Capítulo Tercero
Movimiento Circular
Contenido:
1.
¿Por qué no se cae la peonza mientras está girando?
2.
El arte de los malabaristas
3.
Otra solución al problema del huevo de Colón
4.
La "anulación" de la gravedad
5.
En lugar de Galileo
6.
Mi discusión con el lector
7.
Fin de la discusión
8.
La esfera "encantada"
9.
Un telescopio líquido
10.
El "Rizo de la Muerte"
11.
La matemática en el circo
12.
Falta de peso
1. ¿Por qué no se cae la peonza mientras está girando?
Millares de personas han jugado en su infancia a "bailar" la peonza o la
perinola, pero pocas de ellas son las que pueden contestar bien a esta
pregunta. Y en realidad, ¿qué explicación se le puede dar al hecho de que una
peonza en rotación, situada en posición vertical o inclinada, no se caiga? ¿Qué
fuerza la mantiene en esa posición aparentemente inestable? ¿A caso no actúa
sobre ella la gravedad?
En este juguete se produce una interacción de fuerzas muy interesante. La
teoría de la peonza es bastante compleja y no es nuestro propósito profundizar
en ella, pero sí queremos dar a conocer la causa principal de que la peonza no
se caiga mientras está girando.
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Figura 27. ¿Por qué no se cae la perinola?
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En la fig. 27 se representa una perinola que gira en la dirección que indican
las flechas. Prestemos atención a la parte A de su borde y a la parte B,
opuesta a aquélla. La parte A tiende a moverse alejándose de nosotros; la B,
por el contrario, tiende a acercarse a nosotros. Veamos ahora qué movimiento
reciben estas partes si empujamos hacia abajo el borde de la perinola para que
se incline hacia nosotros.
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Figura 28. Si se echa por alto una perinola en rotación, su eje conserva la
dirección que tenia.
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Al hacer esto obligamos a la parte A a moverse hacia arriba y a la B a moverse
hacia abajo; la dirección del empuje forma un ángulo recto con el movimiento
propio de estas partes. Pero como la perinola gira rápidamente y la velocidad
circular que tienen las partes del disco es muy grande, la nueva velocidad que
le comunicamos al hacer que se incline es insignificante en comparación con la
que ya tenía, por eso se suma a ella, produciendo una velocidad resultante, que
se aproxima mucho a la circular, y el movimiento de la perinola casi no varía.
Esto explica por qué la perinola (o la peonza) parece que se resiste a que la
vuelquen. Cuanto más pesada sea la peonza y más rápidamente gire, tanto más
resistencia opone a ser volcada.
La esencia de esta explicación está relacionada directamente con la ley de la
inercia. Cada una de las partículas de la peonza se mueve, describiendo una
circunferencia, en un plano perpendicular al eje de giro. Por la ley de la
inercia, cada una de estas partículas tiende en cada instante a salirse de la
circunferencia siguiendo una línea recta tangente a aquélla. Pero cada una de
estas tangentes se encuentra en el mismo plano que la circunferencia; por lo
tanto, cada partícula tiende a moverse sin abandonar el plano perpendicular al
eje de giro en que se halla. De aquí se deduce que todos los planos de la
peonza, perpendiculares al eje de rotación, tienden a conservar su posición en
el espacio y por esto, la perpendicular común a todos ellos, es decir, el
propio eje de rotación, también tiende a conservar su dirección.
Los movimientos que pueden provocar en la peonza las fuerzas exteriores son muy
variados y no vamos a examinarlos. Esto exigiría explicaciones demasiado
detalladas que resultarían ,aburridas. Mi propósito se reducía a aclarar por
qué todos los cuerpos que giran tienden a conservar invariable la dirección de
su eje de rotación.
Esta propiedad tiene gran importancia en la técnica moderna en los barcos y
aviones modernos se instalan aparatos giroscópicos (basados en las propiedades
de la peonza), como son las brújulas, los autopilotos, los estabilizadores,
etc. El efecto de giro sirve también para estabilizar las trayectorias de los
proyectiles y de las balas. Este mismo efecto se utiliza para estabilizar el
movimiento de los cohetes cósmicos y de los satélites artificiales. Todas éstas
son aplicaciones prácticas de lo que parecía un simple juguete.
