Capítulo Cuarto
Fenómenos Térmicos
111. El origen de la escala de Reaumur.
¿Por qué en la escala de Reaumur el punto de ebullición del agua
está señalado con el número 80?
El termómetro original de Reaumur se parecía muy poco al actual.
No era de mercurio, sino de alcohol. Reaumur graduó su escala partiendo
de un solo punto de referencia constante, o sea, de la temperatura de
fusión del hielo, marcado con el número 1000, y utilizando
alcohol cuyo coeficiente de dilatación térmica era igual a
0,0008. El inventor estableció que la división de un grado de la
escala termométrica ha de equivaler al aumento del volumen de alcohol en
una milésima parte. En este caso el punto de ebullición del agua
debería estar 80 grados más alto que el punto de fusión
del hielo y correspondería a 1080 grados. Posteriormente
señaló el punto de fusión del hielo con 0, por lo cual el
de ebullición del agua fue designado (y lo es hasta hoy día) con
80 grados.
112. El origen de la escala de Fahrenheit
¿Por qué en la escala de Fahrenheit el punto de ebullición del
agua está marcado con el número 212?
El invierno de 1709 en Europa Occidental fue muy duro. Durante un siglo no hizo
tanto frío allí. De modo que era natural que el físico
danés Fahrenheit, que vivía en la ciudad de Dantzig, para
señalar los puntos constantes de la escala de su termómetro,
adoptase por cero la temperatura mínima que se registró aquel
invierno. Una mezcla refrigerante de hielo, sal común y sal
amoníaca le permitió bajar la temperatura hasta tal grado.
Para marcar otro punto constante de su termómetro, Fahrenheit, siguiendo
a sus antecesores (entre ellos Isaac Newton), eligió la temperatura
normal del cuerpo humano. En aquel tiempo generalmente se creía que la
temperatura del ambiente nunca supera la de la sangre humana, y se
suponía que si tal cosa sucede, el hombre morirá (éste es
un criterio absolutamente erróneo).
En un principio, Fahrenheit marcó este segundo punto constante con el
número 24, por la cantidad de horas del día solar medio, pero
posteriormente se dio cuenta de que semejantes divisiones de la escala
termométrica eran demasiado grandes. El inventor dividió cada
grado en cuatro partes, por lo cual la temperatura del cuerpo humano se
designó con el número 24 · 4 = 96. De esta manera
estableció definitivamente el valor de la división equivalente a
un grado. Graduando la escala de abajo arriba, determinó que la
temperatura de ebullición del agua era igual a 212 grados.
¿Por qué Fahrenheit no utilizó la temperatura de
ebullición del agua como el segundo punto constante de su
termómetro? No lo hizo porque sabía cuán variable es esta
magnitud que depende de la presión del aire. La temperatura del cuerpo
humano le parecía más segura, pues es más constante. A
propósito, es interesante señalar (y es muy fácil
comprobarlo mediante el cálculo) que en aquel entonces se creía
que la temperatura normal del cuerpo humano era igual a 35,5 grados
centígrados (un grado menos que ahora).
113. Longitud de las divisiones de la escala termométrica.
¿Son iguales las divisiones de la escala en el termómetro de mercurio?
¿Y en el otro, de alcohol?
Por supuesto, la dimensión de las divisiones de la escala
termométrica está sujeta al valor del coeficiente de
dilatación térmica del líquido contenido en él.
Consta que al elevar la temperatura aumenta el coeficiente de dilatación
térmica de todos los líquidos; cuanto más se acerca al
punto de ebullición, tanto más aumenta.
Lo que acabamos de enunciar, nos permite comprender fácilmente la
diferencia entre las escalas del termómetro de mercurio y de alcohol en
lo que se refiere a la dimensión de sus divisiones. Por lo general, los
termómetros de mercurio están destinados a medir temperaturas muy
diferentes del punto de ebullición de ese líquido (357 °C). En el
intervalo de 0 a 100 °C el coeficiente de dilatación del mercurio no
crece considerablemente y, dado que la capacidad del tubo de vidrio del
termómetro también aumenta al elevar la temperatura, no se
advierte la irregularidad de dilatación del mercurio en dicho intervalo.
Por ello, la escala del termómetro de mercurio es casi uniforme.
A su vez, el alcohol se utiliza en los termómetros destinados a medir la
temperatura próxima al punto de ebullición de ese líquido
(78 °C), por lo cual es ostensible el aumento de su coeficiente de
dilatación térmica al aumentar la temperatura. Si el volumen del
alcohol a 0 °C se toma igual a 100, su volumen a 30 °C equivaldrá 103, y
a 780C será 110.
Queda claro que las divisiones de la escala del termómetro de alcohol
deben aumentar desde cero hacia arriba.
114. La graduación del termómetro
Un folleto traducido del francés al ruso por León Tolstoi,
contiene la siguiente crítica relativa a los termómetros:
«El grado no es igual al comienzo y al final de la escala termométrica;
el hecho de que los grados son espacios iguales, demuestra que la razón
de cada uno de ellos al volumen del líquido que se dilata a todo lo
largo del tubo, no puede ser constante.»
O sea, si, por ejemplo, la longitud de la división correspondiente a un
grado mide 1 mm, la columna de mercurio de tanta altura a 0 °C contiene una
parte mayor del volumen de mercurio que la misma columna de este líquido
a 100 °C, cuando aumenta su volumen total. «Por tanto, concluye el autor, no
podemos dar por iguales los correspondientes intervalos de temperatura.»
¿Tendrá algún fundamento esta crítica?
El autor del folleto (y también León Tolstoi, quien
compartía su punto de vista) pretende refutar la siguiente tesis, sobre
la cual está basado el diseño de la escala termométrica:
«Iguales intervalos de temperatura corresponden a incrementos absolutamente
iguales de volumen de la sustancia termométrica.»
Descartando esta tesis, el crítico propone sustituirla con la que sigue,
que da como la única correcta:
«Iguales intervalos de temperatura corresponden a incrementos relativamente
iguales de volumen de la sustancia termométrica.»
No obstante, discutir cuál de estas dos afirmaciones es verdadera,
sería lo mismo que discutir cuál de las unidades de longitud es
más idónea para medir la distancia, el metro o el pie. Ambas
tesis son convencionales, de modo que sólo se puede hablar de
cuál de ellas es más conveniente, es decir, cuál de las
dos hace más clara la ciencia del calor.
Semejante planteamiento ya había sido enunciado en su tiempo por Dalton,
por lo cual se denomina «escala de Dalton». Ésta, si hubiera sido
aceptada, no tendría puntos de cero absoluto: en general, toda la
ciencia del calor, quedaría reformada considerablemente. Esta reforma,
lejos de simplificar, complicaría extremadamente la enunciación
de las leyes de la naturaleza. Por lo tanto, la escala daltoniana fue rechazada.
115. Expansión térmica del hormigón armado.
¿Por qué no se separan los componentes del hormigón armado, el
hormigón y el entramado metálico, durante el calentamiento?
El coeficiente de dilatación térmica del hormigón
(0,000012) es igual al del hierro; cuando varía la temperatura, ambos
materiales se dilatan de igual manera y por eso no se separan uno de otro.
116. La expansión térmica máxima.
Cite un sólido que se expande más que los líquidos al
calentarlo.
Cite un líquido que se expande más que los gases durante el
calentamiento.
La cera es el sólido que se dilata más que los otros, incluso
más que muchos líquidos. Su coeficiente de dilatación
térmica es de 0,0003 a 0,0015, dependiendo de la especie, es decir, es
25 ó 120 veces mayor que el del hierro. Como el coeficiente de
dilatación cúbica del mercurio vale 0,00018, y del queroseno,
0,001, la cera se dilata más que el mercurio, además, algunas de
sus especies se expanden más que el queroseno.
El líquido que se dilata más que los restantes es el éter
cuyo coeficiente de dilatación es 0,0016. Pero esta sustancia no bate el
récord de dilatación térmica: hay un líquido que se
expande 9 veces más que ella, a saber, el anhídrido
carbónico líquido (CO
2
) a 20 °C. Su coeficiente de dilatación térmica es 0,015, o sea,
supera 4 veces al de los gases. Por lo general, el coeficiente de
dilatación térmica de los líquidos aumenta más
rápidamente al acercarse a la temperatura crítica, superando
muchas veces al de los gases.
117. La expansión térmica mínima.
¿Qué sustancia se dilata menos que otras durante el calentamiento?
El vidrio de cuarzo posee el menor coeficiente de dilatación
térmica: 0,0000003, o sea, 40 veces menor que el del hierro. Se puede
sumergir en agua helada un matraz de vidrio de cuarzo, caldeado hasta 1000 °C
(este vidrio funde a 1625 °C), sin temor a que se rompa. El coeficiente de
dilatación térmica del diamante también es muy
pequeño, 0,0000008, aunque supera un poco el del vidrio de cuarzo.
