Capítulo 10
Sonido. Movimiento Ondulatorio
Contenido:
1.
El sonido y las ondas de la radio.
2.
El sonido y las balas
3.
Una explosión imaginaria
4.
Si la velocidad del sonido disminuyera ...
5.
La conversación más lenta
6.
De la forma más rápida
7.
El telégrafo de tambor
8.
Nubes sonoras y eco aéreo
9.
Sonidos silenciosos
10.
El ultrasonido al servicio de la técnica
11.
Las voces de los liliputienses y la de Gulliver
12.
¿Para quiénes salen los diarios dos veces al día?
13.
El problema de los silbidos de las locomotoras
14.
Efecto Doppler
15.
Historia de una multa
16.
Con la velocidad del sonido
1. El sonido y las ondas de radio
El sonido se propaga aproximadamente un millón de veces más despacio que la
luz, y como la velocidad de las ondas de la radio es igual a la velocidad de
propagación de las vibraciones luminosas, la velocidad del sonido es un millón
de veces menor que la de las ondas de la radio. De aquí se deduce una cosa muy
interesante cuya esencia quedará aclarada en el problema siguiente:
¿Quién escuchará antes el primer acorde de un pianista, el espectador de la
sala de conciertos que se encuentra a 10 metros del piano o un radioescucha que
junto a su aparato oye la transmisión en su casa, a 100 kilómetros de la sala?
Aunque parezca extraño, el radioescucha oye el acorde antes que el espectador
que se encuentra en la sala, aunque el primero está 10000 veces más lejos del
instrumento musical. Efectivamente, las ondas de la radio recorren la distancia
de 100 km en:
100 /300 000 = 1 / 3 000 seg
El sonido recorre la distancia de 10 m en:
10 / 340 = 1/ 34 seg
De donde se deduce que para transmitir los sonidos por radio se necesita cien
veces menos tiempo que para transmitirlos a través del aire.
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2. El sonido y las balas
Cuando los tripulantes del proyectil de Julio Verne salieron disparados hacia
la Luna, les preocupó mucho el no haber oído el sonido del disparo del cañón
colosal que los lanzó. Pero no podía ocurrir de otra forma. Por muy
ensordecedor que fuera el estampido, su velocidad de propagación (lo mismo que
la de otro ruido cualquiera en el aire) era igual a 340 m/seg solamente,
mientras 250 que el proyectil avanzaba con una velocidad de 11.000 m/seg.
Se comprende que el sonido del disparo no podía llegar a los oídos de los
tripulantes, puesto que el proyectil adelantaría al sonido.
Pero en realidad, ¿qué se mueve más de prisa, las balas y los proyectiles o el
sonido? ¿No puede el sonido del disparo avisar a la víctima de que se aproxima
el proyectil?
Los fusiles modernos le comunican a la bala una velocidad casi tres veces mayor
que la del sonido en el aire, es decir, de cerca de 900 m por segundo (la
velocidad del sonido a 0°C es igual a 332 m/seg.). Es verdad que el sonido se
propaga uniformemente, mientras que la bala tiene un movimiento retardado. No
obstante, durante la mayor parte de su trayectoria la bala tiene más velocidad
que el sonido. De esto se deduce directamente que si durante un tiroteo oye
usted un disparo o el silbido de una bala puede estar tranquilo, esta bala ya
no le hará daño. La bala adelanta al sonido, por eso, si alcanza a su víctima,
esta última recibirá el impacto antes que el sonido del disparo llegue a su
oído.
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3. Una exposición imaginaria
La competición de velocidades entre el cuerpo que vuela y el sonido que produce
nos obliga a veces a cometer errores involuntarios que con frecuencia no
corresponden en absoluto a la
realidad del fenómeno.
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Figura 154. Explosión ilusoria de un bólido.
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Un ejemplo curioso es el de un bólido (o el de un proyectil) que pasa volando
muy alto sobre nuestras cabezas. Los bólidos que procedentes del espacio
interplanetario penetran en la atmósfera de la Tierra, a pesar de ser frenados
por la resistencia del aire, tienen velocidades enormes que son decenas de
veces mayores que la velocidad del sonido.
Cuando los bólidos cortan el aire suelen producir un ruido parecido al de un
trueno. Figúrese el lector que nos encontramos en el punto C (fig. 154) y que
sobre nosotros pasa un bólido siguiendo la línea AB. El sonido que produce el
bólido en el punto A nos llegará (a C) cuando aquél se encuentre en el punto B,
y como el bólido tiene una velocidad mucho mayor que la del sonido, puede
llegar al punto D v mandarnos desde allí un ruido que llegue a nosotros antes
que el procedente del punto A. Por esto oiremos antes el sonido que viene del
punto D y después el que llega del A. Pero como desde el punto B también nos
llega el sonido después que del D, es de suponer que habrá un punto K sobre
nuestras cabezas desde 'el cual el ruido del bólido nos llegará antes que desde
ningún otro punto. Los aficionados a las matemáticas pueden calcular la
posición de este punto estableciendo una relación determinada entre la
velocidad del bólido y la del sonido.