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Figura 29. Así cae una moneda si se echa hacia arriba girando alrededor de su
eje.
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2. El arte de los malabaristas
Muchos de los espectaculares juegos de manos que incluyen en sus programas los
malabaristas se basan también en la propiedad que tienen los cuerpos giratorios
de mantener la dirección de su eje de rotación. A continuación me permito citar
unos párrafos del ameno libro del físico y profesor inglés John Perry "La
Peonza Giratoria":
"En una ocasión estaba yo demostrando algunos de mis experimentos ante un
auditorio que tomaba café y fumaba plácidamente en el magnífico salón de
conciertos "Victoria" de Londres. Yo hacía lo posible por interesar a mis
oyentes explicándoles que si queremos echarle a alguien un sombrero, para que
pueda recogerlo con su bastón, hay que lanzarlo de forma que vaya girando, de
la misma manera que cuando tiramos una anilla para que caiga en un sitio
determinado. Porque todo cuerpo giratorio opone una resistencia al cambio de
dirección de su eje de rotación en la que se puede confiar siempre.
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Figura 30 Si la moneda se echa hacia arriba sin rotación puede caer de cualquier
manera.
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Luego expliqué a mis oyentes que por muy liso que sea el acabado de un cañón de
arma de fuego, no puede garantizar una buena puntería; por eso, las armas
modernas tienen los cañones rayados, es decir, en el alma del cañón se hacen
unas estrías helicoidales en las que encajan las bandas de forzamiento del
proyectil, de forma que este último debe entrar en rotación cuando la fuerza de
la explosión de la pólvora le obliga a avanzar por el ánima del cañón. A esto
se debe que el proyectil salga del cañón con un movimiento de rotación
perfectamente determinado.
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Figura 31. Un sombrero es más fácil de coger cuando se tira dando vueltas
alrededor de su eje.
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Esto fue todo lo que yo pude hacer durante esta conferencia, puesto que no soy
ducho en lanzar sombreros ni discos. Pero cuando terminó mi charla, empezaron a
actuar dos malabaristas y yo, francamente, no hubiera podido desear una
ilustración mejor para las leyes que acababa de explicar que la que ofrecía
cada uno de los juegos que hacían estos artistas. Se echaban el uno al otro
sombreros, anillos, platos, sombrillas, todo ... girando. Uno de los
malabaristas echaba por alto toda una serie de cuchillos, los volvía a coger y
otra vez los lanzaba hacia arriba con suma precisión; el público, que conocía
ya el por qué de estos fenómenos, se regocijaba, se daba cuenta del movimiento
giratorio que el malabarista comunicaba a cada cuchillo, soltándolo de manera
que sabía con seguridad en qué posición volvería a sus manos. Yo me quedé
admirado de ver que casi todos los números que presentaron los malabaristas
servían de ilustración al principio enunciado anteriormente".
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3. Otra solución al problema del huevo de Colón
Colón resolvió de una manera extraordinariamente fácil el problema de poner un
huevo en pie: simplemente, chafó la punta del cascarón.
Pero esta solución del problema no es justa, porque al chafar el cascarón varió
la forma del huevo y, por consiguiente, no puso en pie un huevo, sino un cuerpo
distinto, puesto que la esencia del problema está precisamente en la forma que
tiene el huevo. Colón, pues, resolvió el problema para otro cuerpo, pero no
para el que se buscaba.
Y no obstante el problema del huevo de Colón se puede resolver sin cambiar en
absoluto la forma del huevo. Para esto no hay más que aprovechar la propiedad
que tienen las peonzas, es decir, hacer que el huevo gire alrededor de su eje
mayor. De esta forma el huevo se mantendrá en pie, durante cierto tiempo, sobre
su extremo romo o incluso sobre su punta. La manera de conseguir esto se puede
ver en el dibujo. El huevo se hace girar con los dedos. Al separar las manos
vemos que gira, durante algún tiempo, de pie sobre su punta; por lo tanto el
problema está resuelto.
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Figura 32. Solución del problema del huevo de Colón: el huevo gira sobre su
punta.
