del aire desplazado."
El sabio no se dio cuenta de que cada vez se desplaza una misma cantidad de
aire. En este caso se trata de una de las experiencias realizadas por Scheele y
otros experimentadores para demostrar el hecho de que el aire consta de dos
gases diferentes.»
Según vemos, la explicación sugerida por el físico de la
Antigüedad, en principio, muy correcta, se da por incorrecta en el
fragmento que acabamos de citar; más aún, lo que se afirma es del
todo incorrecto desde el punto teórico y práctico.
213. Cronología de las escalas termométricas.
¿Cuál de los termómetros apareció primero, el de Celsius,
de Fahrenheit o de Reaumur?
El primero de los tres termómetros tele Celsius, Reaumur y Fahrenheit,
fue el de Fahrenheit, inventado a comienzos del siglo XVIII. Los de Reaumur y
de Celsius datan de 1730 y 1740, respectivamente
214. Los inventores de termómetros.
¿De qué nacionalidad eran Celsius, Reaumur y Fahrenheit?
Como el termómetro de Fahrenheit está propagado en Inglaterra y
Estados Unidos, mientras que el de Celsius tiene extensa aplicación en
Francia, muchas personas consideran que Fahrenheit era inglés y Celsius,
francés. Pero de hecho Fahrenheit era alemán y vivía en la
ciudad de Dantzig; Celsius era un astrónomo sueco y Reaumur, un
naturalista francés.
215. La masa del globo terráqueo.
Ofrecemos un pasaje tomado de un libro de divulgación científica.
«Partiendo de los datos de las mediciones, los científicos han
establecido que la densidad del globo terráqueo es de 5,5 gr/cm
3
; su volumen se conoce, puesto que se ha logrado determinar su diámetro.
Multiplicando este volumen por 5,5 han calculado la masa de la Tierra».
¿Es idóneo este procedimiento para determinar la masa del Globo?
Algunos libros de divulgación científica proponen el siguiente
procedimiento para determinar la masa del globo terráqueo: multiplicando
su densidad media por el volumen del planeta.
¿De qué manera fue determinada la densidad media de la Tierra?, ya que
es imposible medir directamente la densidad de las capas profundas del Globo.
No obstante, de hecho se procedió a la inversa: primero fue determinada
la masa de la Tierra y luego en base a ésta y a su volumen fue calculada
la densidad media. La masa de la Tierra fue definida experimentalmente, a
saber, averiguando la magnitud de la fuerza con la cual dos cuerpos de masa de
1 g cada uno se atraen recíprocamente encontrándose a una
distancia de 1 cm entre ellos. Si se sabe que la Tierra, cuyo centro dista de
la superficie 6.400.000 km, atrae 1 kg de masa con una fuerza de 9,8 N, y que
la fuerza de atracción es directamente proporcional al producto de las
masas que se atraen una a otra, y es inversamente proporcional al cuadrado de
la distancia entre ellas, es posible calcular la masa del planeta sin valerse
de su densidad media.
El cálculo es bastante fácil. Un cuerpo de 1 kg de masa es
atraído por otro, de la misma masa, desde una distancia de 1 m con una
fuerza de 6,7
´
10
-11
N. Por consiguiente, si el centro del Globo se emplazara a la distancia de 1 m
de dicho cuerpo de 1 kg de masa, su masa M atraería este kilogramo con
una fuerza M(6,7
´
10
-11
)N.
Pero a la distancia equivalente al radio terrestre (el globo es atraído
como si toda su masa estuviera concentrada en su centro), es decir, a la
distancia de 6.400.000 km, la fuerza de atracción disminuye 6.400.0002
veces y es
Pero se sabe que la fuerza con la cual la Tierra atrae un cuerpo de 1 kg de
masa, situado en su superficie, es igual a 9,8 N ~ 10 N. Por eso podemos
escribir la igualdad
Tras realizar el cálculo, determinamos que la masa del globo
terráqueo es de cerca de 6 * 1024 kg.
217. Acerca del vuelo a la Luna.
Un día, después de escuchar mi conferencia dedicada a la
cosmonáutica, un joven astrónomo me objetó de la siguiente
manera:
«Usted ha omitido una circunstancia importante, por la cual será
imposible alcanzar la Luna tripulando naves propulsadas por cohetes. El caso es
que en comparación con la masa de los cuerpos celestes, la de un cohete
viene a ser de una magnitud despreciable; a su vez, las masas
infinitésimas son aceleradas enormemente por la acción de fuerzas
relativamente pequeñas que se podrían despreciar si las
condiciones fueran distintas. Me refiero a la atracción que ejercen
Venus, Marte y Júpiter. Su influencia no es considerable, pero la masa
del cohete es prácticamente nula, por lo cual la acción de dichos
planetas será muy notable. Estas fuerzas le imprimirán una
aceleración enorme, de modo que el móvil estará errando en
el espacio siendo atraído ora por un cuerpo de masa más o menos
considerable ora por otro, y nunca alcanzará la Luna.»
¿Qué opinión tiene usted sobre esta objeción, amigo lector?
Esta objeción es totalmente gratuita, aunque parece tener fundamento. Es
cierto que desde el punto de vista de la astronomía, la masa del cohete
puede considerarse nula. Pero precisamente por eso la acción
perturbadora que los planetas ejercen sobre él también es igual a
cero, puesto que la atracción recíproca de dos cuerpos es
directamente proporcional al producto de sus masas; si una de estas magnitudes
es nula, la atracción también lo será, por más
grande que sea la masa del otro cuerpo. Si no hay masa, no hay atracción.
Es posible sacar la misma conclusión de otra manera. Supongamos que
tenemos dos cuerpos de masas M y m. La fuerza de su atracción mutua es
donde
G
es la constante gravitacional y
r
, la distancia entre los cuerpos. La aceleración a que la masa m tiene
bajo la influencia de la fuerza
F
, es igual a
Es obvio que la aceleración del cuerpo atraído no depende de su
masa (m), sino de la del cuerpo que lo atrae. Por consiguiente, la
atracción de los planetas comunicaría cierta aceleración
al cohete (y éste se desplazaría bajo la influencia de esta
fuerza), lo mismo que a cualquier cuerpo de masa gigantesca, por ejemplo, al
globo terráqueo. Es sabido que la acción perturbadora de la
atracción planetaria sobre el Globo es ínfima.
De modo que el piloto de la nave puede dirigirla hacia la Luna sin temor a que
la atraigan Venus, Marte o Júpiter.
218. El hombre se pone a salvo de la gravedad.
En su tiempo, cuando se libraban debates en torno a la posibilidad de realizar
vuelos interplanetarios, un astrónomo, refiriéndose a las
condiciones, a las cuales tendría que adaptarse el hombre en un medio
sin gravedad, presentó el siguiente argumento que pareció muy
convincente a muchas personas.
«Nuestro organismo es muy sensible a todo cambio relacionado con la gravedad. A
ver, traten de permanecer cabeza abajo algún rato. La circulación
sanguínea podrá alterarse gravemente. Si el cambio de sentido de
la gravedad influye de esa manera, ¿de qué manera influiría su
ausencia?»
¿Qué diría usted sobre la lógica de semejante
conclusión?
El lector sabrá valorar la validez lógica del argumento expuesto
en la pregunta si trata de aplicar semejantes conclusiones en algún otro
terreno. ¿Qué diría usted sobre el razonamiento que sigue?
«Acerca del consumo de alcohol. Nuestro organismo es muy sensible a este
producto. Trate de tomar un litro de alcohol puro o de una mezcla de alcohol y
coñac. Esto podrá afectar gravemente la actividad nerviosa de su
organismo. Si es tan notable el efecto causado por los cambios en la dosis o la
composición de las bebidas alcohólicas ingeridas, ¿cómo
deberá influir la abstinencia absoluta?»
La falta de lógica en esta conclusión salta a la vista, pero,
extrañamente, no todo el mundo la echa de ver enseguida cuando se
presenta con la forma que tiene en esta pregunta. Durante las conferencias
sobre la astronáutica que he dictado, los oyentes se han valido muchas
veces de este argumento, pues ponían en duda la posibilidad de que la
persona exista en un medio sin pesantez; no se sabe por qué, pero a
muchos les parece convincente la conclusión de que si el ser humano
muere después de estar largo tiempo cabeza abajo, deberá morir
inminentemente en un medio sin gravitación. Será porque razonan
de la siguiente manera: como en algunas ocasiones la gravedad causa
alteraciones, la ingravidez también puede causarlas.
Pero, en realidad, según sabemos, esta última no causa
daño alguno al organismo humano.