De lo antedicho se deduce lo siguiente: Lo que oímos en este caso no se parece
en nada a lo que vemos. Para los ojos el bólido aparece en el punto A y desde
aquí sigue la línea AB. Pero para el oído el bólido hace su aparición en el
punto K, que se halla aproximadamente sobre nuestras cabezas, y después oímos
al mismo tiempo dos sonidos que se van apagando en dos direcciones opuestas, es
decir, de K a A y de K a B. En otras palabras, oímos algo parecido a lo que
ocurriría si el bólido se dividiera en dos partes que salieran lanzadas en
direcciones opuestas. Pero no se produjo ninguna explosión. Esto demuestra
hasta qué punto pueden ser engañosas las sensaciones acústicas. Es posible que
muchos de los casos de explosiones de bólidos declarados por "testigos
presenciales" no fueran más que ilusiones acústicas de este tipo.
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4. Si la velocidad del sonido disminuyera...
Si el sonido en lugar de propasarse en el aire a 340 m por segundo lo hiciera
mucho más despacio, las impresiones acústicas falsas se observarían con más
frecuencia.
Supongamos, por ejemplo, que el sonido recorre en un segundo 350 mm en lugar de
340 m, es decir, que su velocidad es menor que la de un peatón y que usted está
sentado en un sillón y escucha lo que dice un amigo que tiene la costumbre de
dar paseos 252 por la habitación mientras habla. En las condiciones normales
estos paseos no impiden escuchar la conversación, pero cuando la velocidad del
sonido es de 340 mm, usted no puede entender nada de lo que dice su amigo; los
sonidos pronunciados antes serán adelantados por otros nuevos, los cuales se
mezclaran con ellos dando lugar a una confusión de ruidos carentes de todo
sentido.
Cuando su huésped se vaya acercando, los sonidos de sus palabras llegarán a
usted al revés, es decir, primero oirá usted los acabados de pronunciar,
después los emitidos antes, luego los dichos con mayor antelación v así
sucesivamente, puesto que el que habla adelanta a sus propios sonidos y va
siempre delante de ellos pronunciando otros nuevos.
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5. La conversación más lenta
Si usted cree que la verdadera velocidad del sonido en el aire - la tercera
parte de un kilómetro por segundo - es suficiente en todos los casos, ahora
cambiará usted de opinión.
Supóngase que entre Moscú y Leningrado en lugar del teléfono eléctrico se
empleara un tubo acústico como los que antiguamente unían las dependencias de
los grandes establecimientos comerciales o como los que se empleaban en los
buques para comunicar con la sala de máquinas. Usted se encuentra en
Leningrado, en uno de los extremos de este tubo de 650 kilómetros de longitud,
y un amigo suyo está en Moscú, en el otro extremo. Usted pregunta y espera la
respuesta. Pasan 5, 10, 15 minutos y la respuesta no llega. Se impacienta usted
y piensa que puede haberle ocurrido algo a su interlocutor. Pero estos temores
son infundados, lo que ocurre es que su pregunta no ha llegado todavía a Moscú,
se encuentra a la mitad del camino. Antes de que su amigo escuche su voz y
pueda contestarle pasará otro cuarto de hora. Pero su respuesta tardará en ir
de Moscú a Leningrado media hora, por lo menos, así es que la contestación a su
pregunta llegará al cabo de una hora.
Si quiere puede comprobar este cálculo: de Leningrado a Moscú hay 650 km; el
sonido recorre 1/3 de kilómetro por segundo, por lo tanto, tardará en recorrer
la distancia entre las dos capitales 2 160 y pico segundos, o sea poco más de
35 minutos. En estas condiciones, aunque estuvieran todo el día hablando, desde
por la mañana hasta por la noche, no lograrían intercambiar más de diez frases.
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6. De la forma más rápida
A pesar de todo hubo tiempos en que un procedimiento de transmitir las noticias
como éste hubiera parecido rapidísimo. Hace cien años acababa de inventarse el
telégrafo eléctrico y aún no se soñaba con el teléfono ', por lo tanto, una
transmisión de noticias a 650 km que tardara nada más que varias horas se
hubiera considerado ideal por su rapidez.
Cuentan que cuando se coronó al zar Pablo I la noticia del momento en que
comenzó la ceremonia en Moscú se transmitió a Leningrado (antes San
Petersburgo) de la forma siguiente: A lo largo de todo el camino entre las dos
capitales se puso un soldado cada 200, m; cuando sonó la primera campanada de
la catedral, el primer soldado hizo un disparo al aire; cuando el soldado
inmediato oyó esta señal descargó su fusil, lo mismo hizo el tercero y así
sucesivamente hasta que al cabo de tres horas la señal llegó a Leningrado. Tres
horas después de sonar la primera campanada en Moscú tronaban las salvas de las
baterías de la fortaleza de Pedro y Pablo que estaban a 650 km de distancia.