El metal que tiene el menor coeficiente de dilatación térmica es
una marca de acero llamada invar (del francés invar, abrev. de
invariable). Esta aleación consiste en acero con 36 % de níquel,
0,4 % de carbono y otro tanto de manganeso. Su coeficiente de dilatación
es 0,0000009, y el de algunas de sus marcas es menor aún, 0,00000015, es
decir, 80 veces menor que el del acero ordinario. Más aún, hay
marcas de invar que no se dilatan en absoluto en ciertos intervalos de
temperatura.
A su coeficiente de dilatación ínfimo debe este metal sus
numerosas aplicaciones; en particular, se emplea con éxito para fabricar
piezas de mecanismos de precisión (péndulos de reloj) y aparatos
para medir longitudes.
118. Anomalías de la expansión térmica.
¿Qué sólido se contrae cuando se calienta y se dilata cuando se
enfría?
Por lo general, a la pregunta de cuál de los cuerpos se dilata al ser
enfriado, se suele responder a la ligera: el hielo, olvidando que el agua posee
esta dilatabilidad anómala sólo en estado líquido. El
hielo, en cambio, no se dilata al ser enfriado, sino que se contrae, lo mismo
que la mayoría de los cuerpos de la naturaleza.
No obstante, existen otros sólidos que se dilatan cuando se
enfrían por debajo de cierta temperatura. En primer lugar, son el
diamante, el óxido cuproso y la esmeralda. El diamante comienza a
dilatarse al ser enfriado considerablemente, a saber, a 42 °C bajo cero,
mientras que el óxido cuproso y la esmeralda presentan la misma
particularidad con un frío moderado, de unos 4 °C bajo cero. Luego a 42
y 4 grados centígrados bajo cero, respectivamente, estos cuerpos tienen
la densidad máxima, lo mismo que el agua a +4° C.
El yoduro de plata cristalino (el mineral llamado yodirita, yodargirita o
yodargira) se dilata al ser enfriado a temperatura ordinaria. Una varilla de
goma extendida por una pesa presenta la misma particularidad: se acorta al ser
calentada.
119. Un agujero abierto en una plancha de hierro.
En el centro de una plancha de hierro de 1 m de ancho hay un agujero de 0,1 mm
(de grosor de un cabello humano).
¿Cómo debe variar la temperatura del metal para que el agujero se cierre
por completo?
Sería erróneo creer que si la plancha se calienta
considerablemente, el orificio se cerrará a consecuencia de la
dilatación térmica. Por más que se la caliente,
será imposible obtener semejante resultado, puesto que durante el
calentamiento aumentan las dimensiones de los orificios. Esto lo explica el
razonamiento siguiente.
Si no hubiera agujero, la sustancia que estaría en su lugar, se
dilataría de la misma manera que el resto de la plancha: en otro caso
esta última se plegaría o rompería; al contrario, se sabe
que un cuerpo homogéneo que experimenta dilatación
térmica, no se pliega ni se rompe. Queda claro, pues, que la plancha con
agujero se dilataría como si no lo tuviera: o sea, durante el
calentamiento el orificio aumentaría de la misma manera que cualquier
parte de la plancha de área igual. Por consiguiente, la capacidad de los
recipientes y el área de la sección interior de las
tuberías, así como las cavidades de los cuerpos aumentan durante
el calentamiento (y disminuyen durante el enfriamiento); en este caso el
coeficiente de dilatación es el mismo que el de la sustancia que compone
todo el cuerpo.
Así pues, es imposible cerrar un agujero calentando el objeto en el cual
está practicado; por el contrario, su volumen aumentará.
¿Sería posible obtener este resultado mediante el enfriamiento?
¿Sería posible enfriar la plancha de hierro de modo que el agujero
desaparezca?
A consecuencia de que el coeficiente de dilatación del hierro es
0,000012, mientras que sólo es posible enfriarlo hasta 273 °C bajo cero,
queda claro, pues, que el diámetro del agujero no se podría
disminuir más que en 0,000012 · 273, o sea, aproximadamente en 0,003.
Consiguientemente, por más que cambie la temperatura, sería
imposible cerrar un orificio practicado en un sólido, por pequeño
que sea.
120. La fuerza de dilatación térmica.
¿Es posible impedir mecánicamente la dilatación térmica de
una barra metálica o de la columna de mercurio?
Es sabido que la dilatación y contracción térmicas poseen
fuerza considerable. El físico inglés J. Tyndall realizó
un experimento, en el cual una barra de hierro, al contraerse debido al
enfriamiento, rompió una varilla de hierro del grosor de un dedo. Por
esta razón, muchos piensan que es imposible contrarrestar la fuerza de
dilatación térmica de una barra o un líquido sometidos a
calentamiento.
Este criterio es erróneo: a pesar de que son enormes las fuerzas
moleculares que condicionan la dilatación térmica, se trata de
magnitudes finitas. Por ello, es fácil calcular la fuerza que se ha de
aplicar a una varilla de hierro de 1 cm
2
de sección transversal para impedir que se alargue al calentarla de 0 a
20 °C. Sólo se necesita conocer el coeficiente de temperatura de
dilatación lineal del material (el del hierro es igual a 0,000012 °C
-1
) y su resistencia al alargamiento mecánico caracterizada por el
llamado módulo de elasticidad, o módulo de Young (el del hierro
es de 20.000.000 N/cm
2
; quiere decir que al aplicar una fuerza de 10 N por centímetro cuadrado
a una varilla de hierro, su longitud aumentará en dos
millonésimas y disminuirá en la misma magnitud al comprimirla con
la misma fuerza).
He aquí el cálculo correspondiente. Supongamos que hay que
impedir que una varilla de hierro de 1 cm
2
de sección transversal se alargue en
0,000012
´
20 = 0,00024
de su longitud. Para acortar la varilla en dos millonésimas se requiere
un esfuerzo mecánico de 10 N. Por consiguiente, para acortarla en
0,00024 de su longitud, hará falta un esfuerzo de
0,00024 : (1 /2.000.000) = 480 N.
De modo que si aplicamos a cada uno de los extremos de semejante varilla un
esfuerzo de 500 N aproximadamente, entonces, al calentarla de 0 a 20 °C, su
longitud no aumentará. En este caso la fuerza de dilatación de la
varilla también valdrá 500 N.
De la misma manera se calcula la presión que impide que la columna de
mercurio del tubo del termómetro se alargue durante el calentamiento.
Tomemos el mismo intervalo de temperatura, de 0 a 20 °C. El coeficiente de
dilatación del mercurio es 0,00018; bajo la presión de 1 at su
volumen disminuye en 0,000003 del inicial. En nuestro caso tenemos que impedir
que el mercurio se dilate en
0,00018
´
20 = 0,0036.
Por lo tanto, para evitar la dilatación del líquido, habrá
que aplicar una presión de
0,0036 : 0,000003 = 1200 at.
Este hecho comprueba que si el canal del termómetro se llena con
nitrógeno comprimido hasta una presión de 50 ó 100 at
(véase la respuesta 114), el grado de dilatación de la columna de
mercurio no variará de manera notable.
121. Calentamiento del nivel de burbuja.
La longitud de la burbuja del nivel varía al cambiar la temperatura
ambiente.
¿Cuándo la burbuja tiene dimensiones mayores, cuando hace frío o
calor?
Con frecuencia a esta pregunta se suele responder que en épocas
calurosas las dimensiones de la burbuja son mayores que en tiempo de
frío, puesto que el gas contenido en ella se expande debido al calor. No
obstante, se olvida que en semejantes condiciones el gas no puede dilatarse: se
lo impide el líquido encerrado en la ampolla. Se calientan todos los
elementos del utensilio, tanto el bastidor y el tubo de cristal como el
líquido y el gas de la burbuja. El bastidor y el tubo se dilatan muy
poco; en cambio, el líquido se dilata más que el tubo y, por
ende, deberá comprimir la burbuja.
Así que, cuando hace calor, las dimensiones de la burbuja del nivel son
menores que cuando hace frío.
122. Corrientes de aire.
He aquí un fragmento tomado de una revista técnica, que describe
las condiciones que favorecen la ventilación natural de los locales con
calefacción.
«En los locales con calefacción central las condiciones son muy
desfavorables para la ventilación natural, pues, el aire sólo
circula de arriba abajo. Por ello, en tales locales hay que dejar abierto el
postigo de la ventana durante largo tiempo o poner a funcionar ventiladores.
Todo orificio sirve para ventilar la habitación. El aire viciado,
teniendo temperatura más alta, sale por él, y el aire fresco
ocupa su lugar entrando por las rendijas de las puertas y las ventanas y aun
colándose por las paredes. Si en la habitación hay una chimenea,
la ventilación es más intensa. Al quemar leña se consume
parte del oxígeno contenido en el aire que hay en la habitación.
Los productos de combustión salen por la chimenea, y el aire fresco
entra en el cuarto ocupando su lugar.»
¿Es correcta la descripción de las corrientes de aire?
Este fragmento está redactado en la forma en que se solía razonar
hace más de trescientos años, cuando ni se sospechaba la
existencia de atmósfera, y los cuerpos de la naturaleza se clasificaban
en cuerpos pesados que se precipitan a la tierra, y ligeros, que siempre suben.
