Capítulo 15
SITUACIONES EMBARAZOSAS
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El maestro y el alumno
Lo que vamos a narrar más adelante dicen que ocurrió en la Grecia
antigua. Un maestro en sabiduría, el sofista Protágoras, se
encargó de enseñar a un joven todos los recursos del arte de la
abogacía. El maestro y el alumno hicieron un contrato según el
cuál el segundo se comprometía a pagar al primero la
retribución correspondiente en cuanto se revelaran por primera vez sus
éxitos, es decir, inmediatamente después de ganar su primer
pleito.
El joven cursó sus estudios completos. Protágoras esperaba que le
pagase, pero su alumno no se apresuraba a tomar parte en juicio alguno.
¿Qué hacer? El maestro, para conseguir cobrar la deuda, lo llevó
ante el tribunal. Protágoras razonaba así: si gano el pleito, me
tendrá que pagar de acuerdo con la sentencia del tribunal; si lo pierdo
y, por consiguiente lo gana él, también me tendrá que
pagar, ya que, según el contrato, el joven tiene la obligación de
'pagarme en cuanto gane el primer pleito.
El alumno consideraba, en cambio, que el pleito entablado por Protágoras
era absurdo. Por lo visto, el joven había aprendido algo de su maestro y
pensaba así: si me condenan a pagar, de acuerdo con el contrato no debo
hacerlo, puesto que habré perdido el primer pleito, y si el fallo es
favorable al demandante, tampoco estaré obligado a abonarle nada,
basándome en la sentencia del tribunal.
Llegó el día del juicio. El tribunal se encontró en un
verdadero aprieto. Sin embargo, después de mucho pensarlo halló
una salida y dictó un fallo que, sin contravenir las condiciones del
contrato entre el maestro y el alumno, le daba al primero la posibilidad de
recibir la retribución estipulada.
¿Cuál fue la sentencia del tribunal?
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La herencia
He aquí otro problema muy remoto que solían plantearse entre
sí los juristas de la antigua Roma. Una viuda estaba obligada a
repartirse, con el hijo que debía nacer, la herencia de 3500 rublos que
le dejó su marido. Si nacía un niño, la madre, de acuerdo
con las leyes romanas, debía recibir la mitad de la
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El trasiego
Ante usted hay una jarra con 4 litros de leche. Tiene que dividir estos 4
litros en partes iguales entre dos camaradas, pero sólo dispone de dos
jarras vacías: una de 2 1/2 l de capacidad, y otra, de 1 1/2 l.
¿Cómo pueden dividirse los 4 1 de leche en dos mitades,
valiéndose tan sólo de estas tres vasijas?
Está claro que hay que hacer varios trasiegos de una jarra a otra.
Pero, ¿cómo deben hacerse?
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¿Cómo alojarlos?
El administrador de guardia de un hotel se vio una vez en situación muy
embarazosa. Llegaron de improviso 11 huéspedes y cada uno pedía
habitación independiente. En el hotel sólo había 10
números libres. Los huéspedes eran muy exigentes y no
había más remedio que alojar 11 personas en 10 habitaciones, de
manera que, en cada una hubiera una sola persona. Esto, por lo visto, es
imposible. Pero el administrador de guardia encontró una solución
a tan difícil problema.
He aquí lo que ideó. En la primera habitación alojó
al primer huésped y le pidió permiso para que, durante unos 5
minutos, se encontrara en su habitación el undécimo
huésped. Cuando estos dos huéspedes quedaron acomodados,
alojó:
el 3°
el 4º
el 5º
el 6º
el 7º
el 8º
el 9º
el 10º
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huésped en la
"
"
"
"
"
"
"
|
2°
3°
4°
5°
6°
7°
8°
9°
|
habitación
"
"
"
"
"
"
"
|
Como puede verse, quedaba libre la 10° habitación. En ella alojó
al undécimo huésped, que temporalmente se encontraba en la
primera habitación, con lo que quedó satisfecha toda la
compañía y, seguramente, bastante admirados muchos lectores de
este libro.
¿En qué consiste el secreto de esta treta?