Si el sonido de las campanas de Moscú hubiera podido oírse en Leningrado
directamente, habría tardado en llegar, como ya sabemos, nada más que media
hora. Quiere decir, que de las tres horas que se emplearon en transmitir la
señal, dos horas y media se invirtieron en que los soldados percibieran el
sonido e hicieran los movimientos necesarios para disparar. Aunque este retraso
fuera insignificante, miles de estos pequeños intervalos sumaron en total dos
horas y media.
De un modo parecido funcionaba antiguamente el te!-,grafo óptico, que
transmitía señales luminosas hasta la estación más próxima, la cual las
retransmitía a la siguiente, etc. El sistema de transmisión por señales
luminosas fue utilizado por los revolucionarios rusos en tiempos del zar para
prevenir en casos de peligro a los reunidos clandestinamente. Una cadena de
revolucionarios iba desde el lugar de la reunión hasta el cuartel de la policía
y en cuanto se notaba cualquier movimiento alarmante se daba la señal por medio
de destellos con linternas eléctricas.
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7. El telégrafo de tambor
Los habitantes de algunas regiones de Africa, América Central y Polinesia
emplean todavía las señales acústicas para transmitir las noticias.
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Figura 155. Este árbol ahuecado sirve a los indígenas del archipiélago de Nuevas
Hébridas para transmitir señales acústicas
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Las tribus más primitivas utilizan para esto unos tambores especiales, con los
cuales transmiten las señales acústicas a distancias enormes. Una señal
convencional escuchada en un sitio, se repite en otro y así sucesivamente en
adelante y en poco tiempo se pone en conocimiento de una región inmensa una
noticia importante (figs. 155 y 156).
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Figura 156. Indígena de las islas Fidji hablando por medio del "telégrafo" de
tambor.
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Durante la primera guerra Italoabisinia el negus Menelik II conocía rápidamente
todos los movimientos de los italianos; esta circunstancia asombraba al estado
mayor italiano, que no sospechaba que el enemigo poseía el telégrafo de tambor.
Cuando empezó la segunda guerra Italoabisinia el decreto de movilización
general publicado en Addis Abeba fue transmitido por un procedimiento
semejante. Al cabo de varias horas era conocido hasta en las aldeas más remotas
del país.
Lo mismo ocurrió durante la guerra Anglobóer, donde el "telégrafo" de los
cafres transmitía todas las noticias militares a todos los habitantes de
Capland con rapidez extraordinaria, de manera que adelantaban en varios días a
los comunicados oficiales que llegaban por correo.
Algunos viajeros (Leo Frobenius) atestiguan que algunas tribus africanas tienen
tan bien organizado el sistema de señales acústicas que puede considerarse que
poseen un telégrafo más perfecto que el óptico que usaban los europeos antes
del eléctrico.
He aquí lo que sobre esto decía una revista. R. Gasseden, arqueólogo del Museo
Británico, se encontraba en la ciudad de Ibadan, en el interior de Nigeria. Un
sordo ruido de golpes de tambor no dejaba de oírse ni de día ni de noche. Una
mañana escuchó el científico como los negros conversaban entre sí muy
animadamente. Cuando les pregunto qué ocurría, le respondió un sargento que
"un gran barco de los blancos se había hundido y que muchos blancos se habían
ahogado". Esta era una noticia transmitida en el lenguaje de los tambores
desde la costa. El científico no le dio a esta noticia ni la menor
importancia. No obstante, a los tres días recibió un telegrama retrasado (a
causa de una interrupción en las comunicaciones) en el cual le notificaban la
pérdida del "Lusitania". Entonces comprendió que la noticia de los negros era
cierta y que había "resonado" en la lengua de los tambores a través de todo el
territorio que hay desde El Cairo hasta Ibadan. Esto era tanto más
sorprendente por el hecho de que las tribus a través de las cuales se
transmitió esta noticia hablan dialectos completamente distintos y algunas de
ellas estaban en guerra entre sí.
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8. Nubes sonoras y eco aéreo
El sonido no sólo se refleja en obstáculos sólidos, sino también en formaciones
tan delicadas como son las nubes. Es más incluso el aire completamente
transparente también puede reflejar en ciertas condiciones las ondas sonoras;
estas condiciones se dan cuando por una causa cualquiera su aptitud para
conducir el sonido se diferencia de la que tiene la masa de aire circundante.
Aquí ocurre un fenómeno semejante al que en óptica se llama "reflexión total".
El sonido se refleja en un obstáculo invisible y oímos un eco enigmático que
llega no sabemos de donde.
John Tyndall descubrió casualmente este hecho tan curioso citando realizaba
experimentos con señales acústicas a orillas del mar. "El eco se producía en
un aire completamente transparente - escribe Tyndall -, . Este eco venía hacia
nosotros como por encanto, desde unas nubes acústicas invisibles".