No se debe creer que el aire templado sale por el respiradero, mientras que el
aire fresco entra desde afuera en el local para ocupar su espacio, ya que el
aire templado no sube por sí mismo, sino que es desplazado hacia arriba
por el aire frío que desciende. En el fragmento citado están
confundidos la causa y el efecto.
El mismísimo Torricelli, cuya famosa experiencia puso fin al temor del
vacío, ridiculizó ingeniosamente la teoría que
sostenía que los cuerpos ligeros tienden a emerger en el ambiente. En
una de sus Lecturas Académicas dice lo siguiente:
«Un día las nereidas decidieron crear su curso de física. En lo
profundo del océano instalaron su academia y se pusieron a explicar los
fundamentos de la física, de la misma manera que solemos hacer en
nuestras escuelas los que habitamos el océano de aire. Las curiosas
nereidas echaron de ver que entre todos los objetos que ellas utilizaban bajo
el agua, unos bajaban, en tanto que otros subían. Entonces las ninfas,
ni cortas ni perezosas, sin pensar en cómo se comportarían esos
mismos objetos si se encontrasen en otros medios, dedujeron terminantemente que
unos cuerpos, por ejemplo, la tierra, las piedras y los metales son pesados,
pues bajan al fondo; otros, como el aire, la cera y la mayoría de las
plantas, son ligeros, ya que aparecen a flor de agua...
El equívoco de las jóvenes ninfas, que clasificaron de ligeros
los cuerpos que solemos catalogar entre los pesados, es bien perdonable. Me
imaginé que he nacido y crecido en un anchuroso mar de mercurio.
Enseguida se me ocurrió redactar un tratado de cuerpos pesados y
ligeros. Empecé a disertar de la manera siguiente: como vivo en lo
profundo de este mar, estoy acostumbrado a guardar todos los materiales,
excepto el oro, bien amarradas para que no emerjan en la superficie. Por tanto,
todos los cuerpos en general son ligeros y tienen la virtud natural de subir en
el agua, menos el oro que se precipita en el mercurio. Sería muy
distinta la física ideada por las salamandras (si es cierto que
éstas residen en el fuego); según ellas, todos los cuerpos,
incluido el aire, serían pesados.»
«Un libro de Aristóteles contiene la definición siguiente: se
considera pesado aquel objeto que tiende hacia abajo; y se considera ligero
aquel que tiende hacia arriba. ¿Habrá poca diferencia entre estas
definiciones y las que se atribuyen a las nereidas, que concuerdan con las
observaciones, pero no han sido rectificadas por la razón?»
Al cabo de tres siglos que transcurrieron desde entonces, no hemos logrado
superar las nociones
pretorricellianas
, pues aún se encuentran afirmaciones sobre el aire templado que «tiende
hacia arriba» y el frío que «ocupa su lugar».
123. La sartén de cobre y la sartén de hierro fundido.
¿En qué caso el guisado se achicharra más, cuando se prepara en
una sartén de cobre o en una de hierro fundido? ¿Por qué?
La conductividad térmica del hierro fundido es 7,5 veces mayor que la
del cobre; quiere decir que en una unidad de tiempo una capa de hierro fundido
transmite una cantidad de calor 7,5 veces mayor que otra de cobre del mismo
espesor, siendo la misma la diferencia de temperatura a ambos lados de la capa.
Queda claro, pues, que en una sartén de hierro fundido puesta sobre el
hornillo el guisado se achicharra más que en otra, de cobre.
124 Enmasillado de las rendijas de las ventanas.
En los países de clima frío, las ventanas de los edificios tienen
bastidores dobles para disminuir las pérdidas de calor durante el
invierno. Además, suelen enmasillar las rendijas entre los cristales y
el bastidor; no obstante, hay quien aconseja dejar sin enmasillar la rendija
superior del marco exterior de las ventanas.
Explique el fundamento físico de este consejo.
Este consejo no tiene ningún fundamento físico: si se deja sin
enmasillar alguna rendija, aumenta el escape de calor desde el interior del
local, puesto que el segundo marco encristalado colocado en las ventanas
disminuye las pérdidas de calor si el aire comprendido entre los
cristales no se comunica en absoluto con el espacio interior y el exterior.
Pero si el marco exterior tiene una rendija no enmasillada, el aire frío
exterior desplazará el menos frío que se encuentra entre los
cristales, se calentará y será desplazado a su vez por una nueva
porción de aire frío colado desde afuera. Como en este caso el
aire que ingresa, se calienta entre los cristales a expensas del calor del
local, debido al cambio de aire en el espacio entre los marcos
disminuirá la temperatura ambiente de la habitación. Cuanto mejor
estén enmasilladas las rendijas, tanto mayor será el efecto
termoaislante de los marcos de ventana.
125. En una habitación bien calentada.
El calor sólo es capaz de transmitirse de cuerpos con temperatura
más alta a otros, cuya temperatura es más baja. En una
habitación donde hace mucho calor, la temperatura del cuerpo humano es
mayor que la del ambiente.
¿Por qué tenemos calor en este caso?
La temperatura de la superficie del cuerpo humano es de 29 (las plantas de los
pies) a 35 °C (la cara), mientras que la del ambiente de las viviendas no suele
exceder los 20 °C. Por ello, nuestro cuerpo no puede recibir directamente calor
del medio circundante. ¿Por qué, pues, tenemos calor cuando nos
encontramos en una habitación?
Tenemos calor no porque nuestro cuerpo lo absorbe del ambiente, sino porque la
capa de aire que nos envuelve, lo conduce mal e impide que el cuerpo pierda
calor, o sea, disminuye sus pérdidas. La capa de aire inmediata a
nuestro cuerpo se calienta por el calor procedente de éste y es
desplazada hacia arriba por otro aire, más frío; este
último, a su vez, también se calienta y cede su lugar a otra
porción de aire, etc. Es cierto que el aire templado debe absorber menos
calor de nuestro cuerpo que el frío. Por eso tenemos calor estando en un
cuarto con buena calefacción.
126. La temperatura del agua en el fondo de un río.
¿Cuándo es más alta la temperatura del agua de la capa cercana al
fondo de un río profundo, en verano o en invierno?
Muchas veces se dice que en el fondo de ríos profundos la temperatura es
una misma, de 4 °C sobre cero durante todo el año, pues a esta
temperatura la densidad del agua es máxima. Para los estanques y lagos
de agua dulce esta afirmación es cierta. Pero en los ríos,
contrariamente a lo que se afirma, la distribución de temperaturas es
distinta.
El agua de los ríos no sólo se desplaza en el sentido
longitudinal, sino también en el transversal, aunque estas corrientes no
se advierten a simple vista. De modo que el agua se mezcla constantemente, por
lo cual su temperatura junto al fondo es la misma que junto a la superficie.
La respuesta correcta a la pregunta planteada sería la siguiente: «Cerca
del fondo del río más profundo la temperatura del agua en verano
es más alta que en invierno, en tantos grados en cuantos la del ambiente
exterior en verano es más alta que en invierno.»
127. Congelación de los ríos.
¿Por qué los ríos de corriente rápida todavía no se
congelan cuando la temperatura ambiental es de algunos grados bajo cero?
Muchos piensan que en invierno los ríos de corriente rápida se
demoran en congelarse porque las partículas de agua están en
constante movimiento. En realidad, esto no es cierto. Las moléculas de
agua siguen moviéndose aun cuando no hay corriente, con una velocidad de
varios centenares de metros por segundo, por eso un aumento de velocidad de 1 a
2 m/s no influye mucho. Además, y esto es lo más importante, el
movimiento del agua del río, tanto longitudinal como vorticial,
entremezcla considerables masas de agua, sin alterar el movimiento de unas
moléculas respecto a otras, es decir, no cambia el estado térmico
del cuerpo.
Por otra parte, el hecho de que los ríos se demoran un poco en helarse
al comenzar la época de frío, está condicionado por el
movimiento del agua, pero de una manera algo distinta de lo que se suele creer.
El agua que corre rápidamente no se congela porque se mezcla, desde el
fondo hasta la superficie, por lo que tiene una temperatura más o menos
igual. El agua cercana a la superficie, cuya temperatura ha bajado hasta cero
grado, enseguida se mezcla con las capas inferiores, que aún no se han
enfriado, a consecuencia de lo cual la temperatura de la capa superficial
vuelve a ser superior a cero. Los ríos comienzan a helarse cuando la
temperatura de toda el agua, desde la superficie hasta el fondo del río,
sea igual a cero. Mas, para ello se necesita algún tiempo, tanto mayor
cuanto más profundo es el río.