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Las dos velas
La luz eléctrica se apagó inesperadamente en el apartamento: se
fundió el cortacircuitos. Yo encendí dos velas que tenía
previstas en la mesa del escritorio, y seguí trabajando a su luz hasta
que repararon la avería.
Al día siguiente fue necesario determinar cuánto tiempo estuvo
sin corriente el apartamento. Yo no me di cuenta de qué hora era cuando
se apagó la luz ni de a qué hora se volvió a encender.
Tampoco sabía qué longitud inicial tenían las velas.
Sólo recordaba que las dos velas eran igual de largas, pero de grosor
distinto: la más gruesa era de las que se consumen por completo en 5
horas, y la otra, de las que duran 4 horas.
A ambas las encendí por primera vez. Los cabos de las velas no los
encontré, los habían tirado.
-Eran tan pequeños -me dijeron- que no valía la pena guardarlos.
-Pero, ¿no recuerdan cómo eran de largos?
-Eran distintos. Uno era cuatro veces más largo que el otro.
Esto fue todo lo que pude saber. Tuve que limitarme a estos datos para
calcular el tiempo durante el cual estuvieron encendidas las velas.
¿Cómo resolvería usted esta dificultad?
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Los tres exploradores
En una situación no menos difícil se encontraron una vez tres
exploradores a pie, que tenían que cruzar un río sin puente. Es
cierto que por el río se paseaban en una canoa dos muchachos dispuestos
a prestar ayuda a los soldados. Pero la canoa era tan pequeña, que
sólo podía aguantar el peso de un soldado; incluso un soldado y
un niño no podían montarse en ella sin peligro de zozobrar. Por
otra parte, los soldados no sabían nadar.
En estas condiciones parecía que sólo un soldado podría
pasar el río. No obstante, los tres exploradores estuvieron pronto en la
orilla opuesta y devolvieron la barquilla a los muchachos.
¿Cómo consiguieron esto?
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El hato de vacas
Esta es una de las variantes de un problema antiquísimo y muy
interesante.
Un padre repartió entre sus hijos un hato de vacas. Al mayor le dio una
vaca y 1/7 de todas las demás; al segundo, dos vacas y 1/7 de todas las
demás; al tercero, tres vacas y 1/7 de todas las demás; al
cuarto, cuatro vacas y 1/7 de todas las demás, y así
sucesivamente. Así quedó repartido el hato entre los hijos sin
que sobrara nada.
¿Cuántos eran los hijos y qué cantidad de vacas tenía el
hato?
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El metro cuadrado
Cuando Aliosha oyó por primera vez que un metro cuadrado tiene un
millón de milímetros cuadrados, no quería creerlo.
-¿De dónde pueden salir tantos?-se asombraba-. Yo tengo una hoja de
papel milimetrado que tiene exactamente un metro de longitud y otro de anchura.
¿Es posible que en este cuadrado haya un millón de cuadraditos
milimétricos? ¡No lo creo!
-Pues, cuéntalos -le dijeron.
Y Aliosha se decidió a contar todos los cuadraditos. Se levantó
por la mañana temprano y empezó a contar, señalando
meticulosamente con un punto cada cuadradito contado.
En señalar un cuadradito tardaba un segundo y la cosa iba rápida.
Trabajó Aliosha sin enderezar el espinazo. Pero, ¿qué piensa
usted?, ¿consiguió aquel día convencerse que en un metro cuadrado
hay un millón de milímetros cuadrados?
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El ciento de nueces
Cien nueces deben repartirse entre 25 personas de manera que a ninguna de ellas
le toque un número par de nueces. ¿Puede usted hacer esto?
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¿Cómo repartir el dinero?
Dos pastores decidieron hacer gachas: uno de ellos echó en el caldero
200 g de harina y el otro, 300 g. Cuando las gachas estuvieron a punto y los
pastores iban a empezar a comer, se unió a ellos un caminante.
Cuando se marchó, les dio, por haber comido con ellos, 50 copeikas.
¿Cómo deberán los pastores repartirse equitativamente el dinero
recibido?
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Un reparto de manzanas
Hay que dividir nueve manzanas en partes iguales entre 12 pioneros. El reparto
se desea hacer de tal modo, que ninguna manzana quede dividida en más de
cuatro partes. El problema, a primera vista, parece que no tiene
solución, pero el que sabe quebrados puede resolverlo sin gran
dificultad.
