Capítulo Quinto
SONIDO Y LUZ
161. El trueno.
Observando un relámpago o escuchando el trueno, ¿será posible
determinar la distancia hasta la descarga eléctrica que los produce?
El trueno se desplaza por medio de las llamadas ondas explosivas cuya amplitud
de oscilación es bastante considerable, y no mediante ondas
acústicas ordinarias. En general, las primeras se diferencian mucho de
las segundas, y sólo poco antes de extinguirse se descomponen en ondas
sonoras. En primer lugar, las ondas explosivas son notablemente más
rápidas que el sonido, además, su velocidad no es constante, sino
que disminuye drásticamente a medida que cambian de estructura y se
destruyen. Mediante experimentos realizados en tuberías se
estableció que la velocidad de propagación de dichas ondas
alcanza 12 ó 14 km/s, o sea, supera unas cuarenta veces la del sonido.
El rayo engendra ondas explosivas que en un principio viajan en la
atmósfera más rápido que el sonido. En esta fase las
percibimos como un chasquido. Un trueno fuerte y brusco, no precedido de ruido
sordo, que se oye inmediatamente después de la fulguración (o, a
veces, al mismo tiempo que la vemos), es engendrado por una onda explosiva que
aún no se ha destruido. Semejantes descargas indican que la chispa se ha
producido muy cerca de nosotros, pues sólo a distancia corta la onda
explosiva tiene estructura original.
Otro género de trueno, acompañado de descargas sordas
características, que se debilitan y amplifican alternadamente, se
escucha al cabo de cierto intervalo de tiempo después de que se ve el
rayo, lo que prueba que su fuente está alejada a una distancia
considerable. Se equivocan los que piensan que es posible determinar la
distancia hasta la descarga partiendo del espacio de tiempo transcurrido entre
la chispa y el trueno (multiplicando el número de segundos por la
velocidad del sonido), ya que la onda de aire que transporta el sonido, viaja
con una velocidad variable, recorriendo la parte inicial de esta distancia a
una velocidad supersónica y el resto, con la del sonido.
Lo que acabamos de exponer sobre el trueno, no tiene nada que ver con el sonido
del disparo: al disparar un cañón, la onda explosiva se convierte
en una onda acústica ordinaria a dos metros de la pieza; por ello, es
posible determinar la velocidad del aire a base del disparo de
cañón.
162. El sonido del viento.
¿Cómo explicaría usted el hecho de que el viento amplifica el
sonido?
A continuación ofrecemos un pasaje relativo a este problema, tomado del
libro Historische Physik de Lacour y Appel.
«Es sabido que el sonido se oye mejor cuando el viento es favorable, y peor
cuando es contrario. Por regla general, sólo se acostumbra explicar este
fenómeno con el hecho de que en dirección del viento la velocidad
de éste se suma a la del sonido. Nos daremos cuenta de que semejante
explicación es insuficiente si recordamos que el movimiento del aire con
una velocidad de 10 m/s se siente como un viento bastante fuerte. Pero esta
magnitud no influye notablemente en la intensidad del sonido, pues, de hecho,
se trata de un aumento o disminución poco considerables de su velocidad,
de orden de un 3 %.
El físico inglés J. Tyndall explica este fenómeno de la
manera siguiente. La velocidad del viento casi siempre aumenta en
función de la altitud. Por consiguiente, las ondas acústicas que
se propagan a cierta altura y cuya superficie en el ambiente tranquilo suele
ser esférica (líneas de trazos en la figura), cambian de forma
con mayor velocidad en dirección del viento (según indica la
flecha) que las que se desplazan junto a la superficie terrestre. Por esta
razón tienen forma parecida a la que viene representada por las
líneas continuas en la figura. Como en cada punto el sonido se propaga
perpendicularmente a la superficie de la onda, el que procede del punto A en
dirección AC no podrá llegar hasta el punto D, sino que
pasará por encima de él siguiendo la línea Aa, por lo cual
el observador que se encuentra en dicho punto, no lo oirá.
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El viento deforma las ondas acústicas
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Al contrario, el sonido emitido en la dirección AB, sigue la curva Ab,
la cual no deja de ser perpendicular a la superficie de la onda. Por ello, el
observador que se encuentra en el punto b, podrá oírlo; todos los
sonidos emitidos por A en una dirección inferior a AB serán
desviados de la misma manera y alcanzarán la superficie terrestre en
diversos puntos localizados entre A y b.
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Influencia del viento favorable en la propagación del sonido
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En esta parte de la superficie terrestre incidirá mayor cantidad de
sonido del que debería incidir, o sea, en este trecho también se
oirán todos los sonidos que en tiempo de calma se desplazarían
por encima de AB.»
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La influencia del viento contrario en la propagación del sonido
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Así pues, el hecho de que el sonido se amplifica por el viento no se
debe a la variación de la velocidad de las ondas sonoras, sino al cambio
de su forma (en resumidas cuentas el cambio de forma depende de la
variación de la velocidad).
163. La presión del sonido.
¿Qué presión, aproximadamente, ejercen las ondas acústicas
sobre el tímpano?
Si las ondas de aire tienen una presión de 5 · 10-18 N/cm
2
, el sonido se vuelve perceptible. Cuando el sonido es alto, la presión
es cientos y miles de veces mayor. No obstante, la presión del sonido es
pequeñísima.
Por ejemplo, se sabe que el ruido de una vía pública con
tráfico animado ejerce sobre el tímpano una presión de (1
ó 2)
´
10-
4
N/cm
2
, es decir, de 0,00001 a 0,0005 at.
164. ¿Por qué la puerta debilita el sonido?
Consta que la madera conduce el sonido mejor que el aire: al dar golpes por un
extremo de un rollo largo se pueden escuchar muy bien aplicando el oído
al otro extremo.
¿Por qué, pues, no se oyen claramente las voces de las personas que
están conversando en un cuarto mientras la puerta esté cerrada?
Por más extraño que parezca, la puerta amortigua el sonido
precisamente porque lo conduce mejor que el aire. El haz sonoro se
desvía de la perpendicular de incidencia cuando pasa del aire a la
madera, es decir, cuando penetra en un medio que transmite el sonido más
rápidamente. Por lo tanto, existe cierto ángulo límite de
incidencia de los haces sonoros que pasan del aire a la madera, el cual es
bastante pequeño (debido al elevado índice de refracción).
O sea, una parte considerable de las ondas aéreas que atraviesan el aire
e inciden en la superficie de madera, deberán reflejarse al aire sin
penetrar en esta última. En suma, la madera dejará pasar un
porcentaje reducido de ondas sonoras procedentes del aire, que inciden en la
superficie de separación de estos dos medios. Por esta razón, la
puerta disminuye la intensidad del sonido.
165. La lente acústica.
¿Existirá lente que refracte el sonido?
Es muy fácil construir una lente para refractar el sonido. Para ello se
podría utilizar una semiesfera de malla de alambre llena de
plumón que disminuye la velocidad del sonido. Dicho objeto podrá
servir de lente convergente para el sonido.
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Lente de plumón para refractar el sonido
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En la figura aparece un diafragma consistente en una hoja de cartulina puesta
delante de la lente, que separa los haces sonoros que se enfocan en F por esta
última. En el punto S está colocada una fuente de sonido (un
silbato), y en F, una llama sensible al sonido.
Ofrecemos la descripción de la lente «acústica» ideada por J.
Tyndall.
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Lente de dióxido de carbono para refractar el sonido
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«Mi "lente", escribe el inventor, consta de una esfera hueca hecha de una
sustancia preparada a base de colodión (ver figura), que contiene un gas
más denso que el aire, por ejemplo, dióxido de carbono. La pared
de la esfera es tan delgada que cede fácilmente al menor empuje dirigido
desde afuera y lo transmite al gas. A un lado de la lente, bastante cerca de
ella, cuelgo mi reloj de bolsillo y al otro lado, a una distancia de 1,5 m
aproximadamente, un embudo de vidrio, con la parte ancha dando hacia la esfera.