La congelación de los ríos rápidos depende del proceso de
mezclado del agua. Si el agua fluye lentamente, la corriente transversal no
arrastra hacia el fondo los cristales de hielo formados en la capa superficial;
éstos, pegándose unos a otros, cubren la superficie del agua
formando una capa sólida. Pero si la corriente es rauda, los mismos son
arrastrados hacia abajo, se pegan a los objetos que encuentran y se amontonan
estorbando la corriente y provocando inundaciones. En Siberia, el Angara,
único río que nace en el lago Baikal, de corriente rápida,
no se hiela largo tiempo a pesar de que hace muchísimo frío; en
esta época en el río se forman grandes masas de hielo que
dificultan la corriente. Pero su afluente Irkut, de corriente lenta, se congela
a una temperatura de pocos grados bajo cero. A veces, semejante fenómeno
se observa en diferentes tramos de un mismo río: si la pendiente es
notable, la corriente es rápida y no se hiela largo tiempo,
además, se amontonan fragmentos de hielo que provocan inundaciones. Si,
en cambio, la corriente es tranquila, el agua se congela prontamente.
128. La temperatura de la atmósfera
¿Por que en las capas superiores de la atmósfera hace más
frío que en las inferiores?
Respondiendo a esta pregunta se suele comentar que los rayos solares calientan
poco la atmósfera; la calienta más el calor procedente de la
superficie terrestre, gracias a la conducción del calor.
«La Tierra se calienta con los rayos solares que atraviesan el aire sin
calentarlo. Cuando inciden sobre la superficie terrestre, le transmiten su
calor. A su vez, esta última calienta la capa de aire inmediata a ella.
Por consiguiente, las capas superiores de aire están más
frías que las inferiores.»
Esta explicación fue publicada en una de las revistas de
divulgación científica como respuesta a la pregunta de uno de los
lectores: «¿Por qué en las capas superiores de la atmósfera hace
mucho frío?»
Cabe decir que el agua puesta a calentar en una cacerola se encuentra en las
mismas condiciones: este líquido recibe calor del fondo del utensilio
que conduce calor, pero sus capas superiores tienen la misma temperatura que
las inferiores. Este hecho se debe al mezclado del líquido calentado por
abajo, a la llamada convección. Si la atmósfera fuera
líquida, entonces, siendo calentada desde abajo, tendría
temperatura igual en cada uno de sus puntos. En la atmósfera gaseosa
también hay corrientes provocadas por el calentamiento: el aire
frío de las capas superiores desciende desplazando desde abajo el aire
templado, pero la temperatura no se iguala. ¿Por qué?
Uno de los libros de texto da la siguiente respuesta que parece bastante
verosímil. El aire que sube desde la superficie terrestre, realiza
trabajo merced a la energía de su reserva de calor; por ello, cada
kilogramo de aire que asciende a 427 m, debe ceder una cantidad equivalente de
calor, en este caso, 1 kcal. Si consideramos que el calor específico del
aire es de 0,25 kcal/(kg
´
grad) aproximadamente, cada 100 m de altura su temperatura debe variar en 1
°C. De hecho se observa una variación similar.
A pesar de que esta explicación concuerda con los datos reales, es del
todo errónea, pues se basa en una suposición equivocada de que el
aire realiza trabajo mientras asciende. En realidad, en este caso dicho fluido
realiza tan poco trabajo como un corcho que emerge en el agua. El corcho no se
enfría mientras sube a la superficie desde el fondo de un lago ni
realiza trabajo, sino que, por el contrario, sobre él mismo se realiza
trabajo. De la misma manera el aire sube, siendo desplazado por la corriente
fría que realiza trabajo para elevarlo a expensas de la energía
de la masa de aire frío que desciende. Además, ¿se enfría,
acaso, una bala disparada hacia arriba que realiza trabajo para subir a cierta
altura? Ni mucho menos: mientras disminuye su energía cinética,
aumenta la energía potencial, de manera que se observa el balance
energético sin que la energía mecánica se convierta en
térmica.
Ahora queda claro, por qué es errónea otra explicación del
hecho de que las capas superiores de la atmósfera tienen temperatura tan
baja: las moléculas del flujo de aire ascendente se desaceleran mientras
suben, en tanto que la disminución de su velocidad equivale a la
disminución de su temperatura. Esta conclusión también es
errónea, pero equivocadamente la hicieron suya incluso algunos
experimentadores de gran talla, aunque Maxwell en su
Theory of Heat
prevenía de ella.
«La gravedad decía éste, no influye de ninguna manera en la
distribución de temperaturas en la columna de aire.» No debemos hacer
caso omiso del hecho de que merced a la gravedad todas las moléculas del
gas se desplazan de un modo estrictamente igual, sin alterar la posición
de unas respecto a otras: se trata pues, de su traslado paralelo. Por esta
razón, el movimiento de una molécula respecto de otras no
varía bajo el efecto de la gravedad, lo mismo que al trasladar un
recipiente lleno de gas de un lugar a otro. El movimiento térmico de las
moléculas no cambia, por ello, tampoco puede cambiar la temperatura del
gas.
En realidad, las corrientes ascendentes de aire se enfrían a
consecuencia de su expansión adiabática. A1 mezclarse con las
capas superiores de la atmósfera, cada vez más enrarecidas, el
aire realiza trabajo de expansión a expensas de su reserva de calor.
Cuando el gas cambia de estado variando también su presión sin
recibir energía desde afuera (y sin cederla al medio exterior), se dice
que semejante cambio de estado es adiabático.
En términos cuantitativos, hay que examinar este fenómeno de la
manera siguiente. Si junto a la superficie terrestre la temperatura del aire es
T
o
y a la altura h es T
h
, mientras que la presión barométrica es P
o
y P
h
, respectivamente, el descenso de la temperatura a la altura h vendrá
dado por la expresión siguiente:
Aquí, k es la razón de la capacidad calorífica del gas a
volumen constante con respecto a su capacidad calorífica bajo
presión constante; para el aire k = 1,4, por consiguiente,
(k -1)/k = 0,29.
Por ejemplo, vamos a calcular el descenso de la temperatura del aire a la misma
altura de 5,5 km, donde la presión barométrica es dos veces menor
que junto a la superficie terrestre. Para simplificar, vamos a examinar el
ascenso de una masa de aire seco. Tenemos, pues, la expresión que sigue:
de donde
Si junto a la superficie terrestre la temperatura es de 17°C, o 290° K, entonces
T
h
= 0,78
´
290 = 226°K
Esta magnitud equivale a -49°C, es decir, corresponde a 1°C aproximadamente por
cada 100 m de altura.
La presencia del vapor de agua modifica el cálculo que acabamos de
exponer: el descenso de temperatura por cada 100 m de altura, igual a 1 grado
centígrado para el aire seco, disminuye casi en 0,5 grado si el aire
contiene vapor de agua.
Así pues, en el seno de la atmósfera calentada por abajo, la
mezcla de masas de aire no puede igualar su temperatura: el aire que asciende,
se enfría a consecuencia de la expansión adiabática,
mientras que el que desciende, se calienta debido a la compresión
adiabática. Por esta razón, las capas superiores de la
atmósfera tienen una temperatura menor que las cercanas a la superficie
terrestre.
129. Intensidad de calentamiento.
¿Se necesita más tiempo para calentar el agua con un mechero de gas de
10 a 20 grados centígrados o de 90 a 100 grados?
Observando el calentamiento del agua con un reloj en la mano, es fácil
cerciorarse de que el agua tarda más en calentarse de 90 a 100°C que de
10 a 20°C; y eso que la cantidad de agua disminuye constantemente a
consecuencia de la evaporación. Este enigma se descifra de la siguiente
manera: el calor de la llama no sólo se invierte en la
evaporación intensa de líquido, sino también se disipa en
el ambiente debido a la emisión de calor. A temperaturas altas (de 90 a
100°C) el agua emite mayor cantidad de energía que a temperaturas bajas
(de 10 a 20°C). Por ello, a pesar de que el agua recibe uniformemente calor, su
temperatura aumentará tanto más despacio cuanto más
caliente esté el líquido.
130. La temperatura de la llama de una vela.
¿Qué temperatura tendrá la llama de una vela esteárica?
(un ácido graso sólido orgánico blanco de apariencia
cristalina. No es soluble en agua, pero sí en alcohol y éter)
Estamos propensos a subestimar la temperatura de las fuentes de luz tan
«modestas» como la llama de una vela ordinaria. Por eso, muchos se
sorprenderán al enterarse de que la llama de una vela tiene una
temperatura de 1600° C (según estableció O. Lummer con arreglo a
la ley de desplazamiento de Wien).
131. Los clavos y la llama.
¿Por qué los clavos no se funden en la llama de una vela?
Comúnmente se suele responder de la siguiente manera: « Pues, porque la
llama de una vela no produce suficiente calor». Pero si acabamos de averiguar
que la temperatura de la llama de la vela es de 1600°C, es decir, supera en
100° la de fusión del hierro. Resulta, pues, que la llama de la vela da
suficiente calor; no obstante, es incapaz de fundir dicho metal.
La causa de esto consiste en que al mismo tiempo que el clavo recibe calor de
la llama, lo emite al medio ambiente. Cuanto más sube la temperatura del
objeto que se calienta, tanto más intensa es la pérdida de calor;
finalmente, en cierto momento la emisión y el suministro de calor se
igualan, por lo cual deja de aumentar la temperatura del objeto sometido al
calentamiento.