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Para que el experimento salga bien hay que emplear un huevo duro. Esto no
contradice las condiciones del problema de Colón, puesto que este último, al
plantearlo, cogió un huevo de los que estaban en la mesa, y es de suponer que
los huevos que habían servido no serían crudos.
Los huevos crudos no se pueden hacer girar de pie, porque la masa líquida que
tienen dentro hace las veces de freno. Esta peculiaridad sirve para distinguir
con facilidad los huevos cocidos de los crudos. Este procedimiento lo emplean
muchas amas de casa.
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4. La "anulación" de la gravedad
"El agua no se derrama de una vasija que gira, incluso cuando dicha vasija se
encuentra boca abajo, porque se lo impide la rotación" - escribía hace dos mil
años Aristóteles. En la fig. 33 se representa este experimento, que sin duda
han hecho muchos. Procurando que el cubito con el agua gire con suficiente
rapidez se consigue que esta última no se derrame ni siquiera en aquella parte
de la trayectoria en que el cubo está boca abajo.
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Figura 33. ¿Por qué no se derrama el agua cuando le damos vueltas al cubo?
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Generalmente se suele explicar este fenómeno por la acción de la "fuerza
centrífuga", entendiendo por ésta una fuerza imaginaria que, al parecer, va
aplicada al cuerpo y que hace que 58 tienda a separarse del centro de rotación.
Pero esta fuerza no existe. La tendencia antedicha no es otra cosa que una
manifestación de la inercia, y todo movimiento inercial se realiza sin que en
él tome parte fuerza alguna. En Física se entiende por fuerza centrífuga otra
cosa, es decir, la fuerza real con que el cuerpo en rotación tensa el hilo que
lo sujeta o presiona sobre el camino circular que recorre. Pero esta fuerza no
está aplicada al cuerpo que se mueve, sino al obstáculo que impide que este
cuerpo se mueva en línea recta, es decir, al hilo, a los raíles en los trozos
curvos de las vías, etc.
Volviendo al caso del cubito que gira, procuraremos esclarecer la causa de este
fenómeno sin recurrir al concepto de la "fuerza centrífuga". Empezaremos por
plantearnos la pregunta siguiente: ¿Hacia dónde se dirigiría el chorro de agua
si hiciéramos un orificio en la pared del cubo? Si no existiera la gravedad, el
chorro de agua seguiría por inercia, la dirección de la tangente AK a la
circunferencia AB (fig. 33). Pero la gravedad hace que el chorro descienda y
describa la curva AP (parábola). Si la velocidad circular es suficientemente
grande esta curva será exterior a la circunferencia AB. Este chorro nos indica
el camino que seguiría el agua (mientras gira el cubo) si las paredes que
presionan sobre ella no se lo impidieran. Con esto queda claro por qué el agua
no tiende en general a moverse verticalmente hacia abajo y por qué no se
derrama del cubo. Para que se derramase sería necesario que la boca del cubo
estuviera orientada en el sentido de su rotación.
Calculemos ahora con qué velocidad debe girar el cubo de este experimento para
que el agua no se derrame. Esta velocidad deberá ser suficiente para que la
aceleración centrípeta del cubo en rotación no sea menor que la aceleración de
la gravedad; en estas condiciones el agua tenderá a seguir una trayectoria que
se encontrará fuera del círculo descrito por el cubo y, por consiguiente, no
podrá quedar rezagada con respecto a él. La fórmula para calcular la
aceleración ceritrípeta W es la siguiente: siendo v la velocidad circular y R
el radio del camino que recorre el cubo. Como la aceleración de la gravedad en
la superficie de la Tierra es g = 9,8 m/seg
2
, tendremos la desigualdad
Si tomamos R igual a 70 cm,
de donde
No es difícil calcular que para obtener esta velocidad es necesario que la mano
dé cerca de vuelta y media por segundo. Esta velocidad de giro es fácil de
conseguir y, por consiguiente, el experimento se puede realizar sin dificultad.