Aplico el oído al embudo y, moviendo convenientemente la cabeza, muy
pronto localizo el lugar donde el tictac se oye muy alto, éste es el
"foco" de la lente. Si aparto el oído del foco, el sonido se debilita;
si, en cambio, el oído permanece en el foco mientras se desplaza la
esfera, el tictac también se debilita; cuando la esfera vuelve a su
lugar, el reloj sigue sonando como antes. Por lo tanto, la lente permite
oír claramente el tictac del reloj que no se oye "a simple oído",
por decirlo así.»
166. La reflexión acústica.
¿Cuándo el sonido penetra en el agua, ¿se aproximará el «haz»
acústico a la perpendicular de incidencia o se alejará de ella?
Si razonamos como en el caso del haz luminoso, sacaremos una conclusión
errónea, puesto que la luz se propaga en el agua más lentamente
que en el aire, en tanto que las ondas sonoras viajan en él con una
velocidad cuatro veces mayor. Por ello, el haz sonoro que pasa del aire al
agua, se desviará de la perpendicular de incidencia.
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Refracción del sonido en el agua
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Por esta misma razón, cuando el sonido pasa del aire al agua, existe un
ángulo límite que en este caso sólo es de 13°
(correspondientemente al valor elevado del índice de refracción,
equivalente a la razón de velocidades de propagación del sonido
en ambos medios). La figura muestra cuán pequeño es el
"cono" AOB que incluye todos los ángulos, bajo los cuales el
sonido puede penetrar en el líquido. Los haces sonoros que no pertenecen
a dicho cono, se reflejarán de la superficie del agua sin atravesarla
(reflexión interna total del sonido).
167. El ruido del caracol.
¿Por qué se oye un ruido leve en una taza o en un caracol aplicados al
oído?
El ruido que percibimos cuando aplicamos una taza o un caracol al oído,
se debe a que en este caso dicho objeto sirve de resonador que amplifica los
ruidos procedentes del medio ambiente; generalmente no nos damos cuenta de
ellos, puesto que son muy débiles. Este ruido mixto se asemeja al que
producen las olas del mar al batir la costa, lo cual ha dado origen a muchas
leyendas relacionadas con el ruido del caracol.
168. El diapasón y el resonador.
Si un diapasón vibrante se coloca sobre una caja de madera, el sonido
aumentará notablemente. ¿De dónde procede en este caso la
energía excesiva?
Cuando las vibraciones del diapasón se transmiten al resonador, el
sonido se vuelve más alto, pero dura menos tiempo. De modo que la
cantidad de energía emitida por el diapasón vibrante y el
resonador, es una misma. No se obtiene ningún exceso de energía.
169. ¿Adónde se van las ondas acústicas?
¿Adónde se va la energía de las oscilaciones acústicas
cuando el sonido deja de oírse?
Cuando se extingue un sonido, la energía de las ondas acústicas
se convierte en la del movimiento térmico de las moléculas de las
paredes y el aire. Si en el aire de las habitaciones no hubiera rozamiento
interno, y las paredes fueran perfectamente elásticas, ningún
sonido se extinguiría: se oiría eternamente cualquier nota. En
las habitaciones de dimensiones ordinarias las ondas acústicas son
rechazadas por las paredes de 200 a 300 veces, trasmitiéndoles parte de
su energía cada vez que se reflejan, hasta que, al fin y al cabo, quedan
absorbidas totalmente, elevando la temperatura de las paredes. Por supuesto, la
cantidad de calor que entregan a estas últimas, es infinitésima.
Una persona debería estar cantando durante dos o tres días sin
cesar para generar una caloría mediante este procedimiento.
170. La visibilidad de los rabos luminosos.
¿Ha visto usted alguna vez rayos luminosos?
Muchos lectores están seguros de que han visto rayos luminosos.
Semejantes testigos oculares quedarán muy asombrados al enterarse de que
jamás los han visto. Esto no ha podido ocurrir por la sencilla
razón de que los rayos luminosos son invisibles. Cada vez que nos parece
que vemos rayos de luz, lo que notamos son cuerpos iluminados por ellos. La luz
que permite verlo todo, es invisible. He aquí lo que dijo sobre este
tema John Herschel, hijo de un célebre astrónomo y gran
astrónomo y físico él mismo:
«La luz, a pesar de que permite ver los objetos, de por sí es invisible.
Hay quien dice que se puede ver un rayo luminoso cuando éste penetra en
un cuarto oscuro por un orificio abierto en una pared, o cuando conos o rayos
luminosos irrumpen en los espacios entre las nubes un día nublado,
procedentes de una zona (invisible) del sol como del punto, en el cual
convergen todas las líneas paralelas. Pero lo que vemos en este caso, no
es la luz, sino innumerables partículas de polvo o niebla que reflejan
cierta parte de la luz que incide en ellas.
Vemos la Luna porque la ilumina el Sol. Donde no hay Luna, no vemos nada,
aunque estamos seguros de que la veremos cuando vuelva a ocupar la misma
posición, y que veríamos el Sol si estuviéramos en la Luna
(dondequiera que se encuentre, a menos que no esté tapada por la
Tierra). Por consiguiente, en cada uno de estos puntos siempre hay luz solar,
aunque es imposible verla como un objeto cualquiera. Existe, pues, en forera de
proceso.
Lo que acabamos de explicar respecto al Sol, también se refiere a las
estrellas; por eso, cuando contemplamos el cielo nocturno no vemos sino un
fondo oscuro, excepto las direcciones en que vemos estrellas, aunque estamos
seguros de que todo el espacio (fuera de la sombra de la Tierra) es atravesado
constantemente por haces luminosos...»
Esta afirmación parece refutar el hecho de que percibimos claramente
rayos de luz procedentes de las estrellas y, en general, de todo punto
luminoso; además, cuando entornamos los ojos distinguimos un haz
luminoso que llega hasta nosotros desde un astro lejano. Tanto lo uno como lo
otro es una equivocación. Lo que entendemos por rayos procedentes de las
estrellas, es un efecto que surge como resultado de la disposición
radial de las fibras que componen el cristalino del ojo humano. Si seguimos un
consejo de Leonardo de Vinci y miramos las estrellas a través de un
orificio muy pequeño practicado mediante una aguja en una hoja de
cartulina, no veremos ningún rayo ni estrella; los astros nos
parecerán partículas de polvo muy brillantes, puesto que en este
caso un haz luminoso muy fino penetra en el ojo a través de la parte
central del cristalino, de modo que la estructura radial de éste no lo
puede deformar. Por lo que atañe al haz de luz que vemos al entornar los
ojos, éste se forma a consecuencia de la difracción de la luz en
las pestañas.
171. El orto del Sol.
La luz tarda poco más de ocho minutos en recorrer la distancia del Sol a
la Tierra. ¿Cómo está relacionado este hecho con el instante de
salida de este astro?
El hecho de que el haz luminoso tarda 8 minutos en salvar la distancia del Sol
a la Tierra, no nos permite concluir que si lo hiciera instantáneamente,
veríamos la salida del Sol 8 minutos antes. Los rayos de luz que
penetran en el ojo cuando contemplamos el sol naciente, fueron emitidos hace 8
minutos, de manera que no tenemos que esperar ese lapso para que alcancen el
lugar donde nos encontramos. Por eso, si la luz se propagara
instantáneamente, veríamos la salida del sol en el mismo instante
que ahora, y no 8 minutos antes.
172. La sombra del alambre.
¿Por qué en un día soleado la sombra de un farol suspendido de un
alambre se proyecta claramente en el pavimento, mientras que la del alambre
casi no se ve?
