Capítulo Cuarto
Atracción Universal
Contenido:
1.
¿Es Grande La Fuerza De La Atracción?
2.
Un Cable De Acero Desde La Tierra Al Sol
3.
¿Es Posible Ocultarse A La Gravitacion?
4.
Como Hicieron El Viaje A La Luna Los Heroes De Wells
5.
Media Hora En La Luna
6.
Disparos en la Luna
7.
En un pozo sin fondo
8.
Un camino ideal
9.
¿Cómo se hacen los túneles?
1. ¿Es grande la fuerza de la atracción?
"Si la caída de los cuerpos no fuera una cosa que vemos a cada instante, sería
para nosotros el fenómeno más asombroso", escribía el célebre astrónomo francés
Arago. La costumbre hace que el hecho de que la Tierra atraiga a todos los
cuerpos nos parezca un fenómeno natural y ordinario. Pero cuando se nos dice
que los cuerpos también
se atraen entre sí
nos resistimos a creerlo, porque en las condiciones normales de nuestra vida no
vemos nada semejante.
Efectivamente, ¿por qué en torno nuestro no se manifiesta constantemente, en
las circunstancias normales, la ley de la atracción universal? ¿Por qué no
vemos cómo se atraen entre sí las mesas, las sandías, las personas? Porque
cuando los objetos son pequeños la fuerza de atracción que ejercen es
muy pequeña. Citaré un ejemplo ilustrativo. Dos personas que se
encuentren a dos metros de distancia entre sí se atraen mutuamente, pero la
fuerza de esta atracción es insignificante. Suponiendo que estas dos personas
tienen un peso medio, la atracción será de 1/100 de miligramo. Esto quiere
decir que estas dos personas se atraen mutuamente con la misma fuerza con que
una pesita de 1/100.000 de gramo presiona sobre el platillo de una balanza.
Solamente las balanzas de extraordinaria sensibilidad de los laboratorios de
investigación pueden apreciar un peso tan insignificante.
|
|
Figura 45. La atracción del Sol hace que se curve la trayectoria de la Tierra E.
La inercia hace que el planeta tienda a seguir la línea tangente ER
|
Claro está que esta fuerza no puede hacer que nos movamos del sitio, puesto que
lo impide el rozamiento entre las suelas de nuestros zapatos y el suelo. Para
que nos movamos, estando sobre un suelo de madera, por ejemplo (la fuerza de
rozamiento entre las suelas de los zapatos y el suelo será en este caso igual
al 30% del peso de nuestro cuerpo) hace falta que sobre nosotros actúe
una fuerza mínima de 20 kg. Resulta cómico comparar esta fuerza con la de una
centésima de miligramo, que es la que ejerce la atracción. Un miligramo es la
milésima parte de un gramo, y un gramo es la milésima parte de un kilogramo;
por lo tanto, 0,01 mg será... ¡la mitad de la
mil millonésima parte
de la fuerza necesaria para hacer que nos movamos del sitio! Siendo así, ¿qué
tiene de particular que, en condiciones normales, no nos demos ni la más leve
cuenta de la atracción entre los cuerpos terrestres?
Si no existiera el rozamiento sería otra cosa; entonces nada impediría que
hasta la más leve atracción provocara la aproximación de los cuerpos entre sí.
Pero en este caso la aproximación mutua de dos personas producida por una
fuerza de atracción de 0,01 mg sería también muy lenta, es decir, se realizaría
con una
velocidad
insignificante. Por medio de cálculos se puede demostrar que, si no existiera
rozamiento, dos personas situadas a 2 m de distancia se aproximarían entre sí
(por influjo de la atracción mutua) 3 cm durante la primera hora, 9 cm durante
la segunda y 15 cm durante la tercera. El movimiento de aproximación se iría
acelerando, pero las dos personas no llegarían a juntarse antes de cinco horas.