Si la llama, más exactamente, su parte más caliente, envolviera
todo el clavo, durante el calentamiento la temperatura máxima de dicho
objeto sería igual a la de la llama, y éste se fundiría.
Como la llama sólo envuelve parte del clavo, mientras que el resto emite
calor, el ingreso y la pérdida de calor se igualarán mucho antes
de que la temperatura del metal se iguale con la de la llama, y aun con la de
fusión del hierro.
De modo que el clavo no se funde en la llama de la vela porque ésta no
lo envuelve enteramente, y no porque produce poco calor.
132. Calentamiento del agua en tres estados.
¿Qué es más fácil de calentar en una misma cantidad de
grados, 1 kg de agua líquida, 1 kg de hielo o 1 kg de vapor de agua?
Lo más fácil es calentar el vapor de agua (su calor
específico es de 0,46 kcal/(kg
´
grad)) y luego el hielo (de calor específico igual a 0,505 kcal/(kg
´
grad)); la mayor cantidad de calor se necesita para calentar el agua
líquida.
133. Calentamiento de un centímetro cúbico de cobre
¿Qué cantidad de calor se necesita para calentar en 1 grado
centígrado 1 cm de cobre (de calor específico ~ 0,1)?
A la pregunta sobre la cantidad de calor que se requiere para calentar en un
grado 1 cm
3
de cobre, a veces se suele responder equivocadamente: 0,1 cal, o sea, lo que
vale el calor específico de este metal, olvidando que el calor
específico no se refiere a la unidad de volumen, sino a la unidad de
masa, es decir, no corresponde a 1 cm
3
, sino a 1 g. Para calentar en un grado 1 cm
3
de cobre (cuya densidad es de 9 g/cm
3
) se necesita 0,9 cal en vez de 0,1 cal.
134. Los cuerpos de calor específico más elevado
a) ¿Qué sólido necesita la mayor cantidad de calor para su
calentamiento?
b) ¿Qué líquido necesita la mayor cantidad de calor para su
calentamiento?
c) ¿Qué sustancia necesita la mayor cantidad de calor para su
calentamiento?
a) Entre los sólidos, el que mayor cantidad de calor necesita para ser
calentado, es el metal litio: su calor específico de 1,04 kcal/(kg
´
grad) es dos veces mayor que el del hielo.
b) Entre los líquidos, el mayor calor específico lo tiene el
hidrógeno líquido (6,4 kcal/(kg
´
grad)), y no el agua, como se suele creer las más de las veces. El
calor específico del amoníaco licuado también es mayor que
el del agua (aunque no lo supera mucho).
c) Entre los cuerpos de la naturaleza, sólidos, líquidos y
gaseosos, el que mayor cantidad de calor requiere para ser calentado, es el
hidrógeno. El calor específico de esta sustancia al estado
gaseoso (a presión constante) es de 3,4, y al estado líquido, de
6,4 kcal/(kg
´
grad). El calor específico del helio al estado gaseoso (1,25 kcal/(kg
´
grad)) es más elevado que el del agua.
135. El calor específico de los alimentos
Para conservar los alimentos en frío se necesita conocer su calor
específico. ¿Conoce usted el calor específico de la carne, el
huevo, el pescado y la leche?
He aquí los datos relativos al poder calorífico (en kcal/kg) de
los alimentos enumerados al plantear el problema: carne 1797, pescado 836,
huevo 1649 y leche 668.
136. El metal más fusible.
¿Cuál de los metales que se mantienen sólidos a temperatura
ambiente, se funde más fácilmente?
Entre las aleaciones que se encuentran en estado sólido a temperatura
ambiente, es muy fusible la aleación de Wood que consta de estaño
(4 partes), plomo (8 partes), bismuto (15 partes) y cadmio (4 partes) y funde a
70 °C. Además, existe otra aleación, más fusible
aún, que también debe su nombre a su inventor Lipowitz;
ésta contiene menor cantidad de cadmio que la de Wood (3 partes en vez
de 4) y funde a 60°C.
No obstante, estas aleaciones no ocupan el primer lugar entre los metales
más fusibles. El metal galio funde a una temperatura menor aún, a
30 °C, es decir, se derruiría en la boca de la persona, por decirlo
así. El galio es el elemento 31 de la tabla de Mendeléev,
«pronosticado» por D. Mendeléev en 1870 y descubierto por P.E. Lecoq de
Boisbaudran en 1875.
El galio se utiliza fundamentalmente en los termómetros en vez del
mercurio; su fusión empieza a 30 °C y la ebullición, sólo
a 2300°C, es decir, este elemento permanece en estado líquido en un
intervalo de temperatura muy amplio de 30 a 2300°C. Como existen marcas de
vidrio de cuarzo que funden a 3000°C, técnicamente es posible fabricar
termómetros de galio. Ya se fabrican termómetros de galio para
temperaturas de hasta 1500°C.
137. El metal más refractario
Cite el metal más refractario.
Hace mucho que el platino, cuya temperatura de fusión es de 1800°C, ha
dejado de ocupar el primer puesto entre los metales refractarios. Se conocen
metales cuyas temperaturas de fusión superan en 500 ó 1000 grados
la e1 platino. Entre ellos figuran el iridio (2350°C), el osmio 1700°C), el
tantalio (2800°C) y el tungsteno (3400°C).
El tungsteno es el metal más difícilmente fusible entre los que
se conocen (se emplea para los filamentos de lámparas de incandescencia).
138. Calentamiento del acero
¿Por qué se destruye el entramado de acero de los edificios durante el
incendio, aunque este metal no se inflama ni se funde por las llamas?
Las barras de acero se vuelven menos resistentes cuando sufren la acción
de una temperatura muy alta. A los 500°C su resistencia a la rotura es dos
veces menor que a 0°C; a los 600°C es tres veces menor; a los 700°C disminuye
casi siete veces. (He aquí datos más exactos: si adoptamos por
unidad su resistencia a 0°C, entonces la resistencia a 500°C valdrá
0,45; a 600°C, 0,3; a 700°C, 0,15.) Por esta razón, durante los
incendios las estructuras de acero se desploman bajo la acción de su
peso.
139. Una botella de agua colocada dentro de trozos de hielo.
a) ¿Se podría colocar una botella tapada llena de agua dentro de una
masa de hielo en derretimiento sin temor a que se rompa?
b) Una botella llena de agua se encuentra dentro de una masa de hielo a 0 °C, y
otra, dentro de agua a la misma temperatura. ¿En cuál de las botellas el
agua se congelará antes?
a) Si se congelara el agua contenida en la botella, el vidrio se
rompería a consecuencia de la dilatación del hielo. No obstante,
en las condiciones especificadas el agua no se helará. Para ello no
sólo habría que reducir la temperatura hasta 0°C, sino
también haría falta disminuir el calor latente de fusión
en 80 calorías por cada gramo de agua que se congela. El hielo, dentro
del cual se encuentra la botella, tiene una temperatura de 0°C (se derrite) y,
por consiguiente, el agua no transmitirá calor al hielo: la
transmisión de calor es imposible cuando las temperaturas son iguales.
Como el agua no cede calor a 0°C, permanecerá en estado líquido.
Por ello, no hay que temer que la botella se rompa.
b) El agua no se congelará en ninguna de las botellas. En ambos casos la
temperatura es de 0°C, por consiguiente, el agua contenida en la botella se
enfriará hasta 0°C, pero no se helará, pues no podrá ceder
calor latente de fusión al ambiente: si los cuerpos tienen temperaturas
iguales, no intercambian calor.
140. El hielo en el agua.
¿Podría sumergirse por sí mismo el hielo en el agua a 0°C?
Como a 0°C el hielo tiene un peso específico de 0,917, en las
condiciones normales se sostiene en la superficie del agua. Pero durante el
calentamiento disminuye el de esta última: por ejemplo, a 100 °C
equivale a 0,96 g/cm
3
, por lo cual en este caso el hielo que se derrite, continuará
flotando. Si seguimos calentando el líquido (a presión elevada),
a los 150 °C su peso será de 0,917, de modo que el hielo podrá
permanecer por debajo del nivel de su superficie, sin bajar ni subir. A los 200
°C el agua tendrá una densidad de 0,86 g/cm
3
, es decir, menor que la del hielo, por lo cual éste se hundirá.
Cabe señalar que en condiciones normales el hielo es una de las
variedades del agua sólida; en otras condiciones (cuando varía la
presión) se forman otras variedades de hielo cuyas propiedades son
distintas. Realizando experimentos sobre las propiedades de diversos cuerpos
sometidos a una presión bastante alta (de hasta 30.000 at), el
físico inglés Bridgman descubrió seis variedades
diferentes de hielo y las designó con números: hielo I, hielo II,
etc. El hielo I es más ligero que el agua en un 10 ó en un 14%.
Las otras cinco variedades son más densas que esta última: el
hielo II, en el 22 %; el hielo III, en el 3 %; el hielo IV, en el 12 %, el
hielo V, en el 8 % y el hielo VI, en el 12%.