La longitud de la sombra proyectada por el alambre iluminado por el sol depende
de la posición del punto de intersección de sus tangentes
comunes, trazadas al limbo solar y a la circunferencia que acota la
sección del alambre. La figura muestra que el ángulo A de
intersección de las tangentes es igual al ángulo bajo el cual el
observador terrestre ve el limbo solar, o sea, es de 0,5°.
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¿Por qué el alambre no proyecta sombra?
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Este dato nos permite determinar la longitud de la sombra proyectada por el
alambre: ésta es igual a su diámetro multiplicado por 2 · 57,
pues es sabido que un objeto que se ve bajo un ángulo de 1° se encuentra
a una distancia equivalente a 57 veces su diámetro. Si el alambre que
sostiene el farol, mide 0,5 cm de grosor, la longitud de la sombra será
de
0,5 * 114 = 57 cm;
o sea, esta magnitud es mucho menor que la altura a la que se encuentra
suspendido el farol. Por ello, la sombra (sin contar la penumbra) del alambre
no llega hasta el pavimento.
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¿Por qué es tan corta la sombra PA proyectada por el alambre?
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La sombra del farol (en el espacio) es mucho más larga,
correspondientemente a su diámetro más grande. Si la
sección de este último es de 30 cm, la longitud de la sombra
proyectada en el espacio será igual a
0,3 * 114 = 34 m.
Es decir, siempre alcanzará la tierra, puesto que se suelen colocar los
faroles a una altura de 5 a 10 m.
173. La sombra de una nube.
¿Qué es lo que tiene mayores dimensiones, una nube o su sombra completa?
La nube, lo mismo que el farol del ejercicio precedente, proyecta una sombra en
forma de cono que se estrecha (y no se ensancha, como se cree a veces) hacia la
tierra. Este cono es bastante grande, pues las dimensiones de la nube son
considerables. Si ésta mide tan sólo 100 m de diámetro,
proyectará una sombra de más de 11 km. de longitud. Sería
interesante calcular en qué magnitud disminuye la sombra proyectada
sobre la tierra en comparación con las dimensiones reales de la nube.
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¿Qué es lo que tiene mayores dimensiones, una nube o su sombra completa?
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He aquí un ejemplo: una nube flota a una altitud de 1000 m, mientras que
los rayos solares inciden sobre la superficie terrestre bajo un ángulo
de 45°; la longitud de la parte del cono comprendida entre la nube y el suelo
es de 1000 *
Ö
2
»
1400 m. En semejante caso, la distancia entre las semirrectas que forman un
ángulo de 0,5°, será de 1400/115, es decir, de unos 12 m. Si la
nube mide menos de 12 m de diámetro, su sombra completa no
alcanzará la superficie de la tierra. En las condiciones dadas y cuando
la nube es de grandes dimensiones, ésta proyectará sombra
completa sobre la tierra, 12 m. más corta que el diámetro
correspondiente de la nube.
Si las nubes son de dimensiones considerables, semejante diferencia no tiene
mucha importancia, de modo que las sombras perfiladas en el suelo no se
distinguirán mucho de sus «prototipos». Por consiguiente, podemos
considerar que sus dimensiones son iguales, aunque comúnmente se piensa
que la sombra es más grande que la nube que la proyecta. Este hecho
permite estimar fácilmente las dimensiones longitudinales y
transversales de las nubes.
174. Lectura a la luz de la luna.
¿Será posible leer un libro a la luz de la luna llena?
Subjetivamente, la luz de la luna se percibe como una luz bastante intensa, por
lo cual generalmente se suele contestar afirmativamente a esta pregunta. Pero
los lectores que han tratado de leer un libro a la luz de la luna llena, se
habrán dado cuenta de que cuesta mucho trabajo distinguir los
caracteres. Para leer un libro impreso con caracteres corrientes, se necesita
una iluminación no menor de 40 lx, mientras que si los caracteres son
menudos (gallarda), no menos de 80 lx. A propósito, cuando el cielo
está despejado, la luna llena sólo asegura una iluminación
de una décima de lux. (La luna llena produce la misma iluminación
que una vela encendida a 3 m de distanció.) Queda claro, pues, que la
luz del satélite natural, no es suficiente para leer un libro sin hacer
algún esfuerzo.
También estamos propensos a sobrestimar la iluminación natural en
las noches blancas. En esta época, a la medianoche, la
iluminación en la latitud de San Petersburgo es de 0,5 lx
aproximadamente. Por tanto, durante las noches blancas se puede escribir o leer
sin más luz que la natural sólo a las 10 de la «noche» o a las 2
de la madrugada, cuando la iluminación es de 30 a 40 lx.
176. Una estrella y una vela.
¿Qué es lo que alumbra más, una estrella de primera magnitud o
una vela encendida alejada a 500 m?
La intensidad luminosa de una vela ordinaria supera cientos de miles de veces
la de una estrella: una vela encendida y alejada de nosotros a 500 m produce la
misma iluminación que una estrella de primera magnitud. Por ende, con
arreglo a las condiciones indicadas al formular el problema, las dos fuentes de
luz iluminan de manera igual (a saber, cada una genera 0,000004 lx).
177. El color de la superficie lunar.
La Luna observada desde la Tierra a simple vista tiene color blanco y observada
en un telescopio parece tener color de yeso. No obstante, los astrónomos
afirman que su superficie es de color gris oscuro.
¿De qué forma conciliamos estos criterios?
La Luna sólo rechaza una catorceava parte de la luz recibida. Por lo
tanto, los astrónomos dicen con toda razón que la superficie de
nuestro satélite natural es gris. En una de sus conferencias sobre la
luz J. Tyndall explica por qué la Luna vista desde la Tierra parece ser
de color blanco:
«La luz que un cuerpo recibe, se divide en dos partes, una de las cuales es
rechazada por su superficie. Esta luz reflejada conserva el color que
tenían originariamente los rayos incidentes. Si la luz incidente era
blanca, la reflejada también lo será. Por ejemplo, la luz solar,
aunque la rechace un cuerpo negro, seguirá siendo blanca. Las diminutas
partículas del humo más negro que sale de una chimenea y se
ilumina con un haz de luz del sol, reflejarán esta luz blanca... De modo
que si la Luna estuviera tapizada del terciopelo más negro, no por ello
dejaría de presentarnos su disco plateado.»
Por supuesto, el contraste con el cielo oscuro, sobre el cual parecen
más brillantes las fuentes luminosas más débiles, no puede
menos que realzar la intensidad de la luz de la Luna.
178. ¿Por qué la nieve es blanca?
¿Por qué la nieve es blanca aunque la forman diminutos cristales
transparentes?
La nieve es de color blanco por la misma razón, por la cual parece ser
blanco el vidrio triturado y, en general, todas las sustancias transparentes
trituradas. Si desmenuzamos un trozo de hielo en un mortero o lo raspamos con
un cuchillo, obtendremos polvo de color blanco. Este color se debe a que los
rayos luminosos que penetran en los diminutos trocitos de hielo transparente,
no emergen de ellos, sino que se reflejan en su interior por la superficie de
separación del hielo y el aire (reflexión interna total). A su
vez, la superficie del trozo de hielo, que refleja desordenadamente en todos
los sentidos los rayos de luz recibidos, nos parece tener color blanco.
De modo que la causa que condiciona el color blanco de la nieve, es su
fraccionamiento. Si los espacios que hay entre las partículas de nieve
se llenan de agua, ésta pierde su color blanco y se vuelve transparente.
179. Sacando lustre al calzado.
¿Por qué tienen brillo los zapatos lustrados?
Por lo visto, ni el betún negro ni el cepillo tienen algo que pueda dar
brillo al calzado. Por esto, este fenómeno es para muchas personas una
especie de enigma.