Este ilustre físico inglés llamó nubes acústicas a las zonas de aire
transparente que hacen que se reflejen los sonidos engendrando el "eco del
aire". A continuación reproducimos lo que dice sobre este particular:
"Las nubes acústicas flotan constantemente en el aire. No tienen la menor
relación ni con las nubes ordinarias ni con la niebla o la bruma. La atmósfera
más transparente puede estar llena de nubes de este tipo. De esta forma pueden
producirse ecos aéreos que, en contra de lo que generalmente se piensa, se
pueden originar cuando la atmósfera está más clara. La existencia de estos
ecos aéreos está demostrada por las observaciones y los experimentos. Pueden
ser originadas por corrientes de aire más o menos calientes o que contengan una
cantidad de vapor distinta".
La existencia de nubes acústicas, opacas al sonido, nos explica algunos
fenómenos enigmáticos que se observan a veces durante las batallas. Tyndall
cita el siguiente fragmento de las memorias de un testigo de la guerra
Franco-Prusiana de 1871:
"La madrugada del día 6 era todo lo contrario de la del día anterior. Ayer
hacía un frío penetrante y había una niebla que no dejaba ver nada a media
milla de distancia. Pero el 6 fue un día despejado, claro y transparente.
Ayer estaba el aire cargado de sonidos, mientras que hoy reina un silencio como
el de la Arcadia, que no conocía las guerras. Nos mirábamos unos a otros
asombrados. ¿Es posible que haya desaparecido París, sus fuertes, sus cañones,
los bombardeos, sin dejar ni rastro? ... Fui a Montmorensy, desde donde se
abría ante mis ojos el amplio panorama del lado norte de París. Pero también
aquí la calma era absoluta... Me encontré con tres soldados y empezamos a
discutir la situación. Ellos se inclinaban a creer que habían comenzado las
negociaciones de paz, ya que desde la madrugada no habían oído ni un sólo
disparo ...
Yo seguí adelante, hasta Gonesse. Allí me enteré de que las baterías alemanas
disparaban enérgicamente desde las 8 de la mañana. Por el lado sur comenzó el
bombardeo a esa misma hora. ¡Y desde Montmorensy no se oía ni un sólo ruido!
... Todo esto dependía del aire, que hoy conducía el sonido tan mal, como ayer
lo conducía bien".
Fenómenos parecidos se observaron durante las grandes batallas de la guerra
1914-1918.
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9. Sonidos silenciosos
Hay personas que no oyen sonidos tan agudos como el chirriar de los grillos o
el chillido de los murciélagos. Estas personas no son sordas, su órgano del
oído funciona normalmente, pero no pueden oír los tonos muy elevados. Tyndall
aseguraba que algunas personas no oyen ni el canto del gorrión.
En general, nuestro oído no percibe ni mucho menos todas las vibraciones que se
producen a nuestro alrededor. Si un cuerpo realiza menos de 16 vibraciones por
segundo no oímos el sonido. Si el número de vibraciones es mayor de 15-22 mil
por segundo, tampoco oímos el sonido. El límite superior de la percepción de
los tonos varía según las personas; para los ancianos desciende hasta 6 mil
vibraciones por segundo. Por esto ocurre el fenómeno tan extraño de que un
tono alto y estridente que una persona oye perfectamente, para otra no existe
en absoluto.
Muchos insectos (por ejemplo, el mosquito, el grillo) emiten sonidos cuyos
tonos responden a 20 mil vibraciones por segundo; estos tonos existen para unos
oídos, pero para otros no. Las personas insensibles a los tonos elevados
disfrutan de un silencio absoluto donde otras oyen un verdadero caos de sonidos
estridentes. Tyndall narra como en una ocasión observó un caso de éstos
mientras paseaba en Suiza con un amigo: "Los prados que había a ambos lados de
la carretera estaban llenos de insectos que, para mi oído, inundaban el aire
con sus chirridos agudos, pero mi amigo no oía nada de esto; la música de los
insectos quedaba fuera de los límites de su oído".
El chillido del murciélago es toda una octava más bajo que el chirriar de los
insectos, es decir, las vibraciones del aire que produce son dos veces menos
frecuentes. Pero hay personas para las cuales el límite de percepción del
sonido se encuentra todavía más bajo y, por lo tanto, los murciélagos son para
ellas seres mudos.
Por el contrario, los perros, como pudo comprobarse en el laboratorio del
académico Pávlov, perciben sonidos cuyo número de vibraciones alcanza hasta 38
mil por segundo, pero esto ya entra en el campo de las vibraciones
"supersónicas" o ultrasonoras.
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10. El ultrasonido al servicio de la técnica
La física y la técnica modernas tienen medios de producir "sonidos silenciosos"
cuyas frecuencias son mucho mayores que las que hemos mencionado anteriormente.
El número de vibraciones de estos "ultrasonidos" puede llegar hasta 100 000
000 000 000 por segundo. La frecuencia máxima que se ha conseguido obtener es
igual, actualmente, a 1 000 000 000 de vibraciones por segundo.