Por consiguiente, entre las seis variedades de hielo sólo una flota en
el agua, mientras que las demás se hunden.
141. El hielo
La explicación que se da al hecho de que la superficie del hielo es
resbaladiza es que su punto de fusión desciende al aumentar la
presión. Se sabe que para disminuir en un grado centígrado el
punto de fusión del hielo hay que crear una presión de 130 at.
Por ello, para poder patinar a la temperatura de 5 °C bajo cero, el deportista
debe ejercer sobre el hielo una presión de 5 · 130 = 650 at. No
obstante, la superficie de contacto entre el patín y el hielo no mide
menos de unos cuantos centímetros cuadrados, de modo que a 1 cm le
corresponden no más de 10 a 20 kg de la masa del patinador. Por
consiguiente, la presión que éste ejerce sobre el hielo, es
muchas veces menor que la necesaria para disminuir el punto de fusión
del hielo en 5°.
¿Cómo explicaría usted el hecho de que a 5 °C bajo cero y a
más baja temperatura es posible patinar?
La diferencia entre la explicación del fenómeno y el resultado
del cálculo se debe a las dimensiones exageradas de la superficie de
contacto entre el patín y el hielo. No toda la superficie del
patín está en contacto con el hielo, sino algunos de sus puntos,
cuya área total no debe de superar 0,1 cm
2
(es decir, 10 mm
2
). En este caso la presión que el patinador (de 60 kg de peso) ejerce
sobre el hielo, no será menor de 60 : 0,1 = 600 kgf/cm
2
, es decir, no será inferior a la magnitud que se requiere para que,
conforme a la teoría, disminuya la temperatura, a la cual el hielo
empieza a derretirse.
Si el frío es muy intenso, la presión de los patines será
insuficiente para reducir la temperatura de fusión del hielo hasta el
valor requerido; en este caso el patinaje se dificultará, puesto que
aumentará notablemente la fricción por falta del agua que sirve
de engrase.
142. Disminución del punto de fusión del hielo.
¿Hasta qué temperatura es posible disminuir el punto de fusión
del hielo elevando mucho la presión?
El punto de fusión del hielo disminuye en 1/130 de grado cuando la
presión ambiente aumenta en una atmósfera. Pero no se piense que
el hielo empezará a derretirse a una presión suficiente, por muy
baja que sea la temperatura. Cuando se eleva la presión, el punto de
fusión del hielo disminuye hasta cierto límite: es imposible
reducirlo más de 22 grados; esto se lograría a la presión
de 2200 at.
Así pues, por más que se eleve la presión, el hielo no se
derretirá a una temperatura menor de 22 °C bajo cero; es imposible
patinar sin dificultad alguna cuando la temperatura baja hasta ese valor, ya
que a la presión de 2200 at el hielo se torna más denso que de
ordinario y, por consiguiente, ocupa menos espacio: la presión ya no
contribuye a su derretimiento.
143. El «hielo seco».
¿Sabe usted qué es el «hielo seco»?
En la técnica, por «hielo seco», o «nieve carbónica», se entiende
el anhídrido carbónico sólido. Si se deja salir
anhídrido carbónico líquido de una botella a
presión muy alta (de 70 at) al aire libre, empieza a evaporarse tan
intensamente que su resto se congela (por el frío engendrado durante la
evaporación) formando una masa suelta como la nieve. Al prensarla, se
compacta tomando forma muy parecida al hielo.
|
|
A la izquierda: anhídrido carbónico contenido en una botella de
acero de paredes gruesas; encima están sus vapores. Más a la
derecha: cuando se abre la válvula el líquido comienza a bullir a
consecuencia del descenso de presión. A la derecha arriba: la botella
está inclinada para verter anhídrido carbónico en un saco
atado al grifo. A la derecha abajo: el saco queda envuelto en una nube de
vapores de anhídrido carbónico condensados; dentro del mismo se
encuentra anhídrido carbónico congelado.
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El «hielo» carbónico posee una propiedad notable: no se derrite cuando
se calienta, sino que inmediatamente se convierte en gas sin pasar por la fase
líquida. Esta propiedad proporciona una gran ventaja al utilizarlo para
enfriar los productos de fácil deterioro: el «hielo seco» no moja y ni
siquiera humedece los productos mientras se evapora. De aquí proviene su
nombre.
Otra ventaja del «hielo» carbónico ante el ordinario consiste en que
proporciona unas quince veces más frío que este último.
Además, se evapora muy lentamente; un vagón de frutas, enfriado
mediante «hielo seco», puede estar en camino durante diez días sin
cambiar ni reponer la reserva de anhídrido carbónico.
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El anhídrido carbónico congelado formas una masa parecida a la
nieve; después de prensarla se obtiene «hielo seco»
|
El efecto refrigerante del «hielo seco» se debe a su temperatura muy baja (-
80°C); además, el gas que se forma al sublimarlo, también es
bastante frío (0°C): el «manto» gaseoso que envuelve el anhídrido
carbónico sólido, ralentiza el deshielo. El gas carbónico
no contamina en absoluto el producto, además, disminuye
considerablemente el peligro de incendios impidiendo la propagación del
fuego.
144. El color del vapor de agua.
¿De qué color es el vapor de agua?
La mayoría de las personas están seguras de que el vapor de agua
es de color blanco, y se asombran mucho al oír que esto no es
así. De hecho, el vapor de agua es absolutamente transparente e
invisible y, por consiguiente, es incoloro. La niebla blanquecina que se suele
llamar «vapor» no es vapor en el sentido físico de la palabra, sino agua
pulverizada que tiene forma de gotitas pequeñísimas. Las nubes
tampoco constan de vapor de agua, se componen de diminutas gotitas de
líquido.
145. La ebullición del agua.
¿Qué agua, sin hervir o hervida, empieza a hervir antes que la otra bajo
condiciones iguales?
El agua no hervida empezará a bullir antes, pues contiene aire disuelto.
Para explicar, por qué el aire presente en el agua acelera la
ebullición, hay que examinar algunos detalles. Helos aquí.
La ebullición, a diferencia de la evaporación, consiste en que
aparecen burbujas de vapor en el seno del líquido que se calienta. Esto
sólo es posible cuando la presión del vapor supera la
presión atmosférica sobre la superficie de líquido, que se
transmite a su interior con arreglo a la ley de Pascal.
Consta que a los 100°C la presión del vapor de agua saturante es igual a
la atmosférica. No obstante, esto sólo se refiere al caso cuando
el vapor satura el espacio encima de la superficie del agua plana. En el seno
de la burbuja que se forma en el agua, la presión del vapor saturado
debe ser menor que la atmosférica, es decir, menor que junto a la
superficie del agua plana a la misma temperatura. La causa de este
fenómeno consiste en que la superficie cóncava de líquido
vuelve a captar fácilmente las moléculas desprendidas de ella.
Por consiguiente, cuando hay relativamente pocas moléculas liberadas, la
cantidad de moléculas que se liberan cada segundo dentro de la burbuja
debe equivaler a la de moléculas capturadas. Se trata, pues, del estado
de saturación, cuando un espacio dado contiene, a una temperatura
determinada, la cantidad máxima de vapor, y cuando la presión del
vapor también es máxima. De modo que queda claro que la
presión máxima del vapor en el seno de la burbuja es menor que
encima de la superficie del agua plana, donde equivale a la atmosférica.
Cuanto más cóncava es la superficie de agua, es decir, cuanto
menor es el radio de la burbuja, tanto menor será la presión
máxima del vapor. Por ejemplo, dentro de una burbuja de 0,01 mm de
radio, a los 100 °C la presión del vapor saturante es de 750 mm de
mercurio en vez de 760 mm de mercurio.
Resulta, pues, que el agua no debe empezar a bullir a los 100 °C, como
establece la teoría, sino a una temperatura mayor, es decir, cuando el
vapor cree en el agua una presión más alta, igual a la
atmosférica. Por esta razón, el agua hervida previamente, que ya
no contiene aire disuelto, tarda más en empezar a bullir. En cambio, la
ebullición dura menos, se desprende mayor cantidad de vapor, y el agua
tarda poco tiempo en calentarse hasta la temperatura normal de
ebullición (100°C) a consecuencia del consumo intenso de calor para la
evaporación.
La ebullición del agua sin hervir que contiene aire disuelto transcurre
de una manera distinta. Como la solubilidad de los gases disminuye al aumentar
la temperatura, el exceso de aire debe desprenderse del líquido que se
calienta. Precisamente este aire forma burbujas. Los primeros glóbulos
que aparecen en el agua sin hervir durante el calentamiento, no contienen
vapor, sino aire, y sólo poco rato después empiezan a
desprenderse de su superficie interna moléculas de vapor de agua. Hay
que tener en cuenta que a las primeras burbujas de vapor, las más
pequeñas, les cuesta más trabajo formarse, puesto que la
presión del vapor de agua en ellas es muy reducida. Cuando terminan
estas dificultades, es decir, cuando de una u otra forma aparecen burbujas, se
facilita considerablemente el proceso de formación de vapor en ellas, y
su tamaño aumenta. Este hecho explica, por qué el agua no hervida
con aire disuelto no tarda tanto en empezar a hervir como la hervida
previamente.