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A una persona disminuida 10.000.000 de veces, una placa bien pulida le
parecerá un terreno poblado de colinas
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Para descubrir el secreto hay que comprender en qué se diferencia una
superficie brillante de otra mate. Se suele creer que la superficie pulida es
lisa, mientras que la mate es rugosa. Esto no es cierto: ambas superficies son
rugosas. No existen superficies perfectamente lisas. Una pulimentada vista en
un microscopio parece cortada a pico, lo mismo que el filo de una navaja vista
en un microscopio; a una persona disminuida diez millones de veces, la
superficie de una placa esmeradamente pulida le parecería un terreno
poblado de colinas .
Cualquier superficie, sea mate o esté muy bien pulida, es rugosa, tiene
abolladuras y raspaduras. Todo depende de las dimensiones de estas
irregularidades y defectos. Si son menores que la longitud de onda de la luz
que cae sobre ellos, los rayos serán reflejados de forma «regular», es
decir, conservando todos los ángulos de inclinación de unos
respecto a otros que tenían antes de ser rechazados por la superficie.
Semejante superficie produce imágenes especulares, brilla y se dice que
está pulida. Pero si, en cambio, dichas irregularidades miden más
de la longitud de onda de la luz incidente, los rayos luminosos serán
reflejados de forma desordenada, sin conservar los ángulos iniciales de
inclinación de unos respecto a otros. Semejante luz difusa no da
reflejos especulares y se dice que es mate.
De aquí se deduce que una superficie puede estar pulida para unos rayos
y ser mate para otros. Para los rayos de luz visible, cuya longitud de onda es
de 0,5 micras (0,0005 mm) por término medio, una superficie con
irregularidades menores que las que acabamos de indicar, será pulida;
para los rayos infrarrojos, de onda más larga, también lo
será; pero para los ultravioletas, de onda más corta, será
mate.
Mas, volvamos al prosaico tema de nuestro problema: ¿por qué tiene
brillo el calzado lustrado? Si la superficie de cuero no está
embetunada, presenta todo tipo de irregularidades, de dimensiones
considerablemente mayores que la longitud de onda de la luz visible, por
consiguiente, es mate. Una capa delgada de betún viscoso, aplicada a tal
superficie rugosa, camufla las irregularidades y alisa las fibras finas que hay
en ella. Pasando muchas veces el cepillo, se quita el exceso de betún en
los salientes y se llenan los entrantes, por lo cual las irregularidades se
disminuyen y sus dimensiones se vuelven menores que la longitud de onda de los
rayos visibles: a ojos vistos la superficie deja de ser mate y se torna
brillante.
180. El número de colores del espectro y del arco iris.
¿Cuántos colores tienen el espectro solar y el arco iris?
Generalmente se dice y repite que el espectro solar y el iris tienen siete
colores. Este es uno de los equívocos más frecuentes, y a nadie
se le ha ocurrido refutarlo. Si examinamos la banda de colores del espectro sin
atenernos a esta idea preconcebida, sólo distinguiremos los cinco
colores fundamentales que siguen: rojo, amarillo, verde, azul y violeta.
Estos colores no tienen límites acusados, la transición de uno a
otro es gradual. De modo que además de los colores fundamentales
enumerados se distinguen los siguientes matices intermedios: anaranjado, verde
amarillo, verde azulado y añil.
O sea, el espectro solar tendrá cinco colores si sólo tenemos en
cuenta los fundamentales, o nueve si también consideramos los matices
intermedios.
Pero, ¿por qué se acostumbra nombrar siete colores?
Inicialmente, I. Newton sólo distinguió cinco colores.
Describiendo su famoso experimento (en su obra Optics) dice lo siguiente: «El
espectro está coloreado de modo que su parte menos refractada es roja;
la parte superior, más refractada, tiene color violeta. En el espacio
comprendido entre estos colores extremos se distinguen los colores amarillo,
verde y azul claro.»
Posteriormente, tratando de armonizar el número de colores del espectro
y el de los tonos fundamentales de la gama musical, Newton añadió
dos colores más a los cinco enumerados. Esta afición al
número siete, que no está motivada de ninguna manera, no es sino
una reminiscencia de las creencias astrológicas y del tratado de la
«música de las esferas» de los antiguos.
Por lo que se refiere al arco iris, ni siquiera podemos tratar de distinguir
los siete colores: nunca se llega a distinguir cinco matices. Generalmente, en
el arco iris sólo se ven tres colores, a saber, el rojo, el verde y el
violeta; a veces apenas se aprecia el amarillo; en otros casos el iris ostenta
una franja blanca bastante ancha.
No podemos menos que asombrarnos de cuán arraigada está en la
mente humana la leyenda de los «siete» colores del espectro, a pesar de que en
nuestra época la física se enseña por métodos
experimentales. A propósito, este prejuicio aun subsiste en algunos
libros de texto de escuela, mientras que ya está desterrado de los
cursos universitarios.
Estrictamente hablando, aun los cinco colores fundamentales del espectro, a los
cuales nos hemos referido, son convencionales hasta cierto grado. Podemos dar
por sentado que la banda espectral sólo está dividida en tres
zonas principales, a saber:
la zona roja,
la zona verde amarilla y
la zona añil.
Si tenemos en cuenta cada uno de los matices distinguibles, según
muestran los experimentos, será posible clasificar más de 150
matices.
181. El arco iris.
Hay quien afirma que ha visto un arco iris un 22 de junio al mediodía en
Moscú.
¿Será posible tal cosa?
El arco iris sólo se puede ver cuando el sol se encuentra formando un
ángulo de 42° sobre el horizonte (ver figura).
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Para que sea posible observar el arco iris, el sol debe ascender a una altitud
determinada respecto al horizonte
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En la latitud de Moscú, el día del solsticio de verano la altitud
del sol meridional (el 22 de junio) es de
90° - 56° + 23,5° = 57,5°.
Por consiguiente, aquel día el sol estuvo más alto de lo
necesario para que fuera posible ver el arco iris.
182. A través de vidrios de colores.
¿Qué color parecen tener las flores rojas cuando se miran a
través de un vidrio verde? Y las azules, ¿qué color tienen?
El vidrio verde sólo deja pasar los rayos verdes y detiene todos los
demás: las flores rojas sólo emiten rayos rojos y casi no emiten
rayos de otro color. Mirando una flor roja a través de un trozo de
vidrio verde, no percibimos de sus pétalos ningún rayo, pues los
únicos rayos que emiten, son detenidos por el referido vidrio. Por ello,
una flor roja vista a través de semejante vidrio parecerá negra.
También parecerá tener color negro una flor azul vista a
través del vidrio verde.
He aquí lo que dice en su libro La física enseñada en las
excursiones estivales el Prof. M. Piotrovski, físico, artista y
observador muy sagaz de la naturaleza:
«Si observamos un macizo de flores a través de un trozo de vidrio rojo,
advertiremos que las flores rojas, por ejemplo, el geranio, son tan intensas
como las flores blancas; sus hojas verdes nos parecerán absolutamente
negras, con un brillo metálico; las flores azules (el acónito,
por ejemplo) se verán tan negras que apenas se distinguirán sobre
el fondo negro de las hojas; las flores de color amarillo, rosa y violeta nos
parecerán más o menos opacas.»
«Si miramos las mismas flores a través de un vidrio verde, nos
impresionará el verdor brillante de sus hojas, cuyo fondo realza la
intensidad de las flores blancas; algo más pálidas se
verán las amarillas y las celestes; las rojas se convertirán en
muy negras; las de color lila y rosa pálido se verán opacas y
hasta grises, de modo que los pétalos de color rosa claro del escaramujo
resultarán más oscuros que sus hojas.»
« Las flores rojas vistas a través de un vidrio azul también "se
volverán" negras; las blancas "se tornarán" claras; las
amarillas, totalmente negras; las celestes, casi tan claras como las blancas.