La atracción entre los cuerpos terrestres se puede notar en aquellos casos en
que la fuerza de rozamiento no es un obstáculo, es decir, cuando los cuerpos no
se mueven. Un peso colgado de un hilo se halla sometido a la atracción de la
Tierra (por eso el hilo está dirigido verticalmente), pero si cerca de este
peso se encuentra un cuerpo cuya masa sea grande, aquél será atraído por éste y
el hilo se desviará ligeramente de su posición vertical y tomará la dirección
de la resultante entre la atracción de la Tierra y la del cuerpo, que será
relativamente muy pequeña. La desviación de una plomada en las
proximidades de una gran montaña fue observada por vez primera en el
año 1775 en Escocia, por Maskelyne, quien comparó la dirección de dicha
plomada con la del polo celeste, por los dos lados de una misma montaña.
Posteriormente se realizaron otros experimentos más perfectos, utilizando
balanzas especiales, que permitieron determinar exactamente la fuerza de la
atracción.
Como hemos visto, la fuerza de la atracción entre masas pequeñas es
insignificante. A medida que aumenten las masas crece la atracción
proporcionalmente al producto de éstas. Pero hay algunas personas propensas a
exagerar esta fuerza. Hasta un científico, aunque no físico, sino zoólogo,
intentó demostrarme en una ocasión que la atracción que suele observarse entre
los barcos se debe a la atracción universal. Por medio de cálculos no es
difícil demostrar que la atracción universal no tiene nada que ver con esto.
Dos navíos de línea de 25.000 t cada uno que se encuentren a 100 m de distancia
entre sí se atraerán mutuamente con una fuerza total de... ¡400 g! Lógicamente
esta fuerza es incapaz de producir el más mínimo acercamiento entre dichos
barcos. La causa verdadera de la misteriosa atracción que existe entre los
barcos es otra, que explicaremos en el capítulo dedicado a las propiedades de
los líquidos.
Pero la fuerza de atracción, que es tan insignificante entre masas
pequeñas, se hace muy sensible cuando se trata de masas tan colosales
como las de los cuerpos celestes. Baste decir que incluso un planeta tan
alejado de nosotros como Neptuno, que gira casi en el límite del sistema solar,
nos manda su "saludo" atrayendo a la Tierra con una fuerza de... ¡18 millones
de toneladas! A pesar de la enorme distancia que nos separa del Sol, la Tierra
se mantiene en su órbita gracias a su atracción. Si la atracción que ejerce el
Sol desapareciera por cualquier causa, la Tierra, siguiendo una dirección
tangencial a su órbita actual, se lanzaría a recorrer eternamente la
profundidad insondable del espacio cósmico.
Volver
2. Un cable de acero desde la Tierra al Sol
Supongamos que la poderosísima atracción del Sol desaparece efectivamente y que
el trágico futuro de la Tierra es alejarse para siempre en los fríos y lóbregos
desiertos del universo. Pero figurémonos- aunque para esto hace falta no poca
fantasía que nuestros ingenieros deciden reemplazar las invisibles cadenas de
la desaparecida atracción por un enlace material, es decir, deciden simplemente
unir la Tierra con el Sol por medio de fuertes cables de acero, los cuales
tendrán la misión de mantener la Tierra en su órbita circular alrededor del
Sol. ¡Qué puede haber más fuerte que el acero, cuya resistencia a la tracción
alcanza 100 kg por milímetro cuadrado! Figurémonos una poderosa columna de
acero de 5 m de diámetro. La superficie de su sección transversal sería, en
números redondos, de 20.000.000 mm
2
, por consiguiente, para romper por tracción esta columna se necesitaría un
peso de 2.000.000 t. Supongamos ahora que esta columna se extiende desde la
Tierra hasta el Sol y que une entre sí a ambos astros. ¿Cuántas columnas como
ésta harían falta para mantener la Tierra en su órbita? ¡Un millón de millones!
Para que sea más fácil hacerse una idea de lo que sería este bosque de columnas
de acero, que poblaría densamente tanto los continentes como los océanos, habrá
que decir que, si las columnas estuvieran repartidas uniformemente por todo el
hemisferio terrestre que mira al Sol, el espacio entre dos columnas contiguas
sería poco mas ancho que ellas mismas. Imagínense ustedes la fuerza que hace
falta para romper este enorme bosque de columnas de acero y tendrán una idea de
la fuerza invisible, pero poderosísima, de la atracción mutua entre la Tierra y
el Sol.