Maxwell logró sobrecalentar hasta 180 °C (a presión normal y
creando ciertas condiciones complementarias) agua, de la cual había
extraído, en la medida de lo posible, aire disuelto. Tal vez eliminando
más aire, lograría calentarla hasta una temperatura mayor, sin
que dejase de ser líquida.
146. Calentamiento mediante el vapor.
¿Sería posible calentar el agua mediante vapor de 100 °C hasta que
empiece a hervir?
El vapor calentado hasta 100°C puede ceder calor al agua siempre que la
temperatura de ésta sea inferior a los 100°C. A partir del instante en
que se igualan las temperaturas del vapor y el agua, el primero deja de
transmitir calor a la segunda. Por ello, es posible calentar agua hasta 100°C
mediante el vapor que tiene esa misma temperatura, pero éste no
podrá transmitirle la cantidad de calor necesaria para pasar al estado
gaseoso.
Por consiguiente, se puede calentar agua hasta la temperatura de
ebullición mediante el vapor, cuya temperatura es de 100°C, más
es imposible lograr que empiece a hervir: seguirá en estado
líquido.
147. Una tetera con agua hirviendo sobre la palma de la mano
Hay quien dice que se puede poner una tetera metálica, recién
retirada del hornillo, sobre la palma de la mano sin que esto provoque una
quemadura, a pesar de que el agua sigue hirviendo. La mano empieza a sentir
calor sólo después de algunos segundos.
¿Cómo explicaría usted este fenómeno?
|
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Un experimento menos peligroso de lo que parece ser
|
Se suele interpretar equivocadamente el hecho descrito al plantear el problema,
aunque, de por sí, es cierto. Generalmente se cree que la mano no siente
el calor de la tetera con agua hirviendo porque parte considerable se consume
para continuar la ebullición. El calor necesario para la
ebullición se toma de las paredes del recipiente, en particular, de su
fondo, debido a lo cual desciende la temperatura de este último. Cuando
cesa la ebullición, el fondo deja de transmitir su calor al agua, y la
mano empieza a sentir calor.
Esta explicación es errónea, pues no aclara por qué las
paredes laterales queman más que el fondo; además, no considera
el hecho de que a consecuencia de la evaporación el fondo de la tetera
no puede tener una temperatura menor que el agua contenida en ella; en este
caso la temperatura del agua es de unos 100 °C, o sea, es suficiente para
quemar la mano.
La causa real de este fenómeno consiste en lo siguiente: la humedad (el
sudor) de la palma de la mano entra en contacto con el fondo de la tetera,
pasando al llamado «estado esferoidal»; en un primer instante después de
retirar la vasija del hornillo, el fondo tiene calor suficiente para ello. Mas,
cuando su temperatura está por debajo de 150°C, ya no hay humedad que se
encuentre en estado esferoidal, por lo cual el calor se siente más.
Este experimento se lleva a cabo con éxito siempre que el fondo de la
tetera sea liso y no esté ensuciado, pues la rugosidad de la superficie
metálica y la suciedad estorban que haya humedad en estado esferoidal.
148. ¿Prefiere usted comida frita o cocidas
¿Por qué la comida frita es más sabrosa que la cocida?
La comida frita sabe mejor que la cocida no sólo porque se le
añade aceite o grasa, sino fundamentalmente porque la freidura y el
cocimiento tienen sus particularidades físicas. Tanto el agua como la
grasa no se calientan por encima de la temperatura de su ebullición. La
primera hierve a 100°C, mientras que la segunda a 200°C. Por consiguiente, para
freír se necesita una temperatura más alta que para cocer. A su
vez, un calentamiento más intenso de las sustancias orgánicas
contenidas en la comida provoca en ellas transformaciones que mejoran su sabor.
Por eso la carne frita sabe mejor que la cocida, así como el huevo frito
es más sabroso que el duro, etc.
149. El huevo caliente en la mano
¿Por qué no quema la mano un huevo recién sacado del agua
hirviendo?
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Un huevo recién sacado del agua hirviendo no abrasa la mano
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Al sacar un huevo del agua hirviendo, su cáscara aún está
húmeda y muy caliente. El agua que se evapora de la superficie caliente,
la enfría, por lo cual el calor no se siente mucho. Pero este efecto
sólo tiene lugar en los primeros instantes, mientras el huevo se seca,
después de lo cual su elevada temperatura empieza a sentirse.
150. El principio de la pared fría
El traductor de un tratado de astronomía se topó en el texto con
el término «principio de la pared fría». A1 consultar numerosos
libros de física no encontró semejante término. ¿Sabe
usted, en qué consiste este principio?
Cuando el traductor del libro me pidió que le explicara el «principio de
la pared fría», tardé mucho en encontrar este término. Por
fin lo localicé en un libro de texto traducido del francés, que
hoy día es difícil de encontrar. He aquí lo que dice al
respecto:
«Principio de Watt, o principio de la pared fría. Supongamos que tenemos
dos recipientes: el recipiente A contiene agua a 100° C y el B, a 0 °C.
Mientras no se comunican, tienen diferente tensión del vapor: en B la
tensión es de 4,6 mm de mercurio y en A, de 760 mm de mercurio.
|
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Experimento que explica el « principio de la pared fría»
|
Pero cuando se abre la llave C, el vapor de A entra en B y enseguida se
convierte en agua; por ello, la presión del vapor del recipiente A no
puede superar la de B. Se trasvasa vapor de A a B sin aumentar la
tensión del vapor en este último. He aquí el principio
formulado por primera vez por J. Watt:
"Si se comunican dos recipientes que contienen un mismo líquido a
temperatura diferente, tendrán igual tensión de vapor,
equivalente a la máxima que se registra a la temperatura más baja
de estas dos."
Si el lector tiene alguna noción del instrumento físico llamado
"crióforo", muy sencillo e ilustrativo, sabrá qué es el
"principio de la pared fría", puesto que su acción está
basada precisamente sobre dicho principio. El crióforo consta de dos
bolas de vidrio huecas unidas mediante un tubo.
|
|
El crióforo: cuando se enfría el recipiente inferior, se congela
el agua contenida en el superior
|
Dentro de este dispositivo hay un poco de agua con vapor encima de ella, y no
hay aire. Al trasegar agua a la bola superior, la inferior se coloca en una
mezcla refrigerante. Con arreglo al "principio de la pared fría", en el
recipiente superior encima del agua debe establecerse la presión baja
del otro, metido dentro de la mezcla refrigerante. Como la presión es
reducida, el agua empieza a hervir, mientras que el vapor que se forma en este
caso se condensa en la bola inferior enfriada; la ebullición es tan
enérgica y la pérdida de calor a consecuencia de la
evaporación es tan intensa que se congela, el agua del recipiente
superior, aunque no está en el seno del hielo.
J. Watt aprovechó este principio para construir su "refrigerador": el
vapor de escape contenido en el cilindro se dirige por sí mismo al
refrigerador y se condensa en él. Antes de J. Watt, en la máquina
de Newcommen, para condensar el vapor agotado se inyectaba agua fría en
el cilindro, enfriando de esta manera no sólo el vapor, sino
también las paredes del cilindro, sin lo cual el vapor no se condensaba;
durante la carrera siguiente del émbolo, en el cilindro enfriado se
inyectaba vapor caliente, cuyas primeras porciones se condensaban en las
paredes hasta que la temperatura del cilindro se igualaba con la del vapor en
la caldera. Queda claro, pues, que semejante procedimiento de
condensación del vapor no era muy económico, por cuanto se
consumían grandes cantidades de vapor y agua fría, para lo cual
se gastaba mucho carbón. Es por eso que las máquinas anteriores a
la de Watt tenían un rendimiento tan bajo, sólo del 0,3 %. Este
inventor utilizó, entre otros adelantos, el condensador cuyo
funcionamiento se basaba en el "principio de la pared fría", descubierto
por él mismo: el vapor abandona por sí mismo el cilindro dejando
calientes sus paredes y enfriándose fuera de él, en el
condensador.»
Por cierto, al lector le interesará saber de qué manera se
aplicará en la astronomía este principio que, al parecer,
sólo tiene aplicaciones mecánicas. No obstante, este principio es
fundamental al resolver problemas relacionados con la revolución de los
planetas más cercanos al Sol, o sea, Mercurio y Venus.
Orbitando al Sol, Mercurio siempre le presenta la misma cara, por lo cual en
ese planeta el «día» equivale al «año». En su cara siempre
iluminada por los rayos solares, hay un día eterno y un intenso calor,
mientras que en la cara opuesta, siempre sumida en las tinieblas del Universo,
reinan una noche infinita y un intenso frío de - 264 °C, casi lo mismo
que en el espacio. En la mitad fría de Mercurio la atmósfera debe
condensarse y congelarse, aunque consista en hidrógeno. Pero,
según el principio de Watt, a esta «pared fría» del planeta debe
afluir la atmósfera del hemisferio diurno, donde se establece la
presión reducida que se registra en la atmósfera licuada del
hemisferio frío. Además, la parte de la atmósfera que se
traslada de esa manera, también se condensa a consecuencia de la
temperatura tan baja. Este proceso ha de continuar hasta que toda la
atmósfera del planeta se desplace a la cara fría. Por
consiguiente, Mercurio no puede tener atmósfera gaseosa, lo cual se
deriva irrefutablemente del «principio de la pared fría», siendo iguales
los períodos de giro del planeta sobre su eje y el de revolución
en torno al Sol.