Es obvio que las flores rojas nos envían mucho más rayos rojos
que todas las demás; las amarillas despiden cantidades aproximadamente
iguales de rayos rojos y verdes, pero muy pocos azules; las de color rosa y
púrpura, muchos rayos azules y rojos, pero poco verdes, etc.»
183. El oro cambia de color.
¿En qué condiciones el oro tiene color plateado?
Para que el oro pierda su característico color amarillo, hay que
exponerlo a una luz exenta de rayos amarillos. Para crear este efecto, Newton
retenía el color amarillo del espectro dejando pasar los demás
colores y uniéndolos a continuación mediante una lente
convergente. «Si los rayos amarillos se retienen antes de que atraviesen la
lente, apuntó el sabio posteriormente, el oro (iluminado por los
demás rayos) parecerá tan blanco como la plata.»
184. El percal visto a la luz eléctrica.
¿Por qué el percal que tiene color lila a la luz diurna, parece ser
negro a la luz eléctrica?
La luz de la bombilla eléctrica tiene muchos menos rayos azules y verdes
que la del sol. De modo que el percal lila, iluminado por la luz de la bombilla
eléctrica casi no refleja rayos; los únicos rayos que
podría reflejar, no los recibe. Si el ojo humano no recibe rayos
luminosos de una superficie, ésta le parece negra.
186. El eclipse artificial del Sol.
Un inventor patentó su dispositivo consistente en un tubo que permite
ver las estrellas y otros objetos dispuestos cerca del borde del disco solar,
sin esperar un eclipse total del astro.
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Dispositivo destinado a imitar el eclipse solar total
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He aquí la descripción del invento:
«El artefacto consta de un tubo de 35 a 50 m de longitud compuesto de varillas
de aluminio (para disminuir su peso) sujetadas unas a otras de modo que forman
marcos rectangulares no muy grandes, según muestra la figura. En dichos
marcos se colocan cristales pintados de negro por el lado interior,
absolutamente impenetrables para la luz.
En el extremo superior del tubo está fijado un disco metálico que
sustituye la Luna. Éste debe tapar el Sol como en un eclipse total. El
disco se desplaza por una varilla que mide lo mismo que el tubo; dicha varilla
también se desplaza en sentido vertical, regulando la posición
del disco. La varilla está sujetada en tres puntos (p, q y x) a la
armazón del tubo para evitar las desviaciones y la vibración.
Después de terminar las observaciones, la boca superior del tubo se tapa
con el disco de aluminio mn (para proteger el interior de las precipitaciones)
mediante un resorte y un alambre. El tubo puede girar como un telescopio
permitiendo efectuar las observaciones sin que importe la posición del
Sol en el cielo. El aparato está fijado sobre el soporte MN.
El telescopio ef, destinado a efectuar las observaciones, se encuentra dentro
de la cámara oscura CD. Es sabido que desde el fondo de un pozo profundo
se pueden ver las estrellas en el cielo de día y a la luz del sol; desde
la superficie terrestre las estrellas sólo se ven después de la
puesta del sol. Este fenómeno se observa porque en el pozo no entran
rayos luminosos procedentes de la atmósfera iluminada por el astro, que
de día no dejan ver las estrellas desde la superficie terrestre.»
«El mismo efecto se produce en el tubo descrito, en cuyo interior no entra luz
y en cuya cámara oscura CD no entran rayos luminosos reflejados por la
atmósfera iluminada. En el otro extremo del artefacto está
colocado un disco que tapa el Sol. Precisamente en el espacio entre el disco y
el borde del tubo se observan los fenómenos que tienen lugar junto a la
llamada posición visible del astro.»
¿Qué opina usted sobre este invento?
La idea de este invento está basada en un equívoco ingenuo de que
es suficiente tapar el limbo solar con un círculo no transparente para
crear la situación de eclipse solar. Otro error del inventor consiste en
la seguridad de que desde el fondo de un pozo profundo es posible ver estrellas
a la luz del sol. Ambos supuestos son teóricamente erróneos y no
se corroboran experimentalmente.
¿Por qué, en condiciones normales, no distinguimos ni las estrellas ni
los rayos de la corona solar junto al borde de este astro? No sólo
porque nos deslumbra la luz brillante del sol, sino porque la atmósfera
dispersa los rayos luminosos que inciden en ella, a consecuencia de lo cual la
luz tenue procedente de la corona y las estrellas se pierde en la dispersa. Si
no hubiera atmósfera, sobre el firmamento negro a la luz del sol
divisaríamos tanto las estrellas como la corona solar. Cada
partícula que se encuentra en suspenso en la atmósfera terrestre
iluminada por el sol viene a ser un lucero que emite una luz más intensa
que las estrellas verdaderas, de modo que la que nos llega de los luceros es
incapaz de penetrar a través de esa cortina brillante y continua.
Ésta es la causa por la cual de día no vemos las estrellas.
Para un observador que se encuentra en el fondo de un pozo profundo, las
condiciones son las mismas: entre su ojo y las estrellas media la misma capa de
la atmósfera que las hace indistinguibles: los rayos luminosos
procedentes de los astros se confunden con haces más intensos
dispersados por las partículas de aire. Es muy extraño, pues, que
haya surgido esta leyenda tan poética de que desde el fondo de los pozos
profundos y a través de las chimeneas de fábricas se ven
estrellas. Ninguna de las publicaciones contiene pruebas directas de que esto
sea factible: todos los autores que habían escrito sobre esto
Aristóteles hasta John Herschel, hacen referencia a otras personas.
Cuando Humboldt trató de averiguar entre los deshollinadores berlineses
si alguno de ellos de día había visto estrellas desde el interior
de las chimeneas de una fábrica, nadie le respondió
afirmativamente
Ahora volvamos a examinar el eclipse solar artificial. Tapando el sol con un
círculo y permaneciendo en el fondo del enorme océano de aire,
protegemos el ojo de los rayos solares directos; no obstante, el cielo que se
ve encima de dicho círculo sigue lleno de luz, y las partículas
de aire continúan dispersándola y acortando el paso» a la
procedente de las estrellas y la corona solar. El caso se torna distinto si una
pantalla protectora se coloca fuera de la parte densa de la atmósfera,
como sucede cuando la luna tapa el sol: en este caso la pantalla intercepta los
rayos solares antes de que alcancen la atmósfera terrestre. De modo que
los rayos luminosos no se dispersan en la zona sombreada de la
atmósfera; no obstante, en dicha zona penetran rayos dispersados por las
zonas más claras cercanas a la sombra, llegando algunos de ellos hasta
el observador. Por ello, ni siquiera en los momentos de eclipse solar total, el
firmamento es tan negro como a la medianoche.
Así pues, la inconsistencia de la idea de este invento está a la
vista.
187. La luz roja.
¿Por qué en los ferrocarriles se utiliza la luz roja como señal
de alto?
Los rayos rojos, como rayos de mayor longitud de onda, son menos dispersados
por las partículas suspendidas en el aire que los de otros colores. Por
eso, su alcance es mayor que el de estos últimos. A su vez, en el
transporte, la visibilidad de la señal es la característica
más importante: para detener el tren, el maquinista debe empezar a
frenarlo a una distancia considerable del obstáculo.
Para obtener imágenes de los planetas (especialmente, de Marte) los
astrónomos se valen del filtro infrarrojo, pues la atmósfera es
más transparente para los rayos rojos que para los de otros colores. Los
detalles que no se distinguen en una imagen ordinaria, se revelan más
nítidamente en una foto sacada a través de una placa de vidrio
que sólo deja pasar rayos infrarrojos; en este último caso se
logra obtener imágenes de la superficie del planeta, mientras que en las
fotografías ordinarias sólo aparece su atmósfera.