Toda esta fuerza colosal se manifiesta exclusivamente en torcer el camino por
el cual marcha la Tierra. Esta fuerza hace que la Tierra se desvíe 3 mm cada
segundo de la línea tangente y que, gracias a esto, el camino que sigue nuestro
planeta sea una curva cerrada, es decir, una elipse. Parece imposible que para
que la Tierra se desvíe 3 mm cada segundo, es decir, la altura que tiene este
renglón, sea necesaria una fuerza tan imponente. Pero si una fuerza tan
extraordinaria puede comunicarle solamente una desviación tan insignificante,
podemos figurarnos lo enorme que es la masa de nuestro planeta.
Volver
3. ¿Es posible ocultarse a la gravitación?
Acabamos de fantasear sobre lo que ocurriría si desapareciera la atracción
mutua entre el Sol y la Tierra y hemos visto que la Tierra, liberada de las
cadenas invisibles de la atracción, recorrería vertiginosamente la inmensidad
del universo. Abramos ahora nuestra fantasía a otro tema: ¿qué ocurriría con
todos los objetos terrestres si no existiera la gravedad? Nada los sujetaría a
nuestro planeta y el menor impulso sería suficiente para lanzarlos al espacio
interplanetario. Ni siquiera sería necesario aguardar este impulso, la propia
rotación de la Tierra dispersaría en el espacio todo cuanto no está sólidamente
ligado a su superficie.
El escritor inglés Wells utilizó este género de ideas para describir en una
novela un viaje fantástico a la Luna. En esta obra ("Los primeros hombres en la
Luna") el ingenioso novelista propone un procedimiento muy original para viajar
de un planeta a otro. Este procedimiento consiste en el empleo de una sustancia
especial, inventada por el científico, héroe de la novela, que posee la
magnífica propiedad de ser impenetrable a la gravedad. Si una capa de esta
sustancia se coloca debajo de un cuerpo cualquiera, este último se
liberará de la atracción de la Tierra y quedará sometido solamente a la
atracción de los demás cuerpos. Wells le dio a esta sustancia fantástica el
nombre de "cavorita", por ser Cavor su inventor imaginario.
"Sabemos - escribe el novelista -, que para la atracción universal, es decir,
para la gravitación, todos los cuerpos son penetrables. Se pueden poner
pantallas que impidan el paso de los rayos de luz hasta los objetos; por medio
de chapas metálicas se puede preservar un cuerpo contra la llegada de las ondas
eléctricas de la radiotelegrafía, pero no existen obstáculos que puedan
proteger un objeto de la atracción del Sol o de la gravitación terrestre. No es
fácil explicarse por qué no existen en la naturaleza barreras semejantes para
la gravitación. Pero Cavor no veía ningún motivo que pudiera impedir la
existencia de una sustancia impenetrable a esta atracción y se consideraba a sí
mismo capaz de crear artificialmente la sustancia que tuviera esta propiedad".
"Cualquiera que posea una chispa de imaginación puede figurarse fácilmente qué
posibilidades tan extraordinarias abriría ante nosotros una sustancia
semejante. Si hace falta levantar un peso, aunque éste sea enorme, bastará con
poner debajo de él una hoja de esta sustancia para que pueda ser levantado
hasta con una pajita".
Después de conseguir esta sustancia estupenda, los héroes de la novela
construyen una nave espacial en la cual realizan un intrépido viaje a la Luna.
La estructura de este proyectil es muy sencilla; en él no existe ningún
mecanismo propulsor, puesto que se mueve por medio de las atracciones que sobre
él ejercen los astros.
A continuación reproducimos la descripción que hace Wells de este proyectil
imaginario:
"Figúrense ustedes un proyectil esférico bastante amplio, capaz de
transportar dos personas con sus equipajes. Este proyectil tiene dos
envolturas, una interna y otra externa; la interna de vidrio grueso y la
externa de acero. En él se puede hacer provisión de aire condensado, alimentos
concentrados, aparatos para destilar agua, etc. La esfera de acero estará
totalmente recubierto por fuera con una capa de "cavorita". La envoltura de
vidrio interna será continua, excepto la escotilla; la de acero, por el
contrario, constará de partes independientes, cada una de las cuales podrá
enrollarse como si fuera una cortinilla. Esto se puede conseguir sin dificultad
por medio de unos resortes; para subir y bajar las cortinillas se empleará una
corriente eléctrica, que unos alambres de platino conducirán desde la envoltura
de vidrio. Pero esto son ya pormenores técnicos. Lo principal es que la
envoltura exterior del proyectil estará formada por una especie de ventanas con
cortinilla de "cavorita". Cuando todas las cortinillas estén bajadas por
completo, en la esfera no podrá penetrar ni luz, ni ninguna clase de energía
radiante, ni la fuerza de la atracción universal. Pero imagínense que una de
las cortinillas está levantada. En este caso cualquier masa que se encuentre a
alguna distancia enfrente de esta ventana nos atraerá hacia sí. Prácticamente
podremos viajar por el espacio cósmico atraídos ya por uno, ya por otro cuerpo
celeste".