Los astrónomos no tienen opinión unánime en cuanto a la
duración de los respectivos períodos de Venus. Unos consideran
que en este planeta el «día» dura lo mismo que el «año» como en
Mercurio. Según otros, el período de rotación venusiano,
es decir, su «día» vale menos que el «año». El referido principio
de la pared fría redunda en beneficio de este segundo grupo de
astrónomos, pues las observaciones directas de Venus han permitido
establecer que tiene atmósfera: si su «día» y «año» fueran
iguales, la atmósfera de dicho planeta correría la misma suerte
que la de su vecino Mercurio.
El «principio de la pared fría» también echa por tierra la
suposiciones de Herbert Wells de que la Luna pudiera tener atmósfera,
enunciada en su ingeniosa novela Los primeros hombres en la Luna. El novelista
supone que de noche su atmósfera se congela y de día se derrite y
evapora
volviendo a ser gaseosa. Pero ya sabemos que es imposible que en un hemisferio
de dicho cuerpo celeste haya un gas licuado y en el otro, la misma sustancia,
pero en estado gaseoso.
151. El poder calorífico de la leña
¿Qué leña da más calor, de abedul o de álamo
temblón (si se queman cantidades iguales de leña igualmente seca)?
Generalmente se piensa que la leña de abedul da más calor que la
de pino y, en especial, que la de álamo temblón. Esto es cierto
si se comparan volúmenes iguales: al quemar totalmente un leño de
abedul, se obtiene más calor que quemando otro, de álamo
temblón, de las mismas dimensiones. No obstante, en física y en
técnica, al estimar el poder calorífico del combustible, se
comparan las masas y no los volúmenes. Como la madera del abedul es 1,5
veces más densa que la del álamo temblón, no nos debe
sorprender el hecho de que el poder calorífico de la leña de
abedul es igual que el de la otra especie de madera. En general, cuando se
quema un kilogramo de leña de cualquier especie de madera se obtiene una
misma cantidad de calor (siempre que sea igual el porcentaje de humedad
contenida en ellas).
Así pues, nos parece que la madera de abedul tiene mayor poder
calorífico que la de álamo temblón porque comparamos masas
desiguales de estos combustibles quemando mayor cantidad de una de ellas.
Si las diferentes especies de madera, de igual masa, producen iguales
cantidades de calor, no serán completamente equivalentes como
combustible. Cuando se utilizan calderas de vapor, no sólo importa el
poder calorífico del combustible, sino también la velocidad con
que se quema. En tiempos lejanos, cuando en las fábricas de vidrio se
empleaban tales calderas, se prefería la leña de álamo
temblón o de pino, que se quema más rápidamente que la de
las demás especies. En las chimeneas y estufas que sirven para calentar
las habitaciones, la leña de especies más densas calienta mejor
que la de otras, de menor densidad, que tardan menos en quemarse.
152. El poder calorífico de la pólvora y del queroseno.
¿Qué agente tiene mayor potencia calorífica, la pólvora o
el queroseno?
Sería erróneo suponer que el efecto violento de los explosivos se
debe a la enorme cantidad de energía de dichas sustancias, es decir, a
su elevado poder calorífico, el cual, en muchos tipos de explosivos, es
sorprendentemente pequeño en comparación con el poder
calorífico de muchas clases de combustible industrial, como son,
Al quemar 1 kg de:
Pólvora negra
Pólvora de piroxilina
Cordita
|
Se obtiene
700 cal
960 cal
1200 a 1400 cal
|
He aquí el poder calorífico de algunos tipos de combustible
industrial:
Queroseno y gasolina
Petróleo
Carbón
Leña seca
|
11.000 cal
10.500 cal
7.000 cal
3.100 cal
|
Pero no se debe comparar en forma directa estos datos con los anteriores: hay
que tener en cuenta que durante la quema de los explosivos sólo se
consume el oxígeno contenido en ellos, mientras que en el caso de los
combustibles convencionales se consume el del medio ambiente. Al relacionar el
número de calorías con la masa del combustible, hay que incluir
también la de oxígeno que se consume durante su quema. Esta masa
adicional supera 2 ó 3 veces la del combustible. Por ejemplo, para
quemar 1 kg de carbón se consumen 2,2 kg de oxígeno (éste
es un cálculo teórico; en la práctica la cifra es mayor),
1 kg de petróleo consume 2,8 kg de oxígeno, etc.
Mas, las cifras relativas al poder calorífico de los combustibles
superan los datos que caracterizan el de los explosivos, aunque se corrijan
correspondientemente. Sería un despilfarro calentar las estufas quemando
pólvora, pues esta sustancia produce tres veces menos calor que la hulla.
Por ello, naturalmente surge la pregunta siguiente: si los explosivos contienen
cantidades no muy grandes de energía, ¿cómo se podría
explicar el terrible efecto destructor que producen? éste se explica
únicamente por la rapidez de combustión, es decir, por el hecho
de que una cantidad relativamente pequeña de energía se libera en
un intervalo de tiempo muy corto. Durante la quema de los explosivos se forma
gran cantidad de gases que, encerrados en un recinto de volumen reducido,
empujan el proyectil con una presión de 4000 atmósferas.
Si la combustión de la pólvora fuera lenta, en el tiempo
necesario para salir el proyectil por la boca del cañón, se
quemaría una parte pequeña de la carga y se formarían
pocos gases, por lo cual su presión y la velocidad del proyectil
serían insuficientes. Pero de hecho la pólvora se quema en el
cañón casi instantáneamente. En menos que una
centésima de segundo la carga se quema totalmente y los gases proyectan
la bala con una fuerza enorme.
153. ¿Qué potencia luminosa tiene una cerilla?
No se trata de una broma, sino de un problema bastante serio de la
física. Durante la combustión se libera energía.
¿Cuántos julios de energía se obtienen cada segundo quemando una
cerilla?
En otras palabras, ¿cuál es la potencia de una cerilla en vatios?
Como ve, este problema no tiene nada de broma.
No se crea, pues, que la energía de la cerilla es ínfima. Es
fácil cerciorarse de que no lo es. He aquí el cálculo. Una
cerilla pesa unos 100 mg, 0 0,1 g (el peso se determina mediante una balanza
sensible o midiendo su volumen, adoptando su densidad igual a 0,5 g/cm
3
). Supongamos que el poder calorífico de la madera vale 3000 cal/g.
Mediante el reloj determinamos que una cerilla tarda unos 20 segundos en
quemarse. Por lo tanto, de las 300 calorías (3000 * 0,1) que rinde una
cerilla, cada segundo se obtienen 300 : 20 = 15 cal/g. Una caloría
pequeña vale 4,2 J, por consiguiente, la potencia de la cerilla que se
quema es de
4,2 * 15 = 63 W.
Así pues, la potencia de una cerilla supera la de una bombilla
eléctrica de 50 W.
De la misma manera se podría calcular que fumando un cigarrillo se
obtiene una potencia de 20 W. He aquí los datos para el cálculo:
masa de la picadura, 5 g; poder calorífico específico, 3000
cal/g; tiempo en que se consume un cigarrillo, 5 min.
154. ¿Cómo se quitan las manchas con la plancha?
¿Merced a qué efecto se quitan de la tela las manchas de grasa con una
plancha?
A la ropa se le quitan las manchas de grasa mediante el calentamiento, puesto
que la tensión superficial de los líquidos disminuye cuando
aumenta la temperatura. «Por eso, si en distintos puntos de una mancha
líquida la temperatura es diferente, la grasa tiende a desplazarse de la
zona caliente hacia la fría. Si a una de las caras de la tela aplicamos
un hierro caliente, y a la otra una hoja de papel de algodón, este
último absorberá la grasa.» (Maxwell,
Theory of Heat
).
Por consiguiente, el material que absorberá la grasa debe aplicarse a la
cara opuesta a la plancha.
155. Solubilidad de la sal común.
¿A qué temperatura del agua se disuelve mayor cantidad de sal
común, a 40 ó 70 grados centígrados?
Cuando se eleva la temperatura del agua, aumenta la solubilidad de la
mayoría de las sustancias sólidas disueltas en ella; por ejemplo,
a 0°C se disuelve en el agua el 64% del azúcar, mientras que a 100°C, el
83%. No obstante, la sal común no figura entre estas sustancias, ya que
su solubilidad en el agua casi no depende de la temperatura: a 0°C se disuelve
el 26% de la sal y a 100°C, el 28%. Tanto a 40°C como a 70°C en el agua se
disuelve exactamente una misma cantidad de sal, el 27%.
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