Además, se prefiere utilizar la luz roja como señal de alto
porque el ojo humano es más sensible a este color que al azul o al verde.
188. La refracción y la densidad.
¿Qué dependencia hay entre el índice de refracción y la
densidad del medio?
Muy a menudo se suele afirmar que el índice de refracción de una
sustancia es tanto mayor como mayor es su densidad. Se asevera que « al pasar
un rayo de un medio menos denso a otro, más denso, su recorrido se
aproxima a la perpendicular de incidencia». Este fenómeno tiene lugar
frecuentemente, pero no siempre, ni mucho menos.
Es cierto que la razón de los índices de refracción de dos
medios es inversamente proporcional a la de las velocidades de la luz en
éstos. Por lo tanto, el problema que nos interesa puede ser planteado de
otra manera, más idónea para el análisis:
¿Será cierto que la velocidad de la luz es tanto menor cuanto más
denso es el medio donde se propaga?
Si comparamos los tres medios más importantes, el vacío, el aire
y el agua, nos daremos cuenta de que semejante dependencia no existe. Si
adoptamos por unidad la densidad del aire, la de los tres medios se
expresará con los datos siguientes:
Si adoptamos la velocidad de la luz en el aire como unidad, las respectivas
velocidades de la luz serán las siguientes:
En el vacío
En el aire
En el agua
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1
1
0.75
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Como vemos, no se advierte la dependencia que se esperaba. Más
aún, existen sustancias de una misma densidad, en las cuales la luz se
propaga con velocidad diferente (es decir, los índices de
refracción de estas sustancias son distintos). Así son el
cloroformo y la caparrosa blanca diluidos convenientemente. También
existen sustancias de índice de refracción igual, pero de
densidad diferente: el vidrio es dos veces más denso que el aceite de
cedro, no obstante la velocidad de la luz en ellos es igual (es imposible ver
una varilla de vidrio colocada en el seno del aceite de cedro).
La proporcionalidad inversa entre el índice de refracción y la
densidad tiene lugar en un solo caso, a saber, cuando se trata de un mismo
medio, pero a diferente temperatura o presión. En los demás casos
esta regla no sirve.
189. Dos lentes.
He aquí una de las preguntas del certamen de Edison:
« El índice de refracción de una lente biconvexa es 1,5, y el de
otra, 1,7. Ambas lentes son geométricamente idénticas.
¿Habrá alguna diferencia óptica entre ellas? ¿Qué cambios
sufre un haz luminoso al pasar por cada una de estas lentes si están
sumergidas en un líquido transparente cuyo índice de
refracción es 1,6?»
Las lentes de forma y dimensiones iguales, pero de índice de
refracción diferente (1,5 y 1,7) tienen diferentes distancias focales
principales; la lente del índice mayor tiene más corta la
distancia focal (en el caso dado, en el 28%).
Si ambas lentes se encuentran en el seno de un líquido cuyo
índice de refracción es 1,6, influirán de diferente manera
en el comportamiento de los rayos luminosos: la de índice de
refracción 1,5, o sea, menor que el del líquido, actuará
como una lente poco divergente, y la de índice mayor, como una poco
convergente.
190. La Luna junto al horizonte.
Cuando la Luna se encuentra junto al horizonte, parece tener dimensiones
más grandes que estando próxima al cenit. ¿Por qué, pues,
en su disco aumentado es imposible distinguir nuevos detalles?
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¿En qué caso es mejor estudiar la superficie de la Luna, cuando
está lejos o cerca del horizonte?
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Se distinguirán nuevos detalles siempre que el objeto se observe bajo un
ángulo visual mayor. Por eso, si observáramos la luna cerca del
horizonte bajo un ángulo de visión mayor que cerca del cenit,
descubriríamos nuevos detalles en su disco. Mas, cuando está
cerca del horizonte, sus dimensiones angulares no superan, ni mucho menos, las
que tiene estando junto al cenit, ya que este satélite natural no se
acerca hacia el observador cuando lo contempla próximo al horizonte; al
contrario, es fácil comprender que en este caso se encuentra aún
más lejos del observador que cuando está en lo alto del
firmamento.
Aunque no hay necesidad de exponer las causas del aumento aparente de los
astros junto al horizonte, no estará de más indicar que dicho
efecto no tiene nada que ver con la refracción atmosférica, a la
cual se atribuye frecuentemente.
En realidad, la refracción, lejos de aumentar el diámetro
vertical del lucero junto al horizonte, lo disminuye, dando forma
elíptica a los limbos solar y lunar.
Aún no se ha logrado determinar definitivamente la causa verdadera del
aumento del diámetro de los luceros junto al horizonte; pero sea cual
fuere, este fenómeno no tiene nada que ver con la refracción
atmosférica.
Volviendo a nuestro problema, hemos de subrayar que el aumento virtual del
tamaño de los astros junto al horizonte es consecuencia de un efecto muy
distinto del que tiene lugar cuando se mira a través de un telescopio o
un microscopio. Los instrumentos ópticos cambian el sentido de los rayos
que entran en el ojo humano, de modo que aumenta su imagen en la retina. En
esto reside la esencia del efecto que crean los instrumentos ópticos que
no agrandan los objetos ni los aproximan hacia el observador (éstas
sólo son expresiones figuradas), sino que aumentan las imágenes
de los objetos proyectadas sobre la retina, por lo cual cada una cubre un mayor
número de terminaciones nerviosas. Si no se utiliza ningún
instrumento, ciertos elementos del objeto se proyectan sobre una misma
terminación nerviosa y, por ello, se confunden en un punto; en cambio,
cuando se mira a través del artificio correspondiente, se proyectan
sobre diferentes terminaciones y se perciben como entes distintos.
Nada similar se observa cuando aumenta aparentemente el tamaño de los
astros cerca del horizonte; la Luna no se proyecta aumentada sobre la retina,
por lo cual es imposible divisar nuevos detalles en su disco.
191. La luna vista a través de un orificio punzado en una hoja de
cartulina.
¿Por qué una hoja de cartulina con un orificio practicado en su centro
puede utilizarse como una lupa?
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La Luna vista en un carrete de madera. El objeto se pega a un círculo de
celuloide transparente C y se examina a través de un diminuto orificio
O, practicado en el círculo de cartulina P. El interior del carrete
está pintado de negro.
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Si examinamos un objeto pequeño a través de un diminuto orificio
abierto en una hoja de cartulina, sus dimensiones nos parecerán
notablemente aumentadas; este aumento no es aparente (como el del limbo solar
próximo al horizonte), puesto que semejante dispositivo permite
descubrir nuevos detalles en el objeto. No obstante, la función que en
este caso cumple el referido orificio, se diferencia de la de una lupa.
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Compresión virtual del disco solar junto al horizonte por efecto de la
refracción atmosférica
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La lente cambia el sentido de los rayos luminosos de modo que en la retina del
ojo se proyecta la imagen aumentada del objeto que se examina. El orificio
diminuto también la aumenta, pero no cambiando el sentido de los rayos,
sino reteniendo aquellos que desdibujan la imagen sobre la retina. De manera
que dicho orificio permite acercar considerablemente el objeto hacia la pupila
sin afectar la nitidez de la imagen; en otras palabras, hace las veces de
diafragma.
Pero semejante orificio no es totalmente idéntico a la lente en todos
los sentidos: ésta utiliza más luz y proporciona imágenes
mucho más brillantes que un orificio.
La «lupa» representada en la figura consta del carrete de madera K (su interior
está pintado de negro). El objeto está pegado al círculo
de celuloide transparente C en el punto M y se examina desde una distancia de 2
cm mediante un orificio muy pequeño O punzado en el círculo de
cartulina P. Para que la imagen sea nítida, la distancia del ojo normal
hasta el objeto debe ser de 25 cm, por ello, este último se verá
bajo un ángulo 12,5 veces mayor que cuando la lupa no se utiliza. En
otras palabras, se obtiene un aumento lineal de 12,5 veces. No obstante, este
aumento sólo es eficiente si el objeto esta muy bien iluminado.