Volver
4. ¿Cómo hicieron el viaje a la Luna los héroes de Wells?
Es muy interesante cómo el novelista describe el momento en que el vagón
interplanetario emprende su viaje. La tenue capa de "cavorita" que recubre la
superficie externa del proyectil hace que éste se comporte como si fuera
ingrávido. Ustedes comprenderán que un cuerpo ingrávido no puede encontrarse
tranquilamente en el fondo del océano aéreo; con él deberá ocurrir lo mismo que
un corcho que estuviera en el fondo de un lago y que inmediatamente subiría a
la superficie. De la misma forma el proyectil ingrávido - sobre el cual
actúa además la inercia de la rotación de la Tierra -, deberá elevarse
rapidísimamente y, después de alcanzar los límites de la atmósfera, continuar
libremente su camino en el espacio interplanetario. Así fue como emprendieron
su vuelo los héroes de la novela. Cuando se hallaron en el espacio cósmico,
comenzaron a abrir unas ventanas y a cerrar otras, exponiendo el interior del
proyectil unas veces a la atracción del Sol y otras a la de la Tierra o de la
Luna, y así llegaron a la superficie de nuestro satélite natural. Después uno
de los expedicionarios volvió a la Tierra en este mismo proyectil.
No vamos a discutir aquí la esencia de idea de Wells (esto es cosa que hice en
otro lugar), donde expuse su inconsistencia)
(Nota 1: Viajes interplanetarios
. Creamos por un momento al ingenioso novelista y sigamos a sus personajes en
la Luna.
Volver
Media Hora En La Luna
Veamos cómo se sentían los personajes de la obra de Wells en un mundo donde la
gravedad es mucho menor que en la Tierra.
He aquí una página curiosa
(Nota 2: El trozo que reproducimos está un poco extractado.)
de la novela "Los primeros hombres en la Luna". Habla uno de los habitantes de
la Tierra recién llegados a la Luna.
"Empecé a destornillar la tapa del proyectil. Me puse de rodillas y me asomé
por la escotilla. Abajo, a una distancia de tres pies de mi cabeza, yacía la
nieve inmaculada de la Luna.
Cavor se lió en una manta, se sentó en el borde de la escotilla y empezó a
bajar las piernas. Cuando tenía sus plantas a medio pie del suelo, dudó un
momento y se dejó caer sobre la superficie del mundo lunar.
Yo lo estaba mirando a través de la envoltura de vidrio de la esfera. Después
de dar varios pasos se detuvo un minuto, miró a su alrededor, y por fin se
decidió a saltar hacia adelante.
El vidrio deformó este movimiento, pero a mí me pareció que este salto fue
demasiado grande en realidad. Cavor se encontró de golpe a 6 ó 10 metros de mí.
De pie sobre una peña, me hacía señas; es posible que gritase
algo; el sonido no llegaba hasta mis oídos ... Pero, ¿cómo dio el salto?
Yo estaba preocupado y decidí salir por la escotilla y dejarme caer. De esta
forma me encontré al borde de un hoyo nevado. Di un paso adelante y después
salté.
Sentí que volaba y pronto me encontré cerca de la peña en que estaba
esperándome Cavor. Me cogí a ella y quedé suspenso y horriblemente sorprendido.
Cavor se agachó y empezó a gritarme con voz chillona que tuviera cuidado. Me
había olvidado de que en la Luna la gravedad es seis veces más débil que en la
Tierra. Pero la propia realidad hacía que lo recordase.