Uno de los procedimientos para obtener vibraciones ultrasonoras se basa en la
propiedad que tienen las láminas de cristal de cuarzo cortadas de una manera
especial de electrizarse superficialmente cuando se comprimen. Por el
contrario, si las superficies de una de estas láminas se cargan periódicamente,
bajo la acción de las cargas eléctricas la placa se contrae y se dilata
sucesivamente, es decir, vibra. Así se producen las vibraciones ultrasonoras.
La lámina se carga con un generador de haz electrónico como los que se usan en
radiotecnia, cuya frecuencia se regula de acuerdo con el llamado período propio
de las vibraciones de la lámina.
Aunque los ultrasonidos son silenciosos para nosotros, su acción se revela por
medio de otras manifestaciones bastante apreciables. Así, por ejemplo, si una
lámina vibrante se sumerge en una vasija con aceite, en la superficie del
líquido sometido a las vibraciones ultrasonoras se levanta una prominencia de
10 cm de altura y las gotitas de aceite se proyectan hasta una altura de 40 cm.
Si en este baño de aceite se introduce el extremo de un tubo de vidrio de un
metro de largo, sentiremos que la mano que sostiene el otro extremo se quema.
En la piel quedarán huellas de esta quemadura. Si el extremo del tubo que se
halla en estado vibratorio se pone en contacto con una madera, producirá en
ella un orificio quemado. Tenemos, pues, que la energía del ultrasonido se
transforma en calorífica.
El ultrasonido se está estudiando minuciosamente por los investigadores
soviéticos v de otros países. Estas vibraciones ejercen acciones muy enérgicas
sobre los organismos vivos. Las fibras de las algas se rompen, las células
animales revientan, les glóbulos de la sangre se destruyen. Los peces y las
ranas sometidos a la acción del ultrasonido durante 1-2 minutos, mueren. La
temperatura del cuerpo de los animales ¡¡e experimentación se eleva, por
ejemplo, la de los ratones llega a 45°C. Las vibraciones ultrasonoras se
emplean en medicina; los ultrasonidos comparten de esta forma la suerte de los
rayos ultravioletas invisibles sirviendo de agentes terapéuticos.
El ultrasonido se utiliza muy eficazmente en la metalurgia para descubrir las
heterogeneidades, sopladuras, grietas y otros defectos que pueda haber dentro
del metal. El procedimiento que se sigue para obtener la "radiografía"
ultrasonora del metal consiste en lo siguiente: el metal que se ensaya se moja
en aceite y se somete a la acción de las vibraciones ultrasonoras; las partes
no homogéneas del metal difunden el sonido y producen una especie de sombras
sonoras, con lo cual, la configuración de los defectos se dibuja tan claramente
sobre el fondo de las ondulaciones uniformes que cubren la capa de aceite, que
la figura que se obtiene se puede hasta fotografiar.
Con el ultrasonido se pueden examinar por transparencia capas metálicas de más
de un metro de espesor, cosa imposible de realizar con los rayos X, con la
particularidad de que pueden descubrirse faltas de homogeneidad muy, pequeñas
(de hasta un milímetro). Ante las vibraciones ultrasónicas se abren
indudablemente amplias perspectivas".
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11. Las voces de los liliputenses y de Gulliver
En la película soviética "El Nuevo Gulliver" los liliputienses hablan con voces
de tono alto, que concuerdan con el tamaño de sus pequeñas laringes, y el
gigante Petia habla con voz de bajo. Mientras se filmó la película los
artistas que hablaron por los liliputienses fueron adultos, mientras que el que
hizo de Gulliver fue un niño. ¿Cómo se consiguió después variar el tono de las
voces? Mi sorpresa no fue chica cuando el director de escena Ptushkó me dijo
que los que habían interpretado los papeles habían hablado con sus voces
naturales; la variación del tono se consiguió al filmar por medio de un
procedimiento original basado en las propiedades físicas del sonido.
Para hacer que las voces de los liliputienses fueran altas y la de Gulliver
baja, el director cinematográfico registró las de los artistas que hacían de
liliputienses retardando el movimiento de la película, y la voz de Petia, al
contrario, acelerando su movimiento. La proyección de la película en la
pantalla se hacía con la velocidad normal, No es difícil figurarse lo que
ocurría entonces. Las voces de los liliputienses eran percibidas por los
oyentes como una sucesión de vibraciones sonoras cuya frecuencia era mayor que
la natural, por lo que el tono se elevaba. La voz de Petia, por el contrario,
se percibía como una sucesión de vibraciones cuya frecuencia era menor y, por
consiguiente, su tono se hacia más bajo. Como resultado, los liliputienses de
"El Nuevo Gulliver" hablan con un tono una quinta más alto que el de la voz de
una persona adulta y Gulliver - Petia - con un tono una quinta más bajo que el
normal.
Así se utilizó de una forma particular la "cámara lenta" para el sonido. Este
mismo fenómeno se observa cuando en un gramófono se pone la placa a una
velocidad mayor o menor que la correspondiente a la grabación (78 r.p.m. o 33
r.p.m.).