192. La constante solar.
Por constante solar se entiende la cantidad de energía térmica
recibida cada minuto en el límite superior de la atmósfera por
una superficie plana de 1 cm2 de área, dispuesta perpendicularmente a
los rayos solares.
¿Dónde y cuándo es más elevada esta magnitud, en un
trópico en invierno o dentro de un círculo polar en verano?
La constante solar vale lo mismo (1,9 kcal por minuto) en todas las latitudes
del globo terráqueo y en todas las estaciones del año. Durante
todo el año el sol envía una cantidad igual de energía a
cada centímetro cuadrado de superficie que esté dispuesta
perpendicularmente a los rayos fuera de la atmósfera terrestre. Las
diferencias del clima y de unas estaciones del año respecto a otras
sólo se deben a que durante las diversas estaciones distintas zonas de
la superficie terrestre y de una misma zona de ésta están
inclinadas bajo diferentes ángulos con respecto a los rayos solares.
En 1a Tierra, cada centímetro cuadrado de una superficie perpendicular a
los rayos solares, dondequiera que se encuentre, siempre recibirá una
misma cantidad de calorías, tanto en invierno como en verano, lo mismo
en el polo que en el ecuador. Pero en las zonas polares la superficie no forma
ángulo de 90° respecto a los rayos solares; en el ecuador algunas zonas
sólo lo forman dos días al año, mientras que el resto del
año la superficie de la zona ecuatorial forma con ellos un ángulo
muy próximo al recto, a diferencia de las regiones polares, donde es
mucho más agudo.
193. El objeto más negro.
Cite el objeto más negro.
Se dice que una superficie es negra si está iluminada y no envía
al ojo rayos luminosos. Estrictamente hablando, en la naturaleza no existen
semejantes objetos: los llamados colores negros (el negro de humo, el negro de
platino, etc.) rechazan cierta parte de la luz que los ilumina.
Así pues, ¿cuál de los objetos es el más negro?
La respuesta es bastante inesperada: el objeto más negro es un agujero
negro.
Por cierto, no se tiene en cuenta un agujero cualquiera, sino uno bajo ciertas
condiciones. Por ejemplo, lo sería un orificio perforado en la pared de
una caja cerrada, cuyo interior esté pintado de negro.
Coja una caja, píntela del color más negro por dentro y por fuera
y abra en su pared un agujero pequeño: éste siempre le
parecerá más negro que la pared de la caja. La causa de este
efecto es la siguiente: una parte del haz de rayos luminosos que entran en la
caja a través de dicho orificio, es absorbida por las paredes negras, en
tanto que la otra es reflejada; esta última no sale de la caja por el
agujero, sino que incide repetidamente sobre la superficie interior negra,
volviendo a ser absorbida y reflejada parcialmente, etc. Antes de que el resto
de rayos salga por el orificio, dentro de la caja la luz es absorbida y
rechazada tantas veces que se debilita hasta no poder herir nuestro ojo.
Si este fenómeno se ilustra con datos numéricos, se entiende
mejor en qué progresión disminuye la intensidad del haz luminoso
mientras es reflejado muchísimas veces. Para simplificar, supongamos que
el color negro de las paredes interiores de la caja absorbe el 90 % de la luz
que recibe, dispersando el 10 % restante. Entonces, el haz reflejado una vez
sólo tendrá 0,1 parte de la energía inicial; el reflejado
dos veces, 0,1 · 0,1, es decir, 0,01; el reflejado tres veces, 0,1 · 0,01, es
decir, 0,001, etc.
Por ejemplo, es fácil calcular la intensidad de un rayo reflejado por
vigésima vez: será 1 * 1020 veces menor que la inicial, a saber,
constituirá su
0,00000000000000000001 parte.
Prácticamente, esta cifra equivale a la ausencia de luz, pues el ojo
humano es incapaz de percibir una luz de intensidad tan insignificante. Si el
haz inicial procedente del sol generaba una iluminación de 100.000 lx,
después de la vigésima reflexión la iluminación
será de sólo
0,000000000000001 lx.
Se sabe que la iluminación creada por una estrella de sexta magnitud (de
la estrella menos brillante que se distingue a simple vista) vale 0,00000004
lx. Por consiguiente, los rayos que salen por el orificio después de
reflejados por vigésima vez son incapaces de producir algún
efecto en la vista humana.
Ahora está claro, por qué el orificio de una caja o un recipiente
de garganta estrecha es más negro que el color más negro.
Semejante caja con orificio sirve de modelo del cuerpo negro o de cuerpo negro
artificial.
194. La temperatura del Sol.
¿Cómo se logró determinar la temperatura de la superficie del Sol?
La temperatura de la superficie solar se determina con arreglo a la ley de
emisión del llamado cuerpo negro, es decir, de un cuerpo imaginario que
absorbe el 100 % de la energía radiante que recibe (todos los cuerpo
negros naturales, aun el negro de humo, no lo son absolutamente, pues rechazan
cierta parte de los rayos que inciden sobre ellos). La ley física
establecida por Stefan reza: la energía radiada por un cuerpo negro
varía como la cuarta potencia de su temperatura absoluta.
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Para el cálculo de la temperatura del sol
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Por ejemplo, un cuerpo negro calentado hasta 2400 K (2127°C) emite 3, es decir
81 veces más energía que a los 800 K (527°C).
Para calcular la temperatura de la superficie del Sol partiendo de este dato,
supongamos que el globo terráqueo se diferencia poco del cuerpo negro, y
que la temperatura media de toda la superficie terrestre es de 17°C, o 290° K.
El hecho de que en realidad las diversas zonas de esta última tienen una
temperatura mayor o menor que la media, no influirá mucho en el
resultado del cálculo (lo mismo que el hecho de que la Tierra no es un
cuerpo negro).
Es posible calcular geométricamente que el limbo solar ocupa 1/188.000
parte de toda la esfera celeste 1 . Vamos a suponer que la Tierra se encuentra
en el centro de una esfera hueca de 150.000.000 km de radio (la distancia de la
Tierra al Sol), y que cada unidad de superficie de esta última emite la
misma cantidad de energía que el astro. En otras palabras, supongamos
que todo el firmamento está cubierto de soles; serán 188.000
soles. Esta esfera resplandeciente enviaría al Globo 188.000 veces
más energía que ahora.
Por consiguiente, la temperatura de nuestro planeta sería igual a la del
astro, ya que en el caso de equilibrio térmico estabilizado se iguala la
temperatura de todos los cuerpos. También hay que considerar que en
estas condiciones la Tierra emitiría tanta energía como
recibiría (en otro caso no estaría en equilibrio térmico
con la esfera resplandeciente, sino que se calentaría o
enfriaría).
Como la Tierra recibiría toda la energía enviada por la esfera
caliente, las cantidades de energía emitidas por ellas serían
iguales. Pero dicha superficie esférica emite la misma cantidad de
energía que el Sol; por consiguiente, la superficie del planeta
despediría la misma cantidad de energía que este último,
y, al mismo tiempo, 188.000 veces más de lo que está emitiendo
ahora. La temperatura (en grados Kelvin) es proporcional a la raíz
cuarta de la emisión; si esta magnitud es 188.000 veces mayor, resulta
que la temperatura será
es decir 20,8 veces más alta. Multiplicando 290° K (la temperatura del
globo terráqueo) por 20,8, obtenemos 6000° K. ésta sería
la temperatura del Globo. Como su temperatura equivaldría a la del Sol,
de esta manera queda determinada la de este último: sería de unos
6000 K, es decir, de 5700°C.
Este razonamiento que semeja la demostración de un teorema de
geometría, pues requiere de construcciones auxiliares bastante
complicadas, muestra cómo se las ingenian los físicos para
examinar los hechos que no pueden ser estudiados por vía experimental.