219. La tercera ley de Kepler.
La tercera ley de Kepler se formula de diferentes maneras en diversos libros.
Unas veces se afirma que los cuadrados de los períodos de
revolución de los planetas y cometas se relacionan entre sí como
los cubos de las respectivas distancias medias al Sol. Otras veces se sostiene
que lo hacen como los cubos de los semi-ejes mayores de sus órbitas.
¿Cuál de estas dos formulaciones es correcta?
Las dos formulaciones son idénticas: el semi-eje mayor de la
órbita equivale a la distancia media del planeta al Sol. Esta magnitud
constituye la media aritmética de las distancias máxima y
mínima del planeta al Sol, así como de todas las distancias entre
ellos durante todo el período de orbitación. Si el Sol
está emplazado en el foco F
1
(ver figura), mientras que el planeta recorre sucesivamente los puntos a, b, c
, d, etc., la distancia media del planeta al astro se obtiene sumando todas las
distancias F
1
-a, F
1
-b, F
1
-c, F
1
-d, etc., del foco F
1
, a cada uno de los puntos de la órbita y dividiendo esta suma por el
número de distancias. Será fácil demostrar que el cociente
vale la mitad del eje mayor.
|
|
¿Cómo se determina la distancia media de un planeta al Sol?
|
He aquí la demostración. Supongamos que en la órbita de un
planeta están señaladas n posiciones de este cuerpo; tenemos,
pues, n distancias. Unamos cada punto correspondiente a la posición del
planeta con el foco F
2
. La suma de distancias de cada punto a los focos equivale al eje mayor 2
a
de la elipse (esta curva posee semejante propiedad). Por consiguiente,
aF
1
+ aF
2
=
`
a
bF
1
+ bF
2
=
`
a
cF
1
+ cF
2
=
`
a
dF
1
+ dF
2
=
`
a
etc
Sumando los primeros y segundos miembros de estas igualdades, obtenemos la
expresión siguiente:
(aF
1
+ bF
1
+ cF
1
+ …) + (aF
2
+ bF
2
+ cF
2
+ …) = 2n
`
a
Si
n
es infinito, en virtud de la simetría de la elipse ambas expresiones
entre paréntesis son iguales, y cada una de ellas es la suma de las
distancias del planeta al foco (es decir, al Sol); designemos esta suma por
S
. Obtendremos la igualdad siguiente:
2
S
= 2
n
`
a
Por lo cual
S / n
=
`
a
Mas,
S/n
es la distancia media del planeta al Sol, en tanto que
`
a designa el semi-eje mayor de la órbita. Por consiguiente, la distancia
media del planeta al astro es igual al semi-eje mayor de su órbita.
220. El movimiento perpetuo.
Si los planetas siguieran órbitas estrictamente circulares dando vueltas
al Sol, evidentemente no realizarían ningún trabajo
mecánico, puesto que no se alejarían del cuerpo que los atrae.
Esta situación no cambia cuando la órbita es elíptica,
como la de la Tierra. En efecto, pasando de puntos de la elipse cercanos al Sol
a puntos más alejados de éste, la Tierra invierte cierta
energía para vencer la atracción solar; pero estas inversiones de
energía se compensan plenamente cuando el planeta vuelve a la
posición de partida. En suma, orbitando al Sol, la Tierra no gasta
energía, de modo que semejante movimiento se prolongará
indefinidamente.
Consecuencia de este razonamiento sería la conclusión de que la
revolución de los planetas es un ejemplo de movimiento perpetuo. Como se
trata de un hecho cierto, ¿por qué la física afirma que el
movimiento perpetuo es imposible?
La física no afirma, ni mucho menos, que el movimiento perpetuo es
imposible; sólo descarta el «perpetuum mobile», es decir, el
móvil perpetuo, y no el movimiento perpetuo o continuo. El «perpetuum
mobile» es un mecanismo que puede estar en movimiento indefinidamente,
realizando trabajo. La existencia de semejante artefacto iría en contra
de la ley de conservación de la energía, puesto que sería
capaz de realizar cierta cantidad infinita de trabajo, a consecuencia de lo
cual dejaría de ser constante la cantidad total de energía en la
naturaleza. Un planeta que órbita al Sol no puede servir de semejante
mecanismo; no es un «perpetuum mobile», pues no realiza ningún trabajo
durante su movimiento; éste es un movimiento continuo cuya existencia no
contraviene las leyes de física.
En opinión de algunas personas, el hecho de que exista corriente
eléctrica sin solución de continuidad en los superconductores (a
temperaturas muy bajas) obviamente infringe la ley de conservación de la
energía. Aunque el fenómeno de superconductividad no tiene
relación directa con nuestro problema, tenemos que acotar que el mismo
no viola la ley de conservación de la energía: la corriente
circulará indefinidamente en el superconductor a condición de que
no realice ningún trabajo. La corriente cesará si se le hace
realizar algún trabajo.
Por tanto, es irrealizable el siguiente proyecto, descrito en una obra
publicada en su tiempo y dedicada a la astronáutica:
«Durante los vuelos espaciales que se realizarán en el futuro
será posible utilizar un generador eléctrico extravehicular que
funcionará a la temperatura del cero absoluto (¿?). Una vez puesto en
marcha, proporcionará corriente eléctrica ininterrumpidamente...
Como la Tierra y la Luna, así como otros planetas ya realizan semejante
(¿?) movimiento... ¿Por qué el hombre no puede crear su perpetuum
mobile?»
Entre otras nociones equivocadas, en este proyecto se confunden los conceptos
de «movimiento perpetuo» y «móvil perpetuo».
221. El organismo humano y la máquina térmica.
Cite argumentos que permitan considerar el organismo humano vivo como una
máquina térmica.
No existen fundamentos físicos que permitan comparar el organismo animal
con la máquina de vapor. Hay quien supone equivocadamente que el
organismo animal y el motor térmico son plenamente análogos. Este
error se deriva de la similitud puramente superficial entre ellos: ambos
consumen combustible (alimentos) que produce calor cuando se combina con el
oxígeno. En base a estos argumentos se concluye precipitadamente que el
calor «animal» se convierte en la energía mecánica del organismo,
lo mismo que el calor producido por la caldera sirve para impulsar la
máquina.
Sin embargo, este criterio relativo al origen de la energía
mecánica del hombre y el animal contradice a la física,
además, a su rama más irrefutable, a la termodinámica.
Examinando más detenidamente este asunto, nos daremos cuenta de que
entre el organismo animal y el motor térmico no hay semejanza de
principio: el organismo vivo no es una máquina térmica.
Vamos a demostrar, por qué es totalmente errónea la
suposición de que la energía mecánica del organismo vivo
surge como resultado de la transformación del calor de
«combustión» de los alimentos en trabajo mecánico. O sea, vamos a
aclarar, por qué es erróneo considerar que en el organismo
primero se obtiene calor a expensas de los alimentos, y sólo
después éste se transforma en trabajo. La termodinámica ha
establecido que el calor puede convertirse en trabajo siempre que se transmita
de una fuente con temperatura alta (por ejemplo, del «calentador», es decir,
del hogar de la caldera) a otra con temperatura baja (al «refrigerador»). En
este caso la razón de la cantidad de calor convertido en trabajo
mecánico a la cantidad de calor recibido del calentador (el rendimiento
de la máquina) equivale a la de la diferencia de temperaturas del
calentador y el refrigerador con respecto a la del calentador:
donde
k
es el rendimiento, T
1
, la temperatura del cuerpo caliente y T
2
, la del cuerpo frío (T
1
y T
2
se expresan en grados Kelvin).
Vamos a utilizar esta fórmula para tratar de examinar el organismo
humano como una máquina térmica. Sabido es que su temperatura
normal es de 37°C aproximadamente. Por lo visto, este dato corresponde a uno de
los dos niveles de temperatura cuya existencia viene a ser una condición
necesaria de funcionamiento de toda máquina térmica. De modo que
los 37°C serán el nivel superior (la temperatura del calentador) o el
inferior (la del refrigerador).
Examinemos ambos casos partiendo de la fórmula expuesta más
arriba y conociendo que el rendimiento del cuerpo humano es de 0,3
aproximadamente, es decir, de un 30%.
Caso I.
37°C (= 310 K) es la temperatura T
1
del «calentador». La temperatura T
2
del «refrigerador» se determina haciendo uso de la ecuación siguiente:
de donde T
2
= 217 K, o -56°C. Quiere decir que ¡en nuestro cuerpo debe haber una zona con
una temperatura de 56°C bajo cero! (Suponiendo que el rendimiento es de un 50%,
según afirman algunos autores, tendremos que reconocer otra absurdidad,
aún mayor, o sea, que en nuestro cuerpo hay una zona con una temperatura
de 118°C bajo cero.)