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12. ¿Para quiénes salen los diarios dos veces al día?
Ahora nos vamos a ocupar de un problema que a primera vista no guarda relación
ni con el sonido ni con la Física en general. No obstante, ruego al lector que
le preste atención, porque esto le ayudará a comprender lo que viene más
adelante.
Es posible que usted se haya encontrado con este problema en alguna de sus
múltiples variedades.
Desde Moscú sale cada medio día un tren para Vladivostok y desde Vladivostok
sale cada medio día otro tren para Moscú. Supongamos que el viaje dura diez
días. ¿Cuántos trenes de éstos se encontraría usted por el camino si viniese de
Vladivostok a Moscú?
Lo más frecuente es que respondan: 10. Sin embargo usted no sólo se
encontraría con los 10 trenes que salen de Moscú después de su partida, sino
también con los que cuando emprendió el viaje ya iban de camino. Por
consiguiente, la respuesta justa será 20 y no 10.
Sigamos. Cada tren que sale de Moscú lleva los números de los periódicos
recién salidos. Si usted se interesa por las novedades de Moscú, en las
estaciones comprará los periódicos que acaban de llegar. ¿Cuántos números
nuevos de cada periódico comprará usted en los diez días de viaje?
Ahora no dudará usted en contestar: 20, puesto que cada tren que se encuentra
lleva un número nuevo, y como son 20 los trenes, serán también 20 los números
de los diarios. Su viaje dura nada más que 10 días, por consiguiente, leerá
usted dos veces al día diarios nuevos.
La deducción es un poco inesperada y, usted quizá no la crea si no ha tenido
ocasión de comprobarla en la práctica. Pero recuerde que durante el viaje de
dos días Sevastópol-Leningrado puede usted leer cuatro números nuevos de los
diarios de Leningrado, y no dos. Dos números que ya habían salido en
Leningrado en el momento de partir de Sevastópol y otros dos que salen durante
los dos días que dura el viaje.
Ahora ya sabe usted para quien salen los periódicos diarios de una capital dos
veces al día: para todos los viajeros de los trenes de gran recorrido que van a
esa capital.
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13. El problema de los silbidos de las locomotoras
Si el lector tiene oído musical desarrollado es probable que haya notado cómo
varia el tono (no la intensidad, sino el tono precisamente) del silbido de una
locomotora cuando otro tren se cruza con el suyo. Mientras los dos trenes se
van acercando es mucho más elevado que cuando los trenes, después de cruzarse,
se alejan el uno del otro. Si los trenes van a 50 km por hora, la diferencia
de altura de los sonidos llega hasta un tono completo.
¿Por qué ocurre esto?
No le constará trabajo comprenderlo si recuerda que el tono depende del número
de vibraciones por segundo y compara este caso con lo que hemos dicho en el
problema anterior. El silbato del tren que va a nuestro encuentro emite
durante todo el tiempo un mismo sonido, que tiene una frecuencia determinada.
Pero el número de vibraciones que percibe su oído no es igual cuando va usted
al encuentro, cuando está usted parado y cuando se aleja de la fuente de las
vibraciones.
De la misma manera que cuando iba de camino para Moscú leía usted los diarios
con mayor frecuencia que ellos salían en la capital, ahora, cuando va usted al
encuentro de la fuente del sonido, percibe las vibraciones con mayor frecuencia
que ellas salen del silbato de la locomotora. Pero en este caso no es
necesario razonar, puesto que su oído recibe un número de vibraciones mayor y
usted oye directamente un tono más alto. Cuando los trenes se alejan recibe
usted menos vibraciones y oye un tono más bajo.
Si esta explicación no le ha convencido por completo, pruebe usted a seguir
directamente (con el pensamiento, claro está) cómo se propagan las ondas que
salen del silbato de la locomotora.,Primero vea lo que ocurre cuando la
locomotora está parada (fig. 157). El silbato produce ondas en el aire de las
cuales, para simplificar, examinaremos solamente 4 (véase la línea ondulada
superior). Cuando la locomotora está parada estas ondas se propagan, durante
un lapso de tiempo determinado, a una distancia igual en todas las direcciones.
La onda N' 0 llega al observador A al mismo tiempo que al observador B;
después llegan simultáneamente a los dos observadores las ondas N' 1, N' 2, más
262 tarde la N' 3 y así sucesivamente.
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Figura 157. El problema del silbido de las locomotoras. Arriba las ondas sonoras
que emite la locomotora cuando está parada; abajo, ídem cuando se mueve de
derecha a izquierda.
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Los oídos de ambos observadores reciben igual número de impulsos por segundo y,
por lo tanto, oyen un mismo tono.
Otra cosa es lo que ocurre cuando la locomotora se mueve desde B hacia A (la
línea ondulada inferior). Supongamos que en un momento determinado el silbato
se halla en el punto C' y que mientras emite cuatro ondas tiene tiempo de
trasladarse hasta el punto D.