Una vez hallada la solución, tampoco será difícil resolver
otro problema de este mismo tipo: repartir siete manzanas entre 12
niños, de manera que ninguna de ellas sea dividida en más de
cuatro partes.
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¿Cómo repartir las manzanas?
A casa de Miguelito vinieron cinco compañeros suyos. El padre de
Miguelito quiso invitar a los seis niños a manzanas, pero resultó
que sola mente había cinco frutos. ¿Qué hacer? Como no
quería disgustar a ninguno, tendría que repartirlas entre todos.
Está claro que habría que cortar las manzanas. Pero cortarlas en
trozos muy pequeños no estaba bien; el padre no quería que
ninguna manzana fuera cortada en más de tres partes. Se planteaba, pues,
el problema siguiente: repartir cinco manzanas, en partes iguales, entre seis
niños, de manera que ninguna manzana resulte cortada en más de
tres partes.
¿Cómo resolvió el padre de Miguelito este problema?
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Una barca para tres
Tres aficionados al deporte del remo tienen una barca común y quieren
arreglárselas de tal modo, que cada uno de ellos pueda utilizar la barca
en cualquier instante, sin que ningún extraño pueda
llevársela. Para esto piensan atar la barca con una cadena cerrada por
tres candados.
Cada uno de los amigos tiene una sola llave, pero con ella puede abrir el
candado y coger la barca sin esperar a que lleguen los otros con sus llaves.
¿Qué hicieron para que todo les saliera tan bien?
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Esperando el tranvía
Tres hermanos, que volvían del teatro a casa, llegaron a la parada del
tranvía dispuestos a montarse en el primer vagón que pasase. El
tranvía no llegaba, pero el hermano mayor dijo que debían esperar.
-¿Para qué esperar aquí? -replicó el hermano de en medio-.
Mejor es que sigamos adelante. Cuando el tranvía nos alcance, nos
montamos en él, pero ya habremos recorrido parte del camino y llegaremos
antes a casa.
-Si echamos a andar -opuso el hermano menor-, será preferible que
vayamos no hacia adelante, sino hacia atrás: así encontraremos
antes al tranvía que venga y antes estaremos en casa.
Como los hermanos no pudieron llegar a un acuerdo, cada uno hizo como pensaba:
el mayor se quedó a esperar el tranvía, el de en medio,
echó a andar hacia adelante, y el menor, hacia atrás.
¿Qué hermano llegó antes
SOLUCIONES
1. El maestro y el alumno
La sentencia fue la siguiente: denegar la demanda del maestro, pero
concediéndole el derecho a entablar querella por segunda vez, sobre una
nueva base, a saber: la de que el alumno ya había ganado su primer
pleito. Esta segunda demanda debería ser resuelta, indudablemente, a
favor del maestro.
2. La herencia
La viuda debe recibir 1000 rublos, el hijo, 2000 rublos, y la hija, 500 rublos.
En este caso se cumplirá la voluntad del testador, ya que la viuda
recibe la mitad que el hijo y el doble que la hija.
3. El trasiego
Hay que hacer los siete trasiegos que se indican claramente en la tabla
siguiente:
1° trasiego
2°
3°
4°
5°
6°
7°
|
4 litros1 1/2
1 1/2
3
3
1/2
1/2
2
|
1 1/2 litros
-
1 1/2
-
1
1
1 1/2
-
|
2 1/2 litros
2 1/2
1
1
-
2 1/2
2
2
|
4. ¿Cómo alojarlos?
El secreto consiste en que se quedó sin habitación el segundo
huésped: después de los huéspedes 1° y 11° se pasó
al 3°, olvidándose del 2°. Por esto se «consiguió» un alojamiento
que era imposible a todas luces.
5. Las dos velas
Para resolver este problema hay que plantear una ecuación muy sencilla.