Por consiguiente, la temperatura de 37°C no puede ser el valor máximo de
la temperatura de la «máquina térmica viva». ¿Será el
mínimo? Vamos a ver.
Caso II.
La temperatura del «refrigerador» es de 37°C:
T
2
= 273 + 37 = 310 K.
En este caso (si k = 30 %)
de donde T1 = 443 K, o 170°C. ¡En nuestro cuerpo debe haber una zona con una
temperatura de 170°C sobre cero! (Si adoptamos k = 50 %, para T
1
obtendremos un valor de 620 K, ó + 347°C.)
Como ningún anatomista ha descubierto en el cuerpo humano una zona que
esté congelada hasta 56°C bajo cero, ni calentada hasta +170°C, nos
vemos obligados a renunciar a la hipótesis de que nuestro organismo
semeja una máquina térmica.
«El músculo no es una máquina térmica en el sentido de la
termodinámica, dice el Prof. E. Lecher en su obra Física para los
médicos y biólogos. No obstante, la energía potencial de
las reacciones químicas (de asimilación de los alimentos) puede
ser convertida en trabajo directamente o mediante la energía
eléctrica. El calor que hay en el músculo, es un residuo de
trabajo mecánico o eléctrico.»
222. Meteoritos.
¿Por qué los meteoritos despiden luz?
Recordemos que antes de entrar en la atmósfera terrestre el meteorito
tiene una temperatura muy baja y no se ilumina, y sólo en la
atmósfera se calienta y se vuelve luminoso. Por cierto, este cuerpo no
arde, ya que en aquella altitud (de 100 o más kilómetros sobre la
superficie terrestre) existe un gran vacío y, por lo visto, no hay
oxígeno.
Entonces, ¿por qué el meteorito se calienta tanto? Comúnmente, a
esta pregunta se suele responder de la siguiente manera: porque roza con el
aire. Pero, de hecho, este cuerpo no roza con el medio ambiente, sino que
arrastra las capas de aire inmediatas a él.
Podría parecer científicamente verosímil la
explicación que sigue: el meteorito se calienta hasta tal grado porque
la energía de su movimiento, que pierde a consecuencia de la resistencia
del aire, se convierte en calor. Pero semejante explicación discrepa con
los hechos y la teoría. Si la energía cinética que el
meteorito pierde se convirtiera directamente en calor, o sea, si se acelerase
el movimiento caótico de sus moléculas, se calentaría toda
su masa. Mas, sólo se calienta la capa superficial de este fragmento, en
tanto que su interior sigue helado.
Este criterio tampoco es consistente desde el punto de vista teórico. No
es preciso que el cuerpo se caliente cuando se decelere: su energía
cinética puede convertirse en otras formas de energía. Un cuerpo
lanzado hacia arriba se decelera, pero no se calienta: la energía
cinética se transforma en energía potencial del cuerpo elevado a
cierta altura. En el caso del meteorito, parte de la energía de
movimiento que éste pierde, se invierte en poner en movimiento vorticial
las capas de aire inmediatas a él. El resto de esta energía, de
hecho, se transforma en calor, pero, ¿de qué modo? ¿Cómo la
deceleración de las moléculas puede engendrar su movimiento
caótico acelerado, es decir, lo que suele llamarse calor? La
explicación que acabamos de exponer no responde a esta pregunta.
En realidad, el meteorito se calienta de la siguiente manera. Inicialmente no
se calienta el meteorito propiamente dicho, sino el aire que este cuerpo
comprime de frente irrumpiendo impetuosamente en la atmósfera: este aire
entrega su calor a la capa superficial del fragmento. El aire se calienta al
ser comprimido por la misma causa que cuando se utiliza un eslabón, es
decir, a consecuencia de la compresión adiabática; durante su
movimiento el meteorito presiona el aire con tanta rapidez que el calor
generado no tiene tiempo para disiparse en el ambiente.
Vamos a calcular, aunque sea aproximadamente, la temperatura que tendrá
el aire comprimido por el advenedizo del cosmos. La física ha
establecido la dependencia siguiente entre los factores que intervienen en el
proceso:
ésta es una modificación de la fórmula que utilizamos para
contestar a la pregunta 130, relativa al caso de la expansión
adiabática. Vamos a explicar el sentido de las designaciones: T
i
es la temperatura inicial del gas (en grados Kelvin); T
f
, la temperatura final del mismo (ídem); p
f
/ p
i
la razón del valor final al inicial de la presión del gas; k, la
razón de dos capacidades caloríficas del gas; para el aire, k =
1,4 y (k - 1)/k = 0,29.
Realizando el cálculo, adoptemos T
i
(la temperatura de las capas de aire superiores) igual a 200 K. En lo que se
refiere a la razón p
f
/ p
i
vamos a considerar que la presión del aire aumenta de 0,000001 at a 100
at, es decir, la razón indicada es de 108. Sustituyendo estos valores en
la fórmula, obtenemos el siguiente resultado:
Este cálculo, basado en datos hipotéticos, no puede ser menos que
aproximado, más bien es una estimación del orden de la
incógnita.
Así pues, hemos sacado la conclusión de que el aire comprimido
frontalmente por semejante móvil debe de calentarse hasta varias decenas
de miles de grados. Estimaciones basadas en la medición del brillo de
los meteoritos proporciona un resultado similar: de 10.000 a 30.000 grados.
Estrictamente hablando, cuando observamos uno de ellos, no lo vemos (pues suele
tener tamaño de nuez o guisante), sino que notamos el aire incandescente
cuyo volumen es varias miles de veces mayor.
Lo que acabamos de exponer, también se refiere, en lo esencial, al
calentamiento de los proyectiles de artillería que al comprimir el aire
delante de sí, lo calientan y se calientan ellos mismos. La única
diferencia consiste en que la velocidad del meteorito es 50 veces mayor que la
de los proyectiles. Por lo que atañe a la diferencia de las densidades
del aire a gran altitud y junto a la superficie terrestre, hay que tener en
cuenta que el grado de calentamiento sólo depende de la razón de
las densidades final e inicial, y no de sus magnitudes absolutas.
Para terminar, sólo nos queda explicar una cosa: ¿por qué, pues,
se calienta el aire cuando es comprimido? Vamos a examinar un ejemplo concreto
cuando lo comprime un meteorito. Las moléculas de aire que chocan con la
piedra que les viene al encuentro, rebotan a mayor velocidad que la inicial.
Recuérdese, qué hace el tenista para que la pelota rebote con la
mayor celeridad posible: no espera pasivamente a que choque con la raqueta,
sino que la intercepta golpeando con fuerza con tal de « transmitirle su peso
propio», por decirlo así. Cada molécula rebota del móvil
como la pelota de la raqueta, recibiendo parte de su energía.
Precisamente la energía cinética creciente de las
moléculas es lo que entendemos por «aumento de la temperatura».
223. La niebla en zonas industriales.
En zonas industriales, las nieblas son más frecuentes que en zonas
boscosas o agrícolas. (Las nieblas de Londres se han hecho proverbiales.)
¿Cómo explicaría usted este fenómeno?
Las leyes de la física molecular explican por qué en las zonas
industriales, cuya atmósfera está contaminada con
partículas de humo, son frecuentes las nieblas. Según hemos
establecido al resolver el problema 150, la presión del vapor saturador
cerca de la superficie de líquido cóncava debe ser menor que
junto a la plana si la temperatura es igual en ambos casos.
Análogamente, la presión del vapor saturador junto a la
superficie de líquido convexa debe ser más alta que cerca de la
plana. La causa de este fenómeno consiste en que las moléculas
abandonan con mayor facilidad una superficie convexa que otra plana (siendo
iguales las temperaturas de los líquidos). ¿Qué deberá
pasar, pues, con una gota de agua de superficie muy convexa (es decir, de forma
de bola diminuta) que se encuentra en un espacio saturado de vapor de agua? La
gota empezará a evaporarse en semejante atmósfera, y si es
suficientemente pequeña, lo hará totalmente, a pesar de que el
espacio ya está saturado de vapor; en tal caso dicho espacio se
volverá «sobresaturado» de vapor.
Es fácil comprender la consecuencia que se deriva de semejante «suceso»:
el vapor empezará a condensarse y a formar gotas sólo a
condición de que esté sobresaturado. En un espacio normalmente
saturado de vapor de agua, sus moléculas no formarían gotitas,
puesto que las primeras de ellas, muy diminutas, por supuesto, deberían
evaporarse enseguida.