La propiedad que tienen los líquidos de apretarse contra las paredes del
recipiente que los contiene, cuando éste gira alrededor de un eje horizontal (o
vertical), se emplea en la técnica de la fundición en la llamada colada
centrífuga. Este procedimiento tiene la ventaja de que si el líquido no es
homogéneo se distribuye por capas según los pesos específicos de sus partes
componentes, con la particularidad de que las partes más pesadas ocupan los
puntos más alejados del eje de rotación, mientras que las más ligeras se sitúan
próximas a dicho eje. Esto hace que los gases que contiene el metal fundido
(que suelen ocasionar las llamadas "sopladuras") son expulsados de dicho metal
hacia el centro, es decir, hacia la parte hueca de la fundición. Las piezas de
fundición fabricadas por este procedimiento son compactas y no presentan
sopladuras. La fundición por colada centrífuga resulta más barata que la colada
a presión y tiene la ventaja de que para ella no se necesitan máquinas
complicadas.
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5. En lugar de Galileo
Para los aficionados a las sensaciones fuertes se suelen organizar diversiones
especiales, como, por ejemplo, el llamado "columpio del diablo". Aquí
reproducimos la descripción de este artificio que se da en el libro de
entretenimientos científicos de Fedaut:
"El columpio va colgado a una sólida barra horizontal que atraviesa toda la
habitación, a una altura determinada sobre el suelo. Cuando todos ocupan sus
asientos, un empleado cierra la puerta de la habitación, quita la tabla que
sirve de pasarela de 60 entrada, dice que el respetable público va a tener
ahora ocasión de realizar un pequeño viaje aéreo y comienza a balancear
ligeramente el columpio. Hecho esto, se monta en la parte posterior de este
último, lo mismo que hacían los cocheros en el estribo trasero, o se marcha de
la sala.
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Figura 34. Esto piensan los que se montan en el "columpio del diablo"
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Entre tanto va aumentando el balanceo del columpio, éste llega hasta la altura
de la barra, luego la sobrepasa cada vez más y finalmente describe un círculo
completo. El movimiento se va acelerando de manera cada vez más sensible y las
personas que se "columpian", aunque en la mayoría de los casos están
advertidas, experimentan la sensación inconfundible del balanceo y del
movimiento rápido; les parece que surcan el espacio cabeza abajo e
instintivamente se agarran a los espaldares de los asientos para no caerse".
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Figura 35. Esto es lo que ocurre en realidad
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"La amplitud del balanceo comienza a disminuir; el columpio no sube ya hasta la
altura de la barra, y al cabo de unos segundos se para por completo".
"En realidad, durante todo este tiempo el columpio no se mueve de su sitio. Lo
que se mueve es la habitación, que por medio de un mecanismo bastante simple
gira alrededor del eje horizontal y de los espectadores. Los muebles que hay en
la habitación están sujetos al suelo y a las paredes de la sala; la lámpara que
hay en la mesa está soldada a ella, pero de forma que al parecer puede caerse
fácilmente. Esta lámpara consiste en una bombillita eléctrica tapada por una
gran pantalla. El empleado, que parecía que empezaba a balancear el columpio
dándole ligeros empujones, en realidad no hacía más que acompasar sus
movimientos con las oscilaciones de la sala y fingir que balanceaba el
columpio. De esta forma toda esta instalación contribuye a que el engaño sea
perfecto".
El secreto de esta ilusión, como puede verse, es tan simple que hace reír. No
obstante, si después de conocer este secreto se encontrara el lector en el
"columpio del diablo", caería también en el engaño. ¡Tan grande es la ilusión
que produce!
A propósito de esto, nos acordamos de unos versos que dicen:
Un sabio de larga barba,
Seguro de su opinión,
Que el movimiento no existe
Afirmó en una ocasión.
Otro sabio allí presente,
Palabra no respondió.
Pero a pasear se puso
Delante del anterior.
Réplica más convincente
A nadie se le ocurrió,
Y la gente, al alabarla,
Su ingenio reconoció.
Ahora recuerdo otro ejemplo,
Señores, ruego atención,
¿A caso sobre nosotros
no pasa a diario el Sol?
Claro está que nos, movemos,
¡Galileo tenía razón!
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Entre los pasajeros del "columpio" que no conocieran el secreto, el lector
sería una especie de Galileo, pero al revés, puesto que éste demostraba que el
sol y las estrellas están fijas y que la Tierra y nosotros nos movemos, a pesar
de todo lo que parece evidente, mientras que el lector pretendería demostrar
que los que estamos fijos somos nosotros y que la habitación es la que se mueve
en torno a nosotros. Y no está descartado que tuviera que sufrir la triste
suerte de Galileo, es decir, que lo miraran como a quien discute ... cosas
evidentes.