Teniendo precaución y conteniendo mis movimientos logré subir a la cumbre de la
peña y andando como un reumático me puse al sol junto a Cavor. Nuestro
proyectil estaba a unos treinta pies de nosotros sobre un montón de nieve que
se derretía.
- Mire usted - dije, volviéndome hacia Cavor.
Pero Cavor había desaparecido.
Me sobrecogí un instante por esta sorpresa y después, queriendo ver lo que
había allá del borde de la peña, di un paso hacia adelante, sin
acordarme de que estaba en la Luna. El esfuerzo que hice era el necesario para
avanzar un metro en la Tierra, pero aquí fueron seis los que avancé, con lo
cual fui a parar cinco metros más allá del borde de la peña.
Sentí la misma impresión que cuando en sueños se cae uno a un abismo y
va por el espacio. Cuando se cae una persona en la Tierra, durante el primer
segundo baja 5 metros, en la Luna solamente baja 80 centímetros en este mismo
tiempo. Por esto yo descendí planeando suavemente hasta una profundidad de
cerca de nueve metros. Esta caída me pareció larga, aunque duraría unos tres
segundos. Volé por el aire y, después de caer como una pluma, me encontré
hundido hasta las rodillas en un montón de nieve y en el fondo de un valle
pedregoso.
- ¡Cavor! - grité, mirando a mi alrededor.
No se veían huellas de él por ninguna parte.
- ¡Cavor! - volví a gritar más fuerte.
De repente lo vi. Se estaba riendo y me hacía señas desde un
peñasco pelado que había a unos veinte metros de mí. Sus palabras no se
podían oír, pero por los gestos comprendí lo que quería. Me invitaba a dar un
salto y a reunirme con él.
Dudé un poco, porque la distancia me pareció demasiado grande. Después pensé
que si Cavor pudo dar un salto así, también lo podía dar yo.
Di un paso atrás y salté con todas mis fuerzas. Salí por el aire como una
flecha y parecía que nunca iba a llegar abajo. Fue un vuelo fantástico,
monstruoso como los que se sueñan, pero al mismo tiempo admirable.
El salto resultó demasiado grande y yo pasé volando sobre la cabeza de Cavor".
Volver
6. Disparos en la Luna
El episodio siguiente está tomado de una novela del insigne inventor soviético
K. E. Tsiolkovski titulada "En la Luna". Este episodio nos ayudará a comprender
las condiciones del movimiento bajo la acción de la gravedad. En la Tierra la
atmósfera dificulta el movimiento de los cuerpos y oculta las leyes simples de
la caída de los cuerpos, complicándolas con otras condiciones. En la Luna no
existe aire. Por esto nuestro satélite sería un magnífico laboratorio para
estudiar la caída de los cuerpos, si pudiéramos encontrarnos allí y dedicarnos
a la investigación científica.
En el episodio que a continuación reproducimos, los dos interlocutores se
hallan en la Luna y quieren investigar cómo se moverán allí las balas
disparadas con una escopeta.
"-¿Funcionará aquí la pólvora?
Por qué no. Los explosivos en el vacío deben poner de manifiesto sus
propiedades con más fuerza aún que en el aire, puesto que este
último lo único que hace es dificultar su explosión. En cuanto al
oxígeno, no les hace falta. Dentro de ellos mismos hay la cantidad suficiente.
- Colocaré la escopeta verticalmente para que la bala caiga más cerca y sea más
fácil encontrarla después del disparo.
Hizo fuego y se sintió un ruido muy débil
(Nota3: En la Luna el sonido se transmite a través del suelo y del cuerpo de
las personas, y no a través del aire, puesto, que allí no lo hay.)
y una pequeña sacudida del suelo.
- ¿Dónde estará el taco? Debía haber caído por aquí cerca. - El taco salió
disparado junto con la bala y lo más probable es que no se separe de ella,
puesto que en la Tierra es la atmósfera la que le impide seguir al plomo; aquí
una pluma cae y vuela con la misma rapidez que una piedra. Coge una pluma de
ésas que salen de la almohada y yo cogeré esta bola de hierro colado. Tú
podrás tirar tu pluma y atinar a un blanco, aunque se encuentre bastante
alejado, con la misma facilidad que yo con mi bola. Yo puedo, si el peso es
pequeño, lanzar la bola a 400 metros y tú puedes tirar tu pluma a
la misma distancia; claro que con ella no le harás daño a nadie y al
lanzarla te parecerá que no has tirado nada. Bueno, tiremos nuestros
proyectiles arrojadizos con todas nuestras fuerzas, que no son muy dispares, a
un mismo blanco; a aquella piedra de granito rojo ...