El caso es distinto si el ambiente saturado de vapor contiene partículas
de polvo o humo. Por muy pequeñas que sean, su tamaño es
considerable en comparación con el de las moléculas de agua, las
que al precipitarse sobre ellas de inmediato forman gotas bastante grandes.
Estas últimas, de radio considerable, no tienen una superficie curva
como para que el agua pueda evaporarse enseguida. Por ello, queda claro por
qué la presencia de partículas de humo en el ambiente debe
favorecer la condensación de vapor y la formación de gotas, es
decir, de niebla.
224. El humo, el polvo y la niebla.
¿Qué diferencia hay entre la niebla, el humo y el polvo?
El humo, el polvo y la niebla difieren en cuanto al estado y el tamaño
de partículas suspendidas en el aire (o en el seno de otro gas). Si las
partículas son sólidas, hay polvo o humo; si son líquidas,
hay niebla.
El polvo y el humo difieren en tamaño de sus partículas. Las de
polvo son más gruesas, su diámetro es de 0,01 a 0,001 cm. Las
partículas de humo, en cambio, tienen un diámetro de 0,0000001
cm; así de pequeñas son, por ejemplo, las del humo de tabaco cuyo
diámetro sólo es 10 veces mayor que el del átomo de
hidrógeno (y cuyo volumen supera 1000 veces el de este último).
Otra diferencia entre el humo y el polvo, condicionada por el tamaño
desigual de sus partículas, consiste en que las de polvo se precipitan
con una velocidad creciente, en tanto que las de humo lo hacen con una
velocidad constante (si miden no menos de 0,00001 cm de diámetro) o no
se precipitan en absoluto (si su diámetro es menor de 0,00001 cm). En
este último caso la velocidad del llamado movimiento browniano de dichas
partículas supera a la de su precipitación.
225. Velocidad de las moléculas de agua.
¿En qué caso las moléculas de agua tienen mayor velocidad a 0°C,
en el vapor de agua, en el agua líquida o en el hielo?
La velocidad de movimiento térmico de las moléculas de una
sustancia dada depende de su temperatura y no tiene nada que ver con el estado,
sólido, líquido o gaseoso, de la misma. Por consiguiente, a una
misma temperatura las moléculas de vapor de agua, agua líquida y
hielo se mueven a igual velocidad (mejor dicho, poseen energía
cinética igual: las de hielo no son idénticas a las de agua y de
vapor).
227. El cero absoluto.
¿Será posible alcanzar la temperatura del cero absoluto?
En Leyden (Holanda), tras muchos años de búsqueda y experimentos
se logró generar en condiciones de laboratorio una temperatura de
-272,9°C, es decir, tan sólo faltó un cuarto de grado
centígrado para obtener el cero absoluto.
Por ello, generalmente se suele creer que no costará mucho trabajo
alcanzar el cero absoluto, sólo habrá que avanzar un espacio de
un cuarto de grado centígrado. O sea, se razona de la misma manera que
en su tiempo se razonaba sobre cómo alcanzar el Polo ártico: como
queda menos de un cuarto de grado, pues, la meta está muy cerca.
Sin embargo, existen argumentos que obligan a concluir que es imposible
alcanzar el cero absoluto. Lo afirma uno de los corolarios del tercer principio
de la termodinámica. El examen de esta tesis no compete a la
física elemental. Sólo nos limitaremos a señalar que
algunos autores dan el nombre de «principio de inaccesibilidad del cero
absoluto» al referido principio de la termodinámica.
Es interesante comparar las tres conclusiones negativas («tres
imposibilidades», por decirlo así) derivadas de los tres principios de
la termodinámica:
a) del primer principio (ley de conservación de la energía) se
deduce la imposibilidad del móvil perpetuo de primera especie;
b) del segundo principio, la imposibilidad del móvil perpetuo de segunda
especie;
c) del tercer principio, la imposibilidad de alcanzar el cero absoluto.
228. El vacío.
¿Qué es el vacío?
No se piense que por vacío se entiende cierto grado elevado de
enrarecimiento del gas contenido en un recipiente cerrado. Cualquier gas puede
estar muy enrarecido, no obstante, ningún físico dirá que
se trata del vacío. Estrictamente hablando, uno de los rasgos del
vacío consiste en que el recorrido libre medio de las moléculas
es mayor que las dimensiones del recipiente.
Expliquémoslo. Las moléculas de gas, sujetas al movimiento
térmico, chocan una con otra miles de millones de veces por segundo. No
obstante, en el intervalo de tiempo entre dos colisiones seguidas, una
molécula recorre cierto espacio, llamado recorrido libre (sin colisionar
con sus gemelas). La longitud media l de este recorrido se determina dividiendo
la velocidad media v de las moléculas, es decir, el recorrido medio de
una molécula en un segundo, por el número N de sus colisiones por
segundo:
Por ejemplo, a 0°C la velocidad media v de las moléculas de aire es de
unos 500 m/s, o 500.000 mm/s; el número N de colisiones por segundo a
presión normal equivale a 5.000.000.000. Por consiguiente, el recorrido
medio
l
de las moléculas de aire a 0°C y presión de 760 mm de mercurio
es igual a
(En realidad, se procede a la inversa: se determinan experimentalmente
v
y
l
, mientras que N se halla mediante el cálculo. Haciéndolo de otra
manera sólo hemos querido establecer la dependencia entre las variables
l, v y N
.)
Si la presión del gas es n veces menor que la normal, es decir, si
éste está enrarecido n veces, el número de
moléculas de gas contenidas en un centímetro cúbico
será n veces menor; por consiguiente, tantas veces menor será el
número N de colisiones. Como
N = v/l
, siendo invariable la velocidad v (ésta no depende de la
presión), la longitud l será mayor la misma cantidad de veces.
Si el aire se ha enrarecido un millón de veces, a 0°C el recorrido libre
medio de sus moléculas será igual a
0,0001 * 1.000.000 = 100 mm = 10 cm.
En el espacio interior de una bombilla eléctrica de menos de 10 cm de
longitud, con aire enrarecido hasta tal grado, el recorrido libre medio de las
moléculas supera las dimensiones de la ampolla; quiere decir que, por
regla general, se mueven dentro de ella sin chocar una con otra. El gas que se
encuentra en semejante estado posee una serie de propiedades distintas de las
que suelen tener los gases cuyas moléculas chocan entre sí. Por
ello, en física este estado del gas tiene un nombre especial, a saber,
«vacío».
El estado del aire contenido en un recipiente de dimensiones considerables (por
ejemplo, en un tubo de 1 m de longitud) y enrarecido hasta ese mismo grado y a
esa misma temperatura ya no se podrá llamar vacío, puesto que sus
moléculas chocarán entre sí.
229. La temperatura media de toda la materia.
¿Qué temperatura media tiene la materia del Universo, según los
cálculos aproximados?
El problema de qué temperatura media tendrá la materia del
Universo suscita gran interés, y cuando sepamos responderlo
definitivamente, averiguaremos en qué estado estudiamos la materia en
nuestros laboratorios, en el típico o excepcional. La temperatura media
de toda la materia del Universo ¡es de un orden de varios millones de grados!
Esta estimación sorprendente dejará de ser paradójica si
recordamos que la masa de los planetas del Sistema Solar constituye 1/700
(0,0013) parte de la del Sol, y que una relación del mismo orden
tendrá lugar en el caso de otras estrellas (si tienen sus respectivos
sistemas planetarios). Por consiguiente, cerca de 0,999 partes de toda la
materia del Universo está concentrada en el Sol y las estrellas, cuya
temperatura media es de decenas de millones de grados. Nuestro Sol es una
estrella típica; su superficie tiene una temperatura de 6000°C, mientras
que en su interior mantienen no menos de 40.000.000°C. Por esta razón,
hemos de considerar que la materia del Universo tiene una temperatura de
20.000.000 de grados por término medio.
La situación cambiaría poco si compartiéramos el punto de
vista (muy defendido en su tiempo por A. Eddington) de que el espacio
interestelar no está totalmente libre de una materia ponderable, sino
que está ocupado por una sustancia extremadamente enrarecida, hasta una
decena de moléculas por 1 cm3 (20.000.000 de veces menos que en la
bombilla más enrarecida). Si esta suposición es cierta, la
cantidad total de materia que hay en el espacio interestelar será unas
tres veces mayor que la que compone las estrellas. Como la temperatura de la
materia interestelar es de unos 200°C bajo cero, o mucho menor, los 3/4 de toda
la materia del Universo tendrán una temperatura de -200°C, y el resto,
una de 20.000.000 de grados. De modo que la temperatura media de la materia del
Universo será de unos 5.000.000 de grados.