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6. Mi discusión con el lector
Al lector no le sería tan fácil demostrar, como él seguramente piensa, que los
razonamientos anteriores son justos. Supongamos que el lector se encuentra
efectivamente en el "columpio del diablo" y que quiere convencer a sus vecinos
de que están equivocados. Si uno de los vecinos soy yo, tendrá que discutir
conmigo. Nos montamos en el "columpio", esperamos a que después de balancearse
empiece a describir, aparentemente, circunferencias completas y empezamos a
discutir sobre qué es lo que da vueltas, el columpio o la habitación. Pero ante
todo, ruego al lector que tenga en cuenta que mientras dure la discusión no
podremos abandonar el columpio; hay, pues, que prevenir todo lo que sea
necesario y llevarlo consigo.
Lector
. !Cómo es posible poner en duda que estamos quietos y que lo que gira es la
habitación! Si nuestro columpio se pusiera de verdad quilla arriba, nosotros
nos caeríamos, no nos íbamos a quedar colgados cabeza abajo. Pero como ve, no
nos caemos. Por lo tanto lo que da vueltas es la habitación.
Yo
. Sí. Pero recuerde usted que tampoco se derramaba el agua del cubo que daba
vueltas rápidamente, a pesar de que también se ponía boca abajo. El ciclista
del "rizo de la muerte" tampoco se cae cuando va cabeza abajo.
Lector.
Si eso es así, vamos a calcular la 'aceleración centrípeta y veremos si
efectivamente es suficiente para que no nos caigamos del columpio. Sabiendo a
qué distancia nos encontramos del eje de rotación y el número de vueltas por
segundo, podemos hallarla por la fórmula ...
Yo.
No pierda usted el tiempo haciendo cálculos. Los constructores del "columpio
del diablo", enterados de nuestra discusión, me advirtieron que el número de
vueltas es más que suficiente para que el fenómeno se pueda explicar cómo yo
digo. Por consiguiente, el cálculo no puede resolver nuestra polémica.
Lector.
No obstante, tengo la esperanza de qué podré convencerle. Mire usted, el agua
de este vaso no se derrama ... Sí, usted me va a recordar el experimento del
cubo que da vueltas ... Bueno, pero vea, esta plomada que tengo en la mano
siempre se dirige a nuestros pies, es decir, hacia abajo. Si nosotros diéramos
vueltas y la habitación estuviera parada, la plomada se dirigiría al suelo, es
decir, tensaría el hilo unas veces hacia nuestras cabezas, otras hacía nuestros
costados...
Yo.
Está usted en un error. Si giramos con suficiente velocidad, el peso de la
plomada tira en la dirección del radio de giro y en sentido contrario al eje,
es decir, hacia nuestros pies, como ahora ocurre.
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7. Fin de la discusión
Ahora permítame que la aconseje cómo se puede vencer en un debate como éste.
Cuando se va al "columpio del diablo" hay que llevar consigo un dinamómetro (o
peso de muelle), colgar en él una pesa cualquiera, por ejemplo, de 1 kg, y
observar la señal que marca el índice. Este último indicará siempre un mismo
peso, el correspondiente a la pesa colgada (en nuestro caso, 1 kg). Esta es
precisamente la demostración de que el "columpio" no se mueve.
Si el "columpio" girase alrededor de un eje, sobre la pesa no sólo actuaría la
gravedad, sino también el efecto centrífugo, el cual en los puntos inferiores
del camino recorrido haría aumentar el peso de la pesa, mientras que en los
superiores le haría disminuir ' es decir, nos daríamos cuenta de que la pesa se
hace unas veces más pesada y otras casi ingrávida. Como esto no ocurre, está
claro que lo que gira es la habitación y no nosotros.
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8. En la esfera "encantada"
Un empresario norteamericano construyó, para divertir al público, un carrusel
muy interesante e instructivo que tenía la forma de una habitación esférica
giratoria. Dentro de esta habitación el público experimentaba sensaciones tan
extraordinarias como las que suelen ocurrir en sueños o en los cuentos de hadas.