Comparemos ahora cómo se propagan las ondas sonoras. La onda N° 0, que salió
en el punto C', llega simultáneamente a los dos observadores A' y B', Pero la
N' 4, emitida en el punto D, no llega a los dos al mismo tiempo, puesto que la
distancia DA' es menor que la DB' y, por consiguiente, llegará antes a A' que a
B'. Las ondas intermedias – N° 1, N° 2 y N° 3 - también llegan antes a A' que
a B', pero el retraso será menor. ¿Qué resulta de todo esto? El observador que
se encuentra en el punto A' percibe las ondas sonoras con más frecuencia que el
observador que está en B'; el primero oye un tono más alto que el segundo. Al
mismo tiempo, como puede verse en el dibujo, la longitud de las ondas que van
hacia el punto A' será proporcionalmente menor que la de las que van hacia B'.
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14. Efecto Doppler
El fenómeno que acabamos de describir fue descubierto en el año 1842 por el
físico austriaco Christian Doppler y para siempre quedó asociado a su nombre.
Este mismo fenómeno se observa también en la luz, debido a que también se
propaga por ondas. El aumento de la frecuencia de las ondas (que el oído
recoge como una elevación del tono) es percibido por el ojo como un cambio de
color.
La regla de Doppler proporciona a los astrónomos una magnífica posibilidad de
determinar si una estrella se acerca o se aleja de nosotros y hasta de medir la
velocidad con que se realiza este movimiento. Para estos cálculos se parte del
desplazamiento lateral que experimentan las rayas oscuras que cortan la franja
del espectro. El estudio detenido del sentido y de la medida en que se produce
este desplazamiento de las rayas oscuras permitió hacer toda una serie de
descubrimientos admirables. Gracias al efecto Doppler sabemos ahora que la
estrella brillante Sirio se aleja de nosotros 75 km cada segundo. La distancia
a que se encuentra esta estrella de nosotros es tan enorme que un alejamiento
de millares de millones de kilómetros no produce variación sensible en su
brillo aparente. Sin conocer el efecto Doppler no hubiéramos sabido nunca cómo
se mueve este astro.
Este ejemplo demuestra con extraordinaria claridad que la Física es una ciencia
verdaderamente universal. La Física aplica esta ley, que fue establecida para
las ondas sonoras que alcanzan longitudes de varios metros, a las ondas
luminosas, cuya longitud es de diezmillonésimas de milímetro solamente, y
utiliza estos conocimientos para medir los raudos movimientos de soles
gigantescos allá en las lejanías increíbles del mundo.
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15. Historia de una multa
Cuando Doppler llegó a la conclusión de que la mutua aproximación o alejamiento
del observador y la fuente del sonido o de la luz debe ir acompañada de la
variación de las longitudes de las ondas sonoras a luminosas que se perciben,
expuso la idea de que ésta es la causa de la coloración de las estrellas.
Todas las estrellas - razonaba Doppler - son blancas de por sí; el hecho de que
muchas de ellas parezcan de color se debe a que se mueven rápidamente con
respecto a nosotros. Las estrellas blancas que se aproximan rápidamente envían
a quienes las observan en la Tierra ondas acortadas que dan la sensación de que
tienen color verde, celeste o violeta; las estrellas blancas que se alejan 264
rápidamente, por el contrario, nos parecen amarillas o rojas.
Esta era una idea muy original, pero indudablemente errónea. Para que el ojo
humano pudiera notar la variación del color de las estrellas debida a su
movimiento hubiera sido necesario, en primer lugar, que las estrellas tuvieran
un as velocidades enormes, del orden de decenas de millares de kilómetros por
segundo. Pero esto tampoco habría sido suficiente, porque al mismo tiempo que
los rayos azules de una estrella blanca que se aproximara a nosotros se
transformaban en violetas, los verdes se transformarlas en azules, el lugar de
los ultravioletas lo ocuparían los rayos violetas, y los infrarrojos ocuparían
el de los rojos. En una palabra, las partes componentes de la luz blanca
seguirían existiendo, por lo que a pesar de este corrimiento de todos los
colores del espectro el ojo humano no podría percibir ninguna variación de la
coloración general.
Otra cosa es el desplazamiento que experimentan las rayas oscuras del espectro
de las estrellas que se mueven con relación al observador. Estos
desplazamientos pueden captarse perfectamente por medio de instrumentos muy
exactos y permiten determinar la velocidad con que se mueven las estrellas
siguiendo el rayo visual. (Un buen espectroscopio puede determinar hasta la
velocidad de una estrella que se mueva a 1 km por segundo solamente.)
El célebre físico Robert Wood recordó el error de Doppler en una ocasión en que
un policía pretendió multarle por no haber detenido su automóvil (que iba a
mucha velocidad) ante la luz roja del semáforo. Según cuentan, Wood comenzó
entonces a convencer al guardia urbano de que cuando se va a gran velocidad en
dirección a la señal, la luz roja se percibe como verde. Si el policía hubiera
sabido Física no le habría sido difícil calcular que para que se confirmasen
las palabras del científico la velocidad del automóvil tenía que ser increíble,
es decir, de 135 millones de kilómetros por hora.