Sea como sea, nos veremos obligados a sacar la conclusión de que la
temperatura media de la materia del Universo no es menor de varios millones de
grados, y que una parte de ella tiene una de 20.000.000°C o más, y la
otra, 200°C bajo cero o menos. Y sólo una parte de la materia que
cuantitativamente se expresaría por una magnitud despreciable
tendrá una temperatura moderada que generalmente se registra en el medio
ambiente que habitamos.
|
|
Experimento que ha permitido generar la temperatura de 20.000 grados. El
experimentador está protegido convenientemente contra la acción
de la onda explosiva
|
Así pues, las temperaturas típicas de la materia serán
extremadamente bajas, muy próximas al cero absoluto (si se comprueba la
hipótesis de Eddington), o extremadamente altas, de decenas de millones
de grados. La física, según vemos, trata de la materia sujeta a
condiciones excepcionales, mientras que los estados de la materia que solemos
considerar excepcionales, de hecho, son estados típicos. Conocemos muy
superficialmente las características físicas del grueso de la
materia que compone el Universo; habrá que estudiarlas más
detenidamente en el futuro. Poseemos datos muy exiguos acerca de las
propiedades de la materia a temperaturas próximas al cero absoluto, y no
tenemos ni la menor idea acerca de qué es la materia a la temperatura de
decenas de millones de grados.
En los EE.UU., en un laboratorio fue generada una temperatura de 20.000°C
mediante la descarga instantánea de un condensador eléctrico
efectuada con un alambre fino y corto, de 0,0005 g de peso. Durante aquel
experimento, en una cienmilésima de segundo el alambre recibía 30
calorías. Según los cálculos efectuados por los
experimentadores, éste se calentaba hasta 20.000°C en unos casos (fig.
130) y hasta 27.000°C en otros, batiendo todas las marcas de temperatura
establecidas en los laboratorios hasta aquel entonces. El alambre calentado
hasta esa temperatura emitía una luz 200 veces más brillante que
la solar.
Cuando el recipiente, donde se encontraba el alambre, se llenaba de agua,
explotaba y se volvía polvo al producirse la descarga, de modo que era
imposible identificar el vidrio entre lo que quedaba de él.
|
|
Hitos en el camino hacia la temperatura de 20.000°C
|
Si los experimentadores se encontraban a una distancia de medio metro del
equipo y no estaban protegidos adecuadamente, sentían una sacudida muy
fuerte producida por la onda explosiva. Esta última se propagaba con una
rapidez diez veces mayor que el sonido. A tanta temperatura el movimiento
molecular se acelera enormemente: por ejemplo, las moléculas de
hidrógeno tienen una velocidad de 16 km/s.
La temperatura de 20.000 a 27.000 grados supera la de la superficie de las
estrellas más calientes, pero está muy por debajo de la que reina
en su interior, donde asciende a decenas de millones de grados. Ni la
imaginación más audaz podría «crear» semejante calor.
Jeans en su
libro El Universo a nuestro alrededor
, dice lo siguiente:
«Las temperaturas de treinta a sesenta millones de grados que suponemos que
existen en el núcleo de las estrellas, están tan fuera del
alcance de nuestra experiencia que ni siquiera podemos figurarnos de alguna
manera más o menos precisa, qué deben significar. Supongamos que
un milímetro cúbico de materia común se caldea hasta
50.000.000 de grados, o sea, aproximadamente hasta la temperatura del centro
del Sol. Por más fantástica que parezca semejante
suposición, para compensar la energía que emiten sus seis caras,
se requeriría la energía total de una máquina de
3.000.000.000.000.000 CV. Esta «cabeza de alfiler» emitiría una cantidad
de calor suficiente para incinerar al que intente acercarse hacia ella a 1500
kilómetros. »
Las 999 milésimas (o no menos de un cuarto, como mínimo) de toda
la materia de la naturaleza permanecerán en este estado, inconcebible
para nosotros. Según vemos, la física tiene por delante un
extensísimo campo que investigar, antes de que llegue a dominar las
leyes de la materia.
230. Una diezmillonésima de gramo.
¿Es posible ver a simple vista una diezmillonésima de gramo de materia?
Hemos visto hartas veces una diezmillonésima de gramo de sustancia.
Usted acaba de deslizar su vista por una de semejantes partículas.
La tinta de un punto impreso pesa cerca de una diezmillonésima de gramo.
Su peso ha sido determinado de la manera siguiente: mediante una balanza muy
sensible ha sido pesado un trozo de papel en blanco, después en
él se ha puesto con tinta un punto y se ha vuelto a pesar. La diferencia
de las dos medidas correspondió al peso del punto. Esta magnitud es de
0,00000013 g, o sea, es poco más de una diezmillonésima de gramo.
231. El número de Avogadro
Un mol de toda sustancia, es decir, tantos gramos de ésta como vale su
masa molecular (por ejemplo, 2 g de hidrógeno ó 32 g de
oxígeno), siempre contiene un mismo número de moléculas, a
saber, 6.6
´
10
23
. En física este número se llama constante de Avogadro, o
número de Avogadro.
Imagínese que ese número no es de moléculas, sino de
cabezas de alfiler; usted desea encargar una caja para ellas y decide que la
altura de ésta debe medir 1 km.
¿Qué dimensiones tendría, aproximadamente, la base de la caja?
¿Cabría semejante caja dentro de los límites de San Petersburgo?
Es inútil tratar de ubicar dentro de los límites de una ciudad,
por muy extensa que sea, una caja llena de cabezas de alfiler cuyo
número equivale al de Avogadro, aunque las paredes de ésta midan
1 km de altura. Tamaña «caja» no cabría en el territorio de
Francia, el país más extenso de Europa occidental.
|
|
El fondo de una caja con paredes de 1 km de altura, llena de cabezas de
alfiler, cuyo número equivale al de Avogadro, no cabría en el
territorio de Francia
|
Como esta afirmación parece muy inverosímil, vamos a efectuar el
cálculo para comprobarla. El volumen de una cabeza de alfiler es igual a
1 mm
3
. Expresemos la magnitud 66
´
1022 mm
3
en kilómetros cúbicos:
66
´
10
22
: 10
18
= 66
´
10
4
= 660.000 km
3
.
Como la altura de la caja es de 1 km, su base debería tener un
área igual a 660.000 km
2
, mientras que la superficie de Francia sólo mide 550.000 km
2
.
La superficie del Mar Caspio es menor aún (de 440.000 km
2
), pero como sólo en algunos lugares su profundidad es de 1 km, con
tanta cantidad de cabezas de alfiler se podría llenar toda la
depresión de este lago, el más grande del mundo, y aun
sobraría bastante número de cabezas de alfiler.
232. Un litro de alcohol vertido en el Océano Mundial.
Si se vierte un litro de alcohol en el Océano Mundial, sus
moléculas se distribuirán en todo el volumen del agua.
¿Qué cantidad de agua habría que extraer del Océano para
recuperar una molécula de alcohol?
Este cálculo muestra evidentemente cuán enorme es la cantidad de
moléculas contenidas en un volumen bastante reducido. Para responder
correctamente a la pregunta planteada, es preciso comparar el número de
moléculas que hay en un litro de alcohol con el de litros de agua del
Océano Mundial. Ambas cantidades son impresionantes, y sin hacer un
cálculo es imposible decir cuál de ellos es más grande.
Vamos a realizarlo de la manera siguiente.
Un mol de alcohol etílico, lo mismo que uno de cualquier otra sustancia,
contiene 66
´
10
22
moléculas (constante de Avogadro). La masa de un mol de alcohol (C
2
H
6
0) es igual a
2
´
12 + 6
´
1 + 1
´
16 = 46 g.
Luego un gramo de alcohol contiene 66
´
10
22
/ 46 = 14
´
1021 moléculas. En un litro de alcohol de masa de 800 g el
número de moléculas es
14
´
10
21
´
800 = 112
´
10
23
»
10
25
¿Cuántos litros de agua habrá en el Océano Mundial? Su
superficie mide unos 370.000.000 de km
2
. Si consideramos que el Océano Mundial mide 4 km de profundidad por
término medio, el volumen del agua será
148
´
10
7
km
3
, ó 148
´
10
19
litros
»
15
´
10
20
litros
Al dividir el número de moléculas de un litro de alcohol por la
cantidad de litros de agua del Océano Mundial, obtendremos el siguiente
dato aproximado: 7000, es decir que en este caso en cualquier parte del
océano cada litro de agua contendría unas 7000 moléculas
de alcohol. En cada dedal de agua del océano habría 7
moléculas de esa sustancia.
|
|
Una gota de agua tiene no menos moléculas que gotas el Mar Negro
|
También es ilustrativa la comparación siguiente: una gota de agua
contiene tantas moléculas como gotas pequeñas hay en el Mar
Negro. El lector puede comprobar estos datos efectuando un cálculo
similar al que acabamos de exponer.