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Figura 37. Fuerzas que actúan sobre una persona que se encuentra en el borde de
una plataforma giratoria.
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Antes de entrar en detalles, recordemos el efecto que experimenta una persona
cuando se encuentra en una plataforma redonda que gira de prisa. El movimiento
giratorio tiende a lanzar la persona hacia fuera; cuanto más lejos esté del
centro, con mayor fuerza se sentirá inclinada y arrastrada hacia fuera, Si
cierra los ojos, le parecerá que no está de pie sobre un suelo plano, sino
sobre una superficie inclinada en la que cuesta trabajo guardar el equilibrio.
Esto se comprende fácilmente estudiando las fuerzas que actúan sobre esta
persona (fig. 37). El efecto giratorio arrastra su cuerpo hacia fuera, al mismo
tiempo que la gravedad tira de él hacia abajo. Estos dos movimientos se
componen según la regla del paralelogramo y dan una resultante cuya acción está
dirigida oblicuamente hacia abajo. Cuanto más rápida sea la rotación de la
plataforma, tanto mayor será la resultante y tanto menor su inclinación.
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Figura 38. Cuando la plataforma tiene el borde inclinado, la persona que se
encuentra en él guarda el equilibrio perfectamente.
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Pero supongamos que el borde de la plataforma está torcido hacia arriba y que
nos encontramos de pie en esta parte inclinada (fig. 38). Cuando la plataforma
esté inmóvil nos será difícil mantenernos en esta posición, puesto que nos
deslizaremos hacia abajo o quizá nos caigamos. Ahora bien, si la plataforma
gira, todo será muy distinto: a una velocidad determinada, la superficie nos
parecerá horizontal, ya que la resultante de los dos movimientos que
experimentamos también estará dirigida oblicuamente, es decir, formando un
ángulo recto con el borde torcido de la plataforma.
Si a la plataforma se le da una forma curva, calculada de manera que su
superficie sea en cada punto perpendicular a la resultante, la persona que se
encuentre en pie en esta superficie se sentirá en todos sus puntos como si
estuviera sobre un plano horizontal. Los cálculos matemáticos realizados dan
como resultado que esta superficie curva sería la de un cuerpo geométrico que
se llama paraboloide. Esta superficie se puede obtener haciendo que un vaso,
lleno de agua hasta la mitad, gire rápidamente alrededor de su eje; en estas
condiciones, el agua asciende junto a las paredes del vaso, desciende en el
centro y su superficie libre toma la forma de paraboloide.
Si en lugar de agua echamos en el vaso cera derretida y hacemos que gire hasta
que ésta se enfríe, la superficie solidificada de la cera nos da la forma
exacta del paraboloide. A una velocidad de rotación determinada, esta
superficie tiene para los cuerpos pesados propiedades semejantes a las de una
superficie horizontal fija, es decir, una bola colocada en cualquier parte de
esta superficie no rueda hacia abajo, sino que permanece al mismo nivel (fig.
39).
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Figura 39. Si se hace que esta copa gire con suficiente velocidad la bola no
caerá al fondo
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Después de lo dicho se comprenderá sin dificultad en qué consiste la esfera
"encantada". El fondo de esta esfera (fig. 40) es una gran plataforma giratoria
cuya superficie tiene la forma de paraboloide. Aunque la rotación, producida
por un mecanismo oculto, es extraordinariamente suave todas las personas que
estuvieran en la plataforma sentirían mareos si no se movieran también las
paredes. Para que nadie se pueda dar cuenta del movimiento, la plataforma
giratoria se halla dentro de una gran esfera, de paredes opacas, que gira con
la misma velocidad que ella.