Llamemos x al número de horas que estuvieron encendidas las velas. Cada
hora ardía s/5 parte (de la longitud) de la vela gruesa y i/4 parte de
la vela delgada. Por lo tanto, la longitud del cabo de la vela gruesa
vendrá expresada (en fracciones de la longitud de la vela entera) por 1-
x/b, y la del cabo de la delgada, por 1 -x/4. Sabemos que las velas eran
iguales de largas, y que el cuádruplo de la longitud del cabo de la
primera, 4 (1 - x/5), era igual a la longitud 1 - x/4 del cabo de la segunda:
4(1 - (x/5)) = 1 - x/4
Resolviendo esta ecuación hallamos que x = 3 3/4. Por lo tanto, las
velas estuvieron encendidas 3 horas y 45 minutos.
6. Los tres exploradores
Hubo que hacer los seis viajes que siguen:
1° viaje. Los dos muchachos van a la orilla opuesta, uno se queda allí y
el otro le trae la barca a los exploradores.
2° viaje. El muchacho que trajo la barca se queda en esta orilla y en la canoa
se monta el primer soldado, el cual se traslada a la otra orilla. La barca la
trae de vuelta el segundo muchacho.
3° viaje. Los dos muchachos cruzan el río en la barca, uno queda en la
otra orilla y el otro vuelve con la barca.
4° viaje. El segundo soldado cruza el río. La barca vuelve con el
muchacho que se quedó en la otra orilla.
5° viaje. Es una repetición del tercero.
6° viaje. El tercer soldado se traslada a la orilla opuesta. La barca regresa
con un muchacho, se monta el otro y continúan su interrumpido paseo por
el río.
Ahora los tres soldados están en la otra orilla.
7. El hato de vacas
Para resolver este problema por aritmética (es decir, sin recurrir a las
ecuaciones) hay que empezar por el fin.
El hijo menor recibió tantas vacas como hermanos tenía, porque
1/7 del hato restante no pudo recibir, ya que después de él no
quedó ningún resto.
El hijo precedente recibió una vaca menos que hermanos tenía y,
además 1/7 del hato restante. Esto quiere decir, que lo que
recibió el hijo menor eran la 6/7 partes de este hato restante.
De aquí se deduce que el número de vacas que recibió el
hijo menor debe ser divisible por seis.
Supongamos que este hijo menor recibió seis vacas y veamos si sirve esta
suposición. Si el hijo menor recibió seis vacas, quiere decir que
era el sexto hijo y que en total eran seis hermanos. El quinto hijo
recibió cinco vacas y, además, 1/7 de siete, es decir, seis
vacas. Se comprende que los últimos hijos recibieron 6 + 6 vacas, que
constituyen las 6/7 partes de las que quedaron después de recibir su
parte el cuarto hijo. El resto completo sería 12 : 6/7 = 14 vacas; por
consiguiente, el cuarto hijo recibió 4 + 14/7 = 6.
Calculamos el resto del hato después de recibir su parte el tercer hijo:
6 + 6 + 6, es decir, 18, son las 6/7 partes de dicho resto; por lo tanto, el
resto completo será 18 : 6/7 = 21. Al tercer hijo le correspondieron,
pues, 3 + 21/7 = 6 vacas.
Del mismo modo hallamos que los hijos segundo y primero también
recibieron seis vacas cada uno.
Nuestra suposición ha resultado verosímil: los hijos eran seis en
total y en el hato había 36 vacas.
¿Hay otras soluciones? Supongamos que los hijos no fueran seis, sino 12; esta
suposición no sirve. Tampoco sirve el número 18. Y más
adelante no vale la pena probar porque 24 o más hijos no podía
tener.
8. El metro cuadrado
El mismo día era imposible que se convenciera Aliosha. Aunque hubiera
estado contando día y noche sin descansar, en un día no hubiera
contado nada más que 86 400 cuadrados. Porque 24 horas tienen en total
86 400 segundos. Tendría que contar casi 12 días sin descanso, y
si contara 8 horas al día, para llegar al millón
necesitaría un mes.
9. El ciento de nueces
Muchos empiezan inmediatamente a probar todas las combinaciones posibles, pero
su esfuerzo es vano. Sin embargo, basta pensar un poco para comprender la
inutilidad de toda búsqueda: el problema no tiene solución.