233. Distancia entre las moléculas.
¿Cuántas veces es menor el diámetro de la molécula de
hidrógeno en comparación con la distancia media entre las
moléculas de ese gas que se encuentra a 0°C y a presión normal?
Aun a presión normal, entre las moléculas de los gases hay un
espacio mucho mayor de lo que se suele creer. A 0°C y a presión de 760
mm de mercurio la distancia media entre las moléculas de
hidrógeno es de
0,000003 cm (3
´
10
-6
cm)
en tanto que el diámetro de la molécula de hidrógeno es de
2
´
10
-8
cm. Si dividimos el primer número entre el segundo, obtendremos 150.
Por consiguiente, las moléculas de nuestro gas están alejadas
unas de otras a una distancia ciento cincuenta veces mayor que sus
diámetros.
234. Masas del átomo de hidrógeno y de la Tierra.
Trate de determinar «a ojo» el término incógnito en la
proporción siguiente:
Dado que la masa del átomo de hidrógeno equivale a 1,7
´
10
-24
g, mientras que la del globo terráqueo es igual a 6
´
l0
27
g, su media proporcional será de
235. El tamaño de la molécula.
¿Qué tamaño tendrían, aproximadamente, las
moléculas si aumentasen 1.000.000 de veces las dimensiones lineales de
todos los cuerpos que hay en la Tierra?
Si aumentasen 1.000.000 de veces las dimensiones lineales de todos los cuerpos
que hay en la Tierra:
-
la cima de la torre Eiffel estaría muy cerca de la órbita de la
Luna;
-
la estatura media de la persona sería de 1700 km
-
el cuerpo de un ratón mediría 100 km de longitud
-
el cuerpo de una mosca mediría 7 km de largo
-
el cabello humano sería de 100 m de grosor
-
los glóbulos rojos de la sangre tendrían un diámetro de 7 m
-
Las moléculas tendrían un tamaño igual al de un punto
impreso.
237. La masa de la energía.
¿Como se ha de entender la afirmación de la física moderna de que
la energía posee masa?
La física moderna ha establecido que no sólo la materia, sino
también la energía poseen masa ponderable. Verdad es que nadie ha
advertido que pesen más los cuerpos calentados; por lo visto, el aumento
de energía térmica no añade notablemente masa al cuerpo.
En este caso el incremento de masa no se observa directamente, por ser
infinitésimo en comparación con la de todo el cuerpo.
|
|
¿Qué cantidad de masa pierde el Sol cada segundo por la emisión
de energía?
|
En general, las masas, con las cuales tenemos que vérnoslas en la
técnica y en la vida cotidiana, son suficientemente grandes para que su
peso sea notable. Al contrario, las porciones de energía que advertimos
diariamente, son tan insignificantes que su peso es imperceptible.
Estas relaciones serán mucho más patentes si las traducimos al
lenguaje de los números. Una máquina de vapor de 3000 CV realiza
un trabajo de 2.250.000 julios por segundo, o sea, de unos 800.000.000 de
julios por hora. A nuestro modo de ver, esta cantidad de trabajo es enorme,
pero su masa es muy pequeña, de 0,1 mg. Noventa billones (9
´
10
13
) de julios tendrán masa de 1 g.
He aquí otro ejemplo. En la figura se representa una piscina
cúbica de 6 m de profundidad, llena de agua a 0°C. Supongamos que para
calentarla hasta 100°C se invierten
6
´
6
´
6
´
1000
´
100 = 21.600.000 kcal.
Como una caloría equivale a 4270 julios, la energía del agua
contenida en la piscina aumentó en 90.000.000.000 J. Esta magnitud
constituye exactamente una milésima de los 90 billones de julios y, por
consiguiente, tiene una masa equivalente a una milésima de gramo, es
decir, a 1 mg. El peso del agua de la piscina (216 t) se acrecentó en 1
g, o sea, en una cantidad imposible de registrar.
Ahora está claro, por qué no advertimos el peso de la
energía de los fenómenos que tienen lugar a nuestro alrededor. En
la vida cotidiana y en la técnica podemos atenernos firmemente a la
noción tradicional de la energía como algo absolutamente
imponderable. La física de los procesos de producción no sufre
cambio alguno porque hayamos descubierto que la energía tiene peso.
Es distinto el caso de los fenómenos a escala universal, en los cuales
intervienen enormes cantidades de energía. Por ejemplo, el Sol emite
tanta energía que su pérdida de masa ya debe de ser notable.
Hagamos el cálculo. Cada metro cuadrado de superficie dispuesta
perpendicularmente a los rayos solares en el límite superior de la
atmósfera terrestre, recibe del Sol 1/3 kcal por segundo. Esta magnitud
equivale a 4270
´
1/3 ~ 1423 J. Para tomar en consideración la energía total
emitida por el Sol en todos los sentidos, supongamos que este astro se
encuentra dentro de una esfera hueca de radio igual a la distancia de la Tierra
al Sol (150.000.000.000 km). El área de la superficie de semejante
esfera será de
4
´
3,14
´
150.000.000.0002
»
28
´
10
22
m.
Cada metro cuadrado de la superficie recibe 1423 J de energía, mientras
que al área calculada llegan
1423 J *
´
28
´
»
4
´
10
26
J
Ya hemos dicho que cada 90 billones de julios de energía poseen una masa
de 1 g. Por consiguiente, la cantidad de energía que el Sol emite cada
segundo tiene una masa igual a
4
´
1025 / 9
´
1012 = 4,5
´
10
12
g.
Este dato quiere decir que el astro pierde cada segundo cerca de
4.500.000.000.000 g, equivalentes a 4.500.000 t.
El peso de cada una de las pirámides más grandes de Egipto es
aproximadamente igual a esta magnitud. Las pirámides de Egipto figuran
entre las obras más pesadas que hay en el mundo. Mientras usted estuvo
leyendo estas líneas, varios centenares de semejantes «pirámides»
abandonaron la superficie incandescente del astro.
|
|
La energía necesaria para elevar esta pirámide a una altura de
500 m, posee una masa de 2,4 g
|
Como el Sol pierde continuamente una masa equivalente a 30.000.000 de
«pirámides» de Egipto al año, ¿afecta este hecho la estabilidad
de nuestro sistema planetario? ¿Altera su orden? ¿Influye en la
orbitación de los planetas? Indudablemente, estas alteraciones han de
tener lugar. Pero la masa de nuestro sol es increíblemente enorme, de
modo que esta pérdida no es notable. Se ha calculado que a consecuencia
de la disminución de la masa solar, la Tierra está
alejándose paulatinamente del astro; cada año su órbita se
ensancha en 1 cm. Tendrá que pasar un millón de años para
que el año terrestre aumente en 4 segundos como resultado de este
fenómeno. Como vemos, desde el punto de vista práctico la masa
solar se reduce en una magnitud muy insignificante.
En épocas remotas, cuando el Sol estaba más caliente y
emitía mayor cantidad de energía, la pérdida de masa solar
era más considerable, por lo cual se notaban más las
consecuencias derivadas de este fenómeno. Recordemos que la Tierra se
formó hace 2.000.000.000 de años aproximadamente. Por
consiguiente, considerando la pérdida de masa solar, en aquella
época lejana la órbita de nuestro planeta era más
estrecha, por lo cual el año duraba menos. Si suponemos que en la
época temprana de existencia de la Tierra la intensidad de
radiación solar era 1000 veces mayor, resulta que en aquel entonces el
año era 40 días menor que ahora: duraba 325 días.
éstas son algunas de las consecuencias debidas a la ponderabilidad de la
energía; no se advierten en la vida cotidiana, pero se vuelven notables
si se examinan desde el punto de vista de los procesos universales.
238. La mecánica escolar y la teoría de la relatividad.
¿Cómo deberíamos enfocar la mecánica escolar desde el
punto de vista de la teoría de la relatividad? ¿Tiene aún validez?