La pluma adelantó un poco a la bola de hierro colado. Parecía que la había
arrastrado un fuerte remolino.
¿Qué pasa? Desde que disparamos la escopeta han transcurrido tres minutos y
aún no ha regresado la bala.
Espera dos minutos más y verás como vuelve.
Efectivamente, al cabo del tiempo señalado sentimos una pequeña
sacudida en el suelo y vimos cómo el taco botaba no muy lejos.
- ¡Cuánto tiempo estuvo volando la bala! ¿A qué altura tenía que remontarse?
- A unos setenta kilómetros. Puede alcanzar esta altura porque la gravedad es
pequeña y porque no existe aire que le ofrezca resistencia".
Comprobémoslo. Si consideramos que la velocidad de la bala en el momento de
salir del cañón es solamente de 500 m por segundo (en comparación con
las armas modernas esta velocidad es vez y media menor que la real), la altura
a que subiría en la
Tierra, si no existiera la atmósfera,
sería:
h=
v
2
/2g = 500
2
/2
×
10=12.500 m
es decir, 12,5 km. En la Luna, donde la gravedad es 6 veces menor, en lugar de
g hay que tomar 10/6; por consiguiente, la bala deberá alcanzar la altura de
12,500 * 6 = 75 km
Volver
7. En un pozo sin fondo
Sobre lo que ocurre en las profundas entrañas de nuestro planeta se sabe
todavía muy poco. Unos suponen que debajo de una corteza dura de cien
kilómetros de espesor comienza una masa líquida incandescente. Otros consideran
que todo el globo terráqueo se ha solidificado hasta el mismo centro. Esta es
una cuestión difícil de resolver. Hasta ahora el pozo más profundo tiene 7,5 km
de hondura y la mina más honda a que ha bajado el hombre tiene una profundidad
de 3.300 m
(Nota 4: La mina de oro de Boksburg (Transvaal, Africa del Sur), con la
particularidad de que la entrada del pozo se encuentra a 1.600 m de altura
sobre el nivel del mar, es decir, la profundidad de la mina con respecto al
nivel del mar es solamente de 1.700 m. (N. de la R.) )
, mientras que el radio de la Tierra es igual a 6.400 km. Si a través de
nuestro planeta se pudiera perforar un pozo de parte a parte, siguiendo uno de
sus diámetros, estos problemas estarían resueltos. Pero la técnica más moderna
está muy lejos aún de poder realizar semejante empresa, aunque todos los
pozos perforados en la corteza terrestre, tomados conjuntamente, alcanzarían
una longitud mayor que el diámetro de nuestro planeta.
En el siglo XVIII soñaban con hacer un túnel a través de la
Tierra el matemático Maupertuis y el filósofo Voltaire. A este proyecto, aunque
en escala más modesta, se refirió también el astrónomo francés Flammarion. En
esta página reproducimos el dibujo que encabezaba su artículo dedicado a este
tema (fig. 46).
|
|
Figura 46. Si la Tierra se taladrara por su diámetro...
|
Hasta ahora no se ha hecho, naturalmente, nada parecido; pero aprovechemos este
pozo imaginario sin fondo para ocuparnos de un problema muy interesante.
|
|
Figura 47. Si un cuerpo se cayera en un pozo practicado a través del centro de
la
Tierra oscilaría de un extremo a otro sin detenerse; cada oscilación completa
duraría 1 hora 24 minutos.
|
¿Qué piensa el lector que le ocurriría si se cayese en un pozo sin fondo de
este tipo (olvidando por ahora la resistencia del aire)? Estrellarse en el
fondo no podría, puesto que no existe fondo, pero, ¿dónde pararía?
¿En el centro de la Tierra? No.