Si el número 100 se pudiera dividir en 25 sumandos impares,
resultaría que un número impar de números impares puede
dar en total 100, es decir, un número par, cosa que, claro está,
es imposible.
En efecto, tendríamos 12 pares de números impares y,
además, un número impar; cada par de números impares da,
como suma, un número par, por lo tanto, la suma de 12 números
pares será también un número par, y si a esta suma se
añade un número impar, se obtiene un resultado impar. El
número 100 no puede componerse en modo alguno con estos sumandos.
10. ¿Cómo repartir el dinero?
La mayoría de los que intentan resolver este problema responden, que el
que echó 200 g debe recibir 20 copeikas, y el que echó 300 g, 30
copeikas. Este reparto carece de fundamento.
Hay que razonar así: las 50 copeikas deben considerarse como la parte a
pagar por un comensal. Como los comensales fueron tres, el precio de las gachas
(500 g de harina) es igual a 1 rublo 50 copeikas. El que echó los 200 g
aportó, expresándolo en dinero, 60 copeikas (ya que los cien
gramos cuestan 150 : 5 = 30 copeikas), y comió por valor de 50 copeikas;
por lo tanto habrá que darle 60 - 50 = 10 copeikas.
El que aportó los 300 g (es decir, el equivalente a 90 copeikas en
dinero) deberá recibir 90 - 50 = 40 copeikas.
Así, pues, de las 50 copeikas, a uno le corresponden 10 copeikas y al
otro 40 copeikas.
11. Un reparto de manzanas
El reparto de nueve manzanas, en partes iguales, entre 12 pioneros, sin cortar
ninguna en más de cuatro partes, es completamente posible.
Hay que proceder así.
Seis manzanas se dividen en dos partes cada una y se obtienen 12 medias
manzanas. Las tres manzanas restantes se dividen en cuatro partes iguales cada
una, y resultan 12 cuartas partes de manzana. Ahora, a cada uno de los 12
pioneros se la da una mitad y una cuarta parte de manzana: 1/2 + 1/4 = 3/4.
De este modo cada pionero recibe 3/4 de manzana, que es lo que se
requería, porque 9 : 12 = 3/4.
De una manera semejante se pueden repartir las siete manzanas entre los 12
pioneros, de modo que todos reciban la misma cantidad y ninguna manzana se
corte en más de cuatro partes. En este caso cada uno debe recibir 7/12
de manzana. Pero sabemos que 7/12 = 3/12 + 4/12 = 1/4 + 1/3
Por esto, dividiremos tres manzanas en cuatro partes cada una, y las cuatro
manzanas restantes, en tres partes cada una. Resultan 12 cuartas partes y 12
terceras partes.
Está claro que a cada uno hay que darle una cuarta parte y una tercera
parte, es decir, 7/12 partes de manzana.
12. ¿Cómo repartir las manzanas?
Las manzanas se repartieron como sigue. Tres manzanas se cortaron por la mitad
y resultaron seis mitades, que se les dieron a los niños. Las dos
manzanas restantes se cortaron cada una en tres partes iguales; salieron seis
terceras partes, que también se repartieron entre los compañeros
de Miguelito.
Por lo tanto, a cada niño se le dio media manzana y una tercera parte de
manzana,, es decir, todos recibieron la misma cantidad.
Como puede verse, ni una sola manzana fue cortada en más de tres partes
iguales.
13. Una barca para tres
Los candados deben colgarse unos de otros como se ve en la figura 220. Puede
verse fácilmente que esta cadena de candados puede abrirla y volverla a
cerrar con su llave cada uno de los propietarios de la barca.
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Figura 220
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14. Esperando el tranvía
El hermano menor, yendo hacia atrás por la vía, vio el
tranvía venir y se montó en él. Cuando este tranvía
llegó a la parada en que estaba el hermano mayor, éste se
subió a él. Un poco después, el mismo tranvía
alcanzó al hermano de en medio, que había seguido adelante, y lo
recogió. Los tres hermanos se encontraron en el mismo tranvía y,
claro está, llegaron a casa al mismo tiempo.
Sin embargo, el que procedió más cuerdamente fue el hermano
mayor, que esperó tranquilamente en la parada y se cansó menos
que los demás.
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