Desde que en la ciencia se estableció el llamado principio de
relatividad de Einstein, las leyes fundamentales de la mecánica
tradicional ya no parecen tan firmes como antes, aunque generalmente se
creía que se mantendrían inalterables eternamente. Entre los no
especialistas que oyeron algo de esta revolución ocurrida en la ciencia,
se arraigó la opinión de que los principios de la mecánica
creada por Galileo y Newton, sobre los cuales se asientan la técnica y
la industria, se han vuelto obsoletos y deben ir a parar al archivo de la
ciencia.
Hubo una época en que el hecho de que las tesis de la mecánica
clásica seguían figurando en los libros de texto y en las
publicaciones sobre temas técnicos, dejaba perplejas a las personas no
muy enteradas de cómo es el estado de cosas en ese terreno. Incluso a
veces se llegaba a calificar de retrógrados a los autores de
artículos y libros técnicos que se atenían en sus
cálculos a la «ley metafísica de independencia de la
acción de las fuerzas», establecida por Galileo, a la ley de
invariabilidad de la masa, formulada por Newton, etc.
Para esclarecer el asunto, vamos a analizar una de las leyes fundamentales de
la mecánica clásica a saber, la de adición de velocidades.
Conforme a esta ley, la regla de adición de las velocidades
v
y
v
1
cuyos sentidos coinciden, tiene la siguiente forma matemática:
u = v + v
1
La teoría de la relatividad rechazó esta ley simple y la
sustituyó por otra, más compleja, con arreglo a la cual la
velocidad u siempre es menor que
v + v
1
. La ley clásica resultó ser errónea. Pero ¿hasta
qué punto? ¿Sufriremos algún daño si seguimos aplicando la
regla antigua? Vamos a examinar la nueva fórmula de adición de
velocidades. Hela aquí:
En esta expresión, las letras
u, v y v
1
denotan lo mismo que antes, mientras que
c
designa la velocidad de la luz. Esta nueva fórmula sólo difiere
de la antigua en el término
v
´
v
1
/c
2
, el cual suele tener valores muy pequeños si las velocidades
v
y
v
1
no son muy elevadas, puesto que la velocidad de la luz
c
es extremadamente alta. Lo explica el siguiente ejemplo concreto.
Hagamos un cálculo para velocidades no muy grandes, típicas para
la técnica moderna. La máquina más rápida es la
turbina de vapor. Al dar 30.000 revoluciones por minuto y tener 15 cm de
diámetro, su rotor desarrolla una velocidad lineal de 225 m/s. Los
obuses tienen una velocidad más elevada, de 1 km/s. Adoptemos
v = v
1
= 1 km/s y sustituyámosla en ambas fórmulas, antigua y nueva;
c
es la velocidad de la luz, igual a 300.000 km/s.
Según la fórmula clásica
u = v + v
1
,
u
= 2 km/s. La fórmula nueva adopta la forma
y proporciona el resultado siguiente:
u
= 1,999 999 999 998 km/s.
Por supuesto, hay cierta diferencia, pero ¡tan sólo equivalente a una
milésima del diámetro del átomo más pequeño!
Recordemos que las mediciones más exactas de la longitud no sobrepasan
la séptima cifra del resultado, en tanto que en la técnica se
suele conformar con la cuarta o la quinta cifras; en nuestro caso los
resultados obtenidos sólo difieren en la decimosegunda cifra, de modo
que la diferencia vale
0,000 000 000 002.
El resultado casi no cambia si la velocidad es más alta aún; por
ejemplo, en el caso de las naves propulsadas por cohetes cuya velocidad supera
decenas de veces la del obús.
Por tanto, para la técnica la ley «clásica» de adición de
velocidades no se ha vuelto «metafísica»: ésta sigue controlando
todos los movimientos. Y sólo si las velocidades son mil veces
superiores a la del cohete interplanetario (es decir, de decenas de miles de
kilómetros por segundo) empieza a sentirse la inexactitud de la regla
antigua de adición de velocidades. No obstante, por el momento la
técnica no tiene que enfrentarse con semejantes velocidades que se
examinan en la física teórica y en la experimentación en
el laboratorio, en cuyo caso se utiliza la fórmula nueva.
Ahora abordemos la ley de constancia de la masa. La mecánica newtoniana
está basada en la tesis de que la masa es inherente a un cuerpo dado,
independientemente del estado en que éste se encuentra. La einsteiniana,
en cambio, afirma lo contrario: la masa de un cuerpo no es constante, sino que
aumenta cuando dicho cuerpo está en movimiento. Si esto es así,
¿serán erróneos todos los cálculos técnicos
convencionales?
Examinando el ejemplo de un obús disparado, vamos a ver si podemos o no
determinar la diferencia esperada. ¿En qué cantidad aumentará la
masa del obús durante el movimiento? La teoría de la relatividad
sostiene que el aumento de masa del cuerpo en movimiento, cuya masa en estado
de reposo era m, es igual a
donde
v
es la velocidad del cuerpo y
c
, la de la luz.
Si usted efectúa el cálculo para
v
= 1 km/s, hallará que el incremento de masa de un proyectil disparado
equivale a
0,000 000 000 005
de su masa en estado de reposo.
Según vemos, la masa ha aumentado en una magnitud imposible de
determinar mediante el pesaje más exacto. La balanza más exacta
permite determinar la masa con una exactitud de hasta 0,00000001 de su valor.
Por cierto, semejante utensilio sería incapaz de registrar una
diferencia mil veces mayor que la que generalmente es despreciada por la
mecánica vieja. En el futuro, durante los vuelos de las naves
interplanetarias que se desplazarán con velocidades de una decena de
kilómetros por segundo, la masa de todos los objetos dispuestos en ellas
aumentará en 0,0000000005 del valor de su masa en reposo. Esta magnitud
es mayor, pero tampoco será posible medirla.
Por consiguiente, en lo que se refiere a la ley de constancia de la masa, hemos
de repetir lo que explicamos respecto de la ley de adición de
velocidades: prácticamente, esta ley sigue en vigor, de modo que los
ingenieros pueden aplicarla sin temor a cometer un error notable. Es distinto
el caso de los físicos que efectúan cálculos o
experimentos con electrones rápidos (su velocidad puede ser del 95% de
la de la luz y aún más); éstos tienen que atenerse a las
leyes de la nueva mecánica.
Y ¿qué pasa constancia de la masa, o sea, con el gran principio de
Lavoisier, en la química? Estrictamente hablando, en la actualidad
habría que darlo por inexacto. Según Lavoisier, cuando se
combinan químicamente 2 g de hidrógeno y 16 g de oxígeno,
deberán proporcionar exactamente 18 g de agua. Pero según
Einstein, en vez de 18 g se obtendrá menos, a saber,
17,9999999978 g.
Esta diferencia sólo se advierte sobre el papel; es imposible detectarla
mediante una balanza.
Así pues, podemos afirmar, sin restricción alguna, que las tesis
de la mecánica de Einstein no cambian nada en la técnica moderna.
La industria puede seguir contando con el apoyo seguro de las leyes de la
mecánica newtoniana.
239. El litro y el decímetro cúbico.
¿Qué es mayor, un litro o un decímetro cúbico?
Si usted piensa que un litro y un decímetro cúbico son lo mismo,
anda equivocado. Estas dos unidades tienen valores similares, pero no son
idénticas. El litro homologado del sistema de medidas que se utiliza hoy
en día, no se deriva del decímetro cúbico, sino del
kilogramo, y constituye el volumen de un kilogramo de agua pura a la
temperatura de su densidad máxima. Este volumen supera el del
decímetro cúbico en 27 mm
3
.
De modo que un litro es un poco mayor que un decímetro cúbico.
240. El peso del hilo de telaraña.
¿Qué peso tendría un hilo de telaraña tendido de la Tierra
a la Luna? ¿Sería posible sostenerlo con las manos?
Sin efectuar un cálculo previo, cuesta trabajo dar una respuesta
verosímil a esta pregunta. El cálculo es bastante fácil;
helo aquí: si el diámetro del hilo de telaraña es de
0,0005 cm y la densidad, de 1 g/cm
3
, un hilo de 1 km de longitud pesaría
mientras que el peso de un hilo de 400.000 km de longitud (equivalente a la
distancia aproximada de la Tierra a la Luna) sería de 0,02 g
´
400.000 = 8 kg.
Semejante carga se podría sostener con las manos.
241. Las botellas y los barcos.
a) Dos barcos marchan por un río en el mismo sentido, pero con
velocidades diferentes. En el instante en que uno pasa al lado del otro, desde
cada uno de ellos se arroja una botella. Después de marchar un cuarto de
hora los buques viran y avanzan con las mismas velocidades hacia donde flotan
las botellas.