Aquí está el cálculo. Llamando
l
a la longitud de la onda emitida por la fuente (en este caso el farol de
señales),
l
' a la longitud de la onda percibido por el observador (el profesor en su
automóvil), v a la velocidad del automóvil y c a la de la luz, tendremos que la
relación entre estas magnitudes que establece la teoría es:
l
/
l
'= 1 + v / c
Sabiendo que la longitud de onda más corta que puede tener la luz roja es igual
a 0,0063 mm, que la mayor longitud de onda que puede tener la luz verde es
igual a 0,0056 mm y que la velocidad de la luz es igual a 300 000 km por seg
tenemos:
0,0063 / 0,0056 = 1 + v / 300 000
de donde la velocidad del automóvil será:
v = 300 000 / 8 = 37 500 km por seg
o 135 000 000 km por hora.
Si Wood hubiera ido a esta velocidad, en una hora y pico hubiera estado más
lejos del policía que el Sol.
Aseguran que por fin le pusieron la multa por "ir a más velocidad de la
permitida".
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16. Con la velocidad del sonido
Supongamos que hay una orquesta tocando la música y que nosotros nos alejamos
de ella con la velocidad del sonido, ¿qué oiremos?
Antes de responder volvamos al ejemplo del viajero y los diarios. Si una
persona va en un tren correo desde Leningrado a otro punto, en los quioscos de
las estaciones verá siempre los mismos diarios de Leningrado, es decir, los que
se publicaron en Leningrado el día de su partida. Esto se comprende
fácilmente, puesto que los diarios van en el mismo tren que el pasajero y los
periódicos más frescos llegan en los trenes que vienen detrás.
Sobre esta base podemos deducir que cuando nos alejamos de la orquesta con la
velocidad del sonido oiremos constantemente una misma nota, la que dio la
orquesta en el momento en que comenzamos a movernos.
Pero esta contestación es falsa. Si nos alejamos con la velocidad del sonido
las ondas sonoras se encontrarán en reposo con respecto a nosotros y no podrán
accionar sobre el tímpano de nuestro oído, por consiguiente, no podremos oír
ningún sonido. En estas condiciones pensaríamos que la orquesta no toca.
¿Y por qué la comparación con los diarios nos dio otra respuesta? Pues,
sencillamente, porque en este caso hemos empleado mal el razonamiento de
analogía. La realidad es que el pasajero que en todas partes ve un mismo
diario debe pensar (si se olvida de que va de viaje) que en la capital han
dejado de publicarse los diarios desde que él se marchó. Para él las
editoriales de 266 estos diarios han dejado de existir, lo mismo que dejaron de
existir los sonidos para el oyente que se aleja con la velocidad del sonido.
Es curioso el hecho de que en este problema se enredan a veces hasta los
propios científicos, aunque en realidad no es tan complicado. En una discusión
conmigo - que entonces estudiaba en la escuela - un astrónomo (ya fallecido) no
estaba conforme con esta resolución del problema anterior y aseguraba que al
alejarnos con la velocidad del sonido debemos oír durante todo el tiempo un
mismo tono. Intentaba demostrar que estaba en lo cierto con los razonamientos
siguientes (reproduzco un trozo de su carta) :
"Supongamos que suena una nota de altura determinada. Esta nota suena así
desde hace ya mucho tiempo y seguirá sonando indefinidamente. Una serie de
observadores situados en el espacio la oirán sucesivamente y, admitámoslo, sin
que se debilite. ¿Por qué no podría usted escuchar esta nota si se trasladara
al sitio donde está cualquiera de estos observadores, con la velocidad del
sonido o con la del pensamiento si quiere?
Exactamente igual demostraba que si un observador se aleja de un relámpago con
la velocidad de la luz verá constantemente este relámpago:
"Figúrese-me escribía que en el espacio hay una serie infinita de ojos. Cada
uno de ellos percibirá la sensación luminosa después que el anterior. Suponga
que usted puede encontrarse mentalmente y de manera sucesiva en el sitio en que
está cada uno de estos ojos: es evidente que todo el tiempo verá usted el
relámpago".
Está claro que ninguna de estas dos afirmaciones es cierta. En las condiciones
que hemos indicado ni oiríamos el sonido ni veríamos el relámpago. Esto se
puede comprobar aplicando la fórmula de la páginas anteriores, en la que en
este caso v = - c y, por consiguiente, la longitud de la onda a percibir 1'
será igual a infinito, lo que es lo mismo que decir que no existe la onda.
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* * * * *
Aquí termina la "Física Recreativa". Si su lectura ha infundido en el lector
el deseo de conocer más de cerca el inabarcable campo de la ciencia de donde ha
sido extraído este puñado policromo de conocimientos sencillos, la tarea del
autor ha sido cumplida, su objetivo logrado y puede poner con satisfacción el
último punto después de la palabra fin.
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