Cuando llegase usted a este centro, su cuerpo tendría una velocidad tan enorme
(de cerca de 8 km/seg) que ni hablar se puede de que se parase. Seguiría usted
adelante, como disparado, y su movimiento se iría retardando poco a poco hasta
que llegara al nivel de los bordes del extremo opuesto del pozo. Aquí tendría
que agarrarse bien a dichos bordes, porque de lo contrario tendría que repetir
el paseo a través del pozo hasta el otro extremo. Y si tampoco consigue
sujetarse a algo, otra vez se hundirá en el pozo y seguirá de esta forma
balanceándose indefinidamente.
La Mecánica enseña que, en estas condiciones (si se desprecia la
resistencia del aire), el cuerpo debe oscilar, de un lado a otro y viceversa,
constantemente
(Nota 5: La resistencia del aire haría que las oscilaciones se fueran
amortiguando paulatinamente y al final la persona se detendría en el centro de
la Tierra.)
.
¿Cuánto duraría una de estas oscilaciones? El recorrido de ida y vuelta duraría
84 minutos y 24 segundos, es decir, en números redondos, hora y media.
"Así ocurriría - continúa C. Flammarion -, si el pozo estuviera abierto
por el eje de la Tierra, desde un polo a otro. Pero si se traslada el punto de
partida a cualquier otra latitud – a Europa, Asia o Africa -, hay que tener en
cuenta la influencia que ejerce la rotación de la Tierra. Sabemos que cada
punto de la superficie terrestre recorre en el ecuador 465 m por segundo, y a
la altura de París, 300 m. Como la velocidad circular
aumenta
al alejarse del eje de rotación, una bola de plomo, por ejemplo, dejada caer en
un pozo, no caerá verticalmente, sino que se desviará un poco hacia el este. Si
el pozo sin fondo se hace en el ecuador, su anchura deberá ser bastante grande,
o el pozo estar muy inclinado, puesto que el cuerpo que caiga en él desde la
superficie de la Tierra se desviará mucho hacia el este, con respecto a su
centro.
Si la boca de entrada del pozo se encontrará en una de las mesetas de América
del Sur, a una altura de dos kilómetros sobre el nivel del mar, y el extremo
opuesto del túnel estuviera al nivel del océano, la persona que por
descuido se cayese en la boca americana, al llegar al otro extremo llevaría
tanta velocidad que se elevaría dos kilómetros sobre la superficie.
Si los dos extremos del pozo se encontraran al nivel del océano, se le podría
dar una mano a la persona caída en el momento en que apareciera por una de las
bocas, puesto que su velocidad sería igual a cero. Pero en el caso anterior,
por el contrario, habría que apartarse por temor a un viajero tan
extraordinariamente precipitado".
Volver
8. Un camino ideal
Hace tiempo, en San Petersburgo (hoy Leningrado) apareció un folleto que tenía
un título tan extraño como el siguiente: "Ferrocarril subterráneo
automotriz entre San Petersburgo y Moscú. Novela fantástica en tres
capítulos, incompletos por ahora". El autor de este folleto A.A. Rodnig,
propone un proyecto ingenioso que puede interesar a los aficionados a las
paradojas físicas.
|
|
|
Figura 48. Si se hiciera un túnel entre Leningrado Y Moscú, los
trenes circularían por él en ambas direcciones por su propio peso, sin
necesidad de locomotoras.
|
El proyecto consiste en "hacer un túnel de 600 km de longitud para unir
entre sí las dos capitales, siguiendo una línea subterranea completamente
recta. De esta forma tendríamos la posibilidad de realizar el viaje en línea
recta, y no siguiendo vías curvas como hasta ahora" (El autor quiere decir
que todos los ferrocarriles se amoldan a la curvatura de la superficie de la
Tierra y, por lo tanto, forman arcos, mientras que el túnel que él ha
proyectado sigue una línea recta, es decir, una cuerda).
Si se pudiera hacer este túnel, tendría una propiedad magnífica que no
tiene ningún ferrocarril del mundo. Esta propiedad consiste en que
cualquier carruaje
se movería por él de por sí solo.
A propósito de esto, recordemos nuestro pozo perforado atravesando la Tierra.
El túnel Leningrado-Moscú sería un pozo semejante a aquél, pero
perforado no por el diámetro, sino por la cuerda. Es verdad que mirando la fig.