195. La temperatura del Universo.
¿Qué se entiende por temperatura del Universo?
¿Qué temperatura tendrán los cuerpos que se encuentran en
él?
Muchas personas utilizan el término «temperatura del Universo» seguras
de que conocen y entienden su significado. Además, están muy
seguras de que la temperatura del Universo es de 273 °C, y que todo cuerpo del
espacio interplanetario, que no esté dentro de la atmósfera
terrestre, debe estar enfriado hasta cero absoluto.
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Un cuerpo dispuesto en el Universo a 150.000.000 km del sol y protegido de sus
rayos, tendrá una temperatura de –264°C
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Tanto lo uno como lo otro son criterios equivocados. Primero, hay que tener en
cuenta que un espacio que no contiene materia, no puede tener temperatura
alguna. El término «temperatura del Universo» tiene significado
convencional y no literal. Segundo, si todos los cuerpos del Universo tuvieran
la temperatura de - 273 °C, el globo terráqueo, que también
pertenece al Universo, correría la misma suerte; no obstante, la
temperatura de la superficie terrestre es 290° mayor que el cero absoluto.
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Los rayos solares calentarían hasta +12°C una bola metálica de 1
cm de diámetro, dispuesta a 150.000.000 km del Sol
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En fin, ¿qué debemos entender por «temperatura del Universo»?
Esta es la temperatura que tendría el cuerpo negro (véase la
respuesta al problema 194), protegido de los rayos del Sol y los planetas, es
decir, sólo calentado por el calor de las estrellas. En distintas
épocas esta magnitud se determinaba de distintas maneras, además,
se obtenían valores diferentes. En opinión del físico
francés C. Pouillet, su valor más probable sería de -142
°C; utilizando criterios muy diversos, su colega inglés H. Fröhlich
obtuvo un valor de -129 °C. El resultado más confiable lo proporciona el
cálculo efectuado a base de la emisión de las estrellas y la ley
de Stefan, siguiendo el mismo procedimiento que para determinar la temperatura
del Sol.
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Un alambre fino, colocado perpendicularmente a los rayos solares y sujeto a las
mismas condiciones, se calentaría a +29°C
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La radiación total de las estrellas de un hemisferio celeste es
5.000.000 de veces menor que la del Sol. Si el firmamento brillase como el Sol,
su radiación sería
(5.000.000 * 188.000) / 2 = 470.000.000.000 veces
mayor que la estelar.
Si la Tierra sólo fuera calentada por el calor de las estrellas,
irradiaría una cantidad de energía 470.000.000.000 de veces menor
que el Sol.
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Una lámina metálica en estas mismas condiciones, tendría
una temperatura de +77°C
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Dado que la temperatura absoluta es proporcional a la raíz cuarta de la
radiación, la del Globo sería
veces menor que la de la superficie solar.
Es sabido que la temperatura absoluta de esta última es de 6000 K, por
lo cual las estrellas calentarían la Tierra en 6000 : 700 grados, es
decir, sólo en 9 grados más que la temperatura del cero absoluto,
lo cual equivaldría a -264 °C. ésta es la temperatura del
Universo.
La temperatura media de nuestro planeta es mucho mayor que 9K, es de 290 K, ya
que no sólo lo calienta la luz estelar, sino también los rayos
del Sol. Si no existiera el Sol, en la Tierra reinaría un frío de
-264°C.
Ahora está claro que cualquier objeto dispuesto en el espacio
interplanetario, pero no protegido de los rayos solares, tendría una
temperatura mucho mayor que los -264°C. La temperatura de dicho cuerpo
dependería de su conductividad térmica, así como de su
forma y las propiedades de su superficie. A continuación ofrecemos
algunos ejemplos que muestran, cuánto se calentarían diversos
cuerpos en semejantes condiciones.
Una bola metálica de 1 cm de diámetro que conduce bien el calor,
colocada a una distancia de 150.000.000 de kilómetros del Sol se
calentaría hasta + 12 °C.
Un alambre delgado y largo de sección circular, alejado a la misma
distancia del Sol y colocado perpendicularmente a sus rayos, se
calentaría hasta + 29°C . (El mismo alambre, dispuesto paralelamente a
los rayos solares, se calentaría mucho menos.) Cualquier otro cuerpo de
forma alargada, colocado perpendicularmente a los rayos solares, tendría
una temperatura de +12 a +29 °C.
Una lámina metálica delgada, alejada del Sol a la misma distancia
que la Tierra y dispuesta perpendicularmente a los rayos solares, se
calentaría en el espacio interplanetario hasta 77 °C . Si su cara que da
a la sombra es de color claro y está pulida, mientras que la otra es
negra y mate, se calentaría hasta + 147 °C.
Se podría preguntar: ¿por qué, pues, nunca se calienta tanto
semejante plancha metálica dispuesta en la superficie terrestre? Porque
está rodeada de aire, y las corrientes de aire (la convección) se
llevan parte de su calor, impidiendo que éste se acumule en ella. En la
Luna, en cambio, donde no hay atmósfera, se calentaría hasta esa
temperatura: es harto conocido cuánto se calienta la zona ecuatorial del
satélite natural durante el día lunar. Si la cara negra de la
referida lámina da a la sombra, en tanto que la pulida da al Sol, todo
el objeto se calentará hasta una temperatura más baja, de -38 °C.
Estos datos tienen mucha importancia práctica para mantener las
condiciones adecuadas en la cabina del globo estratostático y,
especialmente, en la astronáutica. Cuando Piccard ascendió por
primera vez a la altitud de 16 km en una cápsula cuyas dos mitades
estaban pintadas de blanco y negro, esta última -a consecuencia de un
defecto del mecanismo de giro- tuvo que permanecer durante algún tiempo
virada del lado oscuro al Sol. Aunque fuera de aquella cabina de aluminio
hacía un frío de -55 °C, el tripulante sufrió mucho a
causa del calor que hacía en su interior.
Los que tomaron parte en una expedición al Polo austral, se percataron
de que la temperatura de los cuerpos alumbrados por el sol puede ser muy
elevada, aunque la del medio ambiente sea muy baja. «Es interesante
señalar que a la temperatura ambiente que generalmente era bastante
baja, pocas veces superior a los 18 °C bajo cero, escribió
posteriormente uno de los expedicionarios, nuestro actinómetro
(instrumento destinado a medir la energía de la radiación solar)
a veces indicaba unos 46 °C sobre cero.» Este fenómeno tiene numerosas
aplicaciones industriales. Por ejemplo, en Tashkent (Asia Central) fue
construido un dispositivo que eleva la temperatura hasta 200 °C a expensas de
la energía solar, sin emplear lentes ni espejos. En Samarcanda se hizo
hervir agua calentada por rayos solares mediante el mismo procedimiento, a
pesar de que la temperatura ambiente era de 14 grados bajo cero.
En el espacio extraterrestre sería posible calentar hasta una
temperatura extraordinariamente alta un cuerpo de absorción selectiva,
es decir, que no absorbe todos los rayos que recibe (como hacen los cuerpos
negros), sino sólo los de determinada longitud de onda. Por ejemplo, el
astrónomo francés Ch. Fabry calculó que un cuerpo que
sólo absorba rayos azules de longitud de onda 0,004 mm y que se
encuentre en la órbita terrestre en el espacio tendrá una
temperatura de 2000 °C aproximadamente: un trozo de platino cubierto de una
capa de semejante sustancia se fundiría por la acción de los
rayos solares. Es posible que a esas propiedades de la sustancia se deba la
luminosidad de los cometas cuando se acercan al Sol.
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