¿Cuál de ellos llegará primero adonde están las botellas,
el rápido o el lento?
Resuelva el mismo problema suponiendo que inicialmente los buques iban uno al
encuentro del otro.
A las dos preguntas hay que responder de la misma manera: los barcos
volverán a las respectivas botellas simultáneamente. Al resolver
este problema se puede considerar, en primer lugar, que la corriente lleva las
botellas y los barcos a una misma velocidad y, por consiguiente, no cambia la
posición de unas respecto de otros. Por ello, es lógico suponer
que la velocidad de la corriente es nula. Bajo esta condición, es decir,
navegando en agua quieta, los barcos tardarán el mismo tiempo en
alcanzar sus respectivas botellas (después de volver atrás) que
invirtieron en alejarse de ellas, es decir, un cuarto de hora.
242. En la plataforma de una báscula.
De pie en la plataforma de una báscula en equilibrio se encuentra una
persona, que, en cierto momento, flexiona un poco las piernas. ¿Hacia
dónde se desplazará en este instante la plataforma, hacia abajo o
hacia arriba?
Sería un error suponer que la plataforma no se moverá a
consecuencia de que el peso de la persona no cambia al flexionar las piernas.
La fuerza que empuja el cuerpo hacia abajo cuando uno flexiona las piernas,
empuja sus pies hacia arriba, a consecuencia de lo cual disminuye la
presión sobre la plataforma y ésta debe subir.
243. Salto retardado.
El que escribe estas líneas recibió unas cuantas cartas cuyos
autores pedían que les explicase cómo había podido
establecer su récord mundial un paracaidista ruso. Éste estuvo en
caída libre durante 142 s sin abrir el paracaídas y, habiendo
descendido 7900 m, tiró del anillo de apertura del artefacto. Este hecho
no concuerda con las leyes de la caída libre de los cuerpos. Es
fácil cerciorarnos de que el deportista sólo debería
tardar 40 s en descender en caída libre 7900 m, en vez de los 142 s. Si
estuvo en caída libre durante 142 s, no debería salvar una
distancia de 7,9 km, sino de unos 100 km.
¿De qué forma hay que resolver esta contradicción?
Esta contradicción se debe a que el descenso del deportista con el
paracaídas plegado fue considerado erróneamente como caída
libre, no frenada por la resistencia del aire. Pero en este caso la
caída difiere notablemente de la que se produce en un medio que no opone
resistencia.
Tratemos de examinar, aunque sea a grandes rasgos, lo que sucede durante el
descenso sin abrir el paracaídas. Vamos a utilizar la fórmula
aproximada que dedujimos experimentalmente para determinar la resistencia f que
el aire opone en estas condiciones:
f
= 0,3
´
v
2
´
H
donde
v
es la velocidad de caída en m/s. Según vemos, la resistencia es
proporcional al cuadrado de la velocidad, y como el paracaidista desciende con
rapidez creciente, en cierto instante la fuerza de resistencia equivale al peso
de su cuerpo. A partir de ese instante la velocidad de caída ya no
aumenta, y el proceso se vuelve uniforme.
Para el paracaidista ese instante llegará cuando su peso (más el
del paracaídas) valga 0,3
´
v
2
. Suponiendo que el del paracaidista equipado es de 900 N, obtenemos
0,3
´
v
2
= 900,
de donde
v
= 55 m/s.
De manera que esa persona cae aceleradamente mientras su velocidad sea inferior
a los 55 m/s. ésta es su velocidad de descenso máxima que en lo
sucesivo no aumentará. Vamos a determinar (también
aproximadamente) en cuántos segundos alcanza la máxima. Tengamos
en cuenta que al comenzar a descender, cuando la velocidad no es muy grande, el
aire presta muy poca resistencia, por lo cual el cuerpo está en
caída libre, es decir, se desplaza con la aceleración de 9,8 m/s
2
. No obstante, después, cuando el descenso se vuelve uniforme, la
aceleración se anula. Para realizar un cálculo aproximado podemos
admitir que la aceleración media era igual a
Por consiguiente, si suponemos que el incremento de la velocidad por segundo
era de 4,9 m/s
2
, el paracaidista empezó a descender a la velocidad de 55 m/s al cabo de
55 / 4,9 = 11 s.
En este caso la distancia S que el cuerpo recorre en 11 s desplazándose
aceleradamente, es igual a
Ahora disponemos de todos los datos relativos al descenso del paracaidista que
durante los primeros 11 s cayó con una aceleración gradualmente
decreciente, hasta que, al término de un trecho de unos 300 m de
longitud, alcanzó la velocidad de 55 m/s; a continuación,
mientras no abrió el paracaídas, siguió cayendo
uniformemente con esta misma velocidad. Según nuestro cálculo
aproximado el movimiento uniforme duró
(7900 – 300) / 55
»
138 m,
y el salto retardado,
11 + 138 = 149 s,
lo cual difiere muy poco de la duración real (142 s).
Este cálculo sencillo viene a ser una primera aproximación a la
realidad, puesto que está basado en una serie de suposiciones que lo
simplifican.
Para comparar, ofrecemos los datos obtenidos experimentalmente: con su
equipamiento que pesa 8,2 N, el paracaidista alcanza la velocidad máxima
en el duodécimo segundo, mientras desciende 425 ó 460 m.
244. Dos bolas.
Una de dos bolas iguales desciende por un plano inclinado y la otra, por los
bordes de dos tablas de sección triangular dispuestas paralelamente. La
pendiente del plano y la altura del punto de partida son iguales para ambos
cuerpos.
¿Cuál de las bolas será la primera en recorrer la pendiente?
Ante todo, vamos a señalar que la reserva inicial de energía
potencial de ambas bolas es igual, puesto que tienen idénticas masas y
descienden desde una misma altura. Pero hay que tener en cuenta que para la que
rueda por entre dos tablas, el radio del círculo de rodadura es menor
que para la otra que desciende por el plano (r
2
< r
1
).
Lo mismo que en el problema 44, para la bola que desciende por el plano,
tenemos la expresión siguiente:
Para su gemela que rueda por entre dos tablas,
Sustituyendo
obtenemos la expresión siguiente:
Después de efectuar la transformación
obtenemos
Como hemos definido que r
2
< r
1
, en esta expresión el numerador de la fracción de la derecha es
mayor que el denominador y, por consiguiente,
v
1
<
v
2
: la bola que desciende por el plano tiene mayor velocidad que la otra, y
recorrerá su trecho antes.
245. Caída «superacelerada».
Supongamos que a una tabla que puede deslizarse verticalmente hacia abajo por
las ranuras practicadas en dos montantes: está fijada por los extremos
una cadena; está fijado un péndulo desviado hacia un lado
respecto de la posición de equilibrio; está fijado un frasco
abierto con agua.
¿Qué pasará con estos objetos si la tabla empieza a bajar con
aceleración g, que supera la de caída g?
1) En el caso de la caída «superacelerada» los puntos en que
están fijados los extremos de la cadena, descenderán más
rápidamente que sus eslabones; estos últimos, a su vez,
tenderán a caer con una aceleración g < g
1
. Los eslabones medios quedarán rezagados de los extremos, de modo que
la cadena se arqueará hacia arriba por la acción del exceso de
aceleración g
1
- g, dirigido también hacia arriba. En otras palabras, la cadena
parecerá estar cayendo hacia arriba con la aceleración g
1
- g.
2) Por esta misma causa el péndulo se volverá «patas arriba» y
oscilará en torno a la posición de aplomo con un período
donde
l
es la longitud reducida del artefacto.
3) Como el frasco estará descendiendo con una velocidad algo mayor que
la de su contenido, el agua se verterá hacia arriba y estará
cayendo encima de él.
246.
En una escalera mecánica.
En una de las estaciones del metro de Moscú, un pasajero tarda 1 min 20
s en ascender mediante una escalera mecánica desde su punto más
bajo hasta el más alto y tarda 4 min en subir caminando por esta misma
escalera cuando permanece parada.
¿Cuánto tiempo necesitará el pasajero para ascender caminando por
la escalera en dirección de su movimiento mientras funciona?
En un segundo los peldaños de la escalera mecánica se desplazan
en 1/80 parte de su altura total. Cuando la escalera permanece fija, en este
mismo lapso el pasajero sube a pie en 1 /240 parte de la altura total. Por
consiguiente, caminando por la escalera en movimiento ascendente, en 1 s la
persona ascenderá en
se de su altura y tardará
en recorrerla a todo su largo; es decir, tardará en ascender 1 minuto.
|