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Figura 40. La esfera "encantada" (corte)
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Esta es, en pocas palabras, la estructura del carrusel llamado esfera
"encantada". ¿Qué se siente cuando se está en la plataforma, dentro de la
esfera? Mientras gira la plataforma, el suelo que hay debajo de los pies parece
siempre horizontal, cualquiera que sea el punto de la curva en que nos
encontremos, bien junto al eje (donde en realidad es horizontal), o bien junto
a los bordes (donde la inclinación es de 45°). Los ojos ven perfectamente que
el suelo es cóncavo, pero los músculos transmiten una sensación que atestigua
que dicho suelo es plano. Las sensaciones que producen estos dos sentidos se
contradicen entre sí categóricamente. Si desde un borde de la plataforma nos
trasladamos al opuesto, nos parece que la enorme esfera se inclina hacia el
lado contrario, influida por el peso de nuestro cuerpo, con la misma liviandad
que si fuera una pompa de jabón, puesto que en cualquier punto nos sentimos
como si estuviéramos en el plano horizontal. La posición oblicua de las demás
personas que se encuentran en la plataforma nos parece extraordinariamente
anormal: dan la sensación de personas que andan por las paredes lo mismo que
las moscas (fig. 41).
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Figura 41. Posición real de las personas dentro de la esfera "encantada" (a la
izquierda) y lo que cree cada una de ellas (a la derecha)
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Si se derrama agua en el suelo de la esfera "encantada" se extiende por toda su
superficie curva formando una capa uniforme. Pero a las personas les parece que
delante de ellas tienen una pared líquida inclinada.
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Figura 42. Laboratorio giratorio. Posición real.
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Dentro de esta esfera asombrosa parece que dejan de cumplirse las leyes de la
gravedad, tal como las concebimos de ordinario, y que nos trasladamos a un
mundo maravilloso.
Esta misma sensación la experimentan los pilotos cuando dan un viraje. Si
vuelan a una velocidad de 200 km por hora siguiendo una curva cuyo radio sea
igual a 500 m, les parece que la tierra se levanta y se inclina 16°.
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Figura 43. Laboratorio giratorio. Posición aparente.
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En la ciudad alemana de Gotinga (o Göttingen) se construyó con fines de
investigación científica un laboratorio giratorio. Este laboratorio (fig. 42)
tenía la forma de una habitación cilíndrica de 3 m de diámetro y giraba con una
velocidad de 50 revoluciones por segundo. Como el suelo era plano, al girar
producía en la persona que se encontraba junto a la pared la sensación de que
la habitación se inclinaba hacia atrás y que ella estaba semirrecostada en la
pared (fig. 43).
En el futuro, cuando en el cosmos aparezcan satélites-laboratorios de gran
duración, habrá que hacer que giren, para de esta forma crear en ellos una
gravedad artificial. Hoy día ya se hacen proyectos de satélites de este tipo.
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9. Un telescopio líquido
La forma ideal del espejo del telescopio reflector es la parabólica, es decir,
precisamente la forma que toma de por sí la superficie de un líquido cuando se
hace girar alrededor de su eje el recipiente que lo contiene. Los constructores
de telescopios emplean muchas horas de trabajo en darle al espejo una forma
semejante a la antedicha. La fabricación del espejo de un telescopio dura años
enteros. El físico norteamericano Wood soslayó estas dificultades haciendo un
espejo líquido.
Para esto hizo girar mercurio dentro de un recipiente ancho, con lo cual
consiguió una superficie parabólica ideal que podía servir de espejo, puesto
que el mercurio refleja los rayos de luz. El inconveniente de este telescopio
es que cualquier impulso provoca ondulaciones en la superficie del espejo y,
por consiguiente, se deforma la imagen. A pesar de que su sencillez es
seductora, la idea del telescopio de mercurio de Wood no encontró aplicación
práctica. Ni su propio autor, ni los físicos contemporáneos de este invento,
tomaron en serio este aparato tan original. He aquí, por ejemplo, lo que
después de ver el telescopio escribió Webster, director de la sección de Física
de una de las universidades norteamericanas:
Tirilín, tirilán,
En un pozo está.
¿Qué cogió Wood de valija?
Mercurio en una vasija.
Y, ¿qué dio el experimento?
Casi nada, por supuesto.
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10. El "Rizo de la Muerte"
Casi todos conocen el vertiginoso truco velosipédico que presentan a veces en
los circos en el cual un ciclista entra en un rizo, de abajo arriba, y describe
una circunferencia completa, a pesar de que la parte superior de esta
circunferencia la recorre con la
cabeza hacia abajo.
En la arena del circo construyen generalmente una