48 puede parecer que el túnel es horizontal y que, por consiguiente, no
hay ninguna causa para que podamos viajar por él a costa de la gravedad. Pero
esto es solamente una ilusión óptica. Si trazamos mentalmente los radios de la
esfera correspondientes a los extremos del túnel (la dirección del radio
es la de la plomada), veremos que éste no está hecho en dirección perpendicular
a la de la plomada, es decir, horizontal, sino inclinada.
En un pozo inclinado como éste todo cuerpo debe rodar hacia adelante y hacia
atrás atraído por la gravedad y presionando continuamente sobre el fondo. Si
dentro de este túnel se ponen vías, los vagones de ferrocarril podrán
desplazarse por él solos; el peso de los propios vagones sustituirá a la
tracción de la locomotora. Al principio este tren se moverá despacio. Pero su
velocidad irá en aumento cada segundo y pronto se hará insospechadamente
grande, de manera que el aire estorbará mucho su avance. Pero olvidémonos
temporalmente de este lamentable obstáculo, que impide la realización de tantos
proyectos seductores, y sigamos adelante con nuestro tren. En la mitad del
túnel el tren tendrá una velocidad mucho mayor que la de una bala de
cañón, con la que podrá llegar casi hasta el otro extremo. Si no hubiera
rozamiento, tampoco existiría este "casi"; el tren, sin locomotora, haría
perfectamente el recorrido desde Leningrado hasta Moscú. El viaje en una
dirección duraría, según los cálculos, lo mismo que en el caso de la
caída al pozo perforado siguiendo el diámetro de la Tierra, es decir, 42
minutos y 12 segundos. Aunque parezca extraño, la duración no depende de
la longitud del túnel. El viaje por el túnel
Moscú-Leningrado duraría lo mismo que por un túnel
Moscú-Vladivostok o Moscú-Melbourne
(Nota 6: También se puede demostrar otra propiedad muy interesante del pozo sin
fondo que consiste en que la duración de cada oscilación no depende de las
dimensiones del planeta, sino exclusivamente de su densidad).
Lo mismo ocurriría con cualquier otro carruaje, fuera una vagoneta, un coche,
un automóvil, etc. En realidad sería un camino ideal que, permaneciendo
inmóvil, haría que todos los carruajes marchasen por él, de un extremo al otro,
con extraordinaria rapidez.
Volver
9. ¿Cómo se hacen los túneles?
En la fig. 49 se muestran tres procedimientos de trazar túneles, ¿por
cuál de los tres se consigue que el túnel sea horizontal?
Ni por el primero ni por el tercero. Por el de en medio, en que el túnel
tiene forma de arco y en todos sus puntos forma ángulos rectos con la dirección
de las líneas verticales (es decir, con los radios de la Tierra). Este es el
túnel horizontal; su curvatura es igual que la de la superficie de la
Tierra.
|
|
Figura 49. Tres procedimientos de hacer un túnel a través de una
montaña.
|
Los grandes túneles se hacen generalmente como indica el dibujo superior
de la fig. 49, es decir, siguiendo las líneas rectas tangentes a la superficie
de la Tierra en los puntos extremos del túnel. Los túneles de
este tipo
se elevan
al principio un poco y luego
descienden.
Tienen la ventaja de que el agua no se acumula en ellos, sino que corre hacia
los extremos. Si el túnel se hiciera estrictamente horizontal y fuera
largo, tendría forma de arco. El agua no tendría a salir de él, puesto que en
cada uno de sus puntos se encontraría en equilibrio. Cuando un túnel de
éstos tiene más de 15 km de largo (el del Simplón tiene 20 km), mirando desde
un extremo no se ve el otro, porque la visual se topa con el techo, debido a
que el punto medio del túnel se eleva más de 4 m sobre el nivel de sus
puntos extremos.
Finalmente, si el túnel se hace siguiendo una línea recta que una los
puntos extremos, presentará un pequeño
declive
desde sus bocas hacia el centro. El agua en vez de salir de él se acumulará en
su centro, que será la parte más baja. Pero desde una entrada podremos ver la
otra. Los dibujos adjuntos facilitan la comprensión de lo expuesto
(Nota 7:De lo dicho se deduce que todas las líneas horizontales son curvas,
mientras
que las verticales son rectas.).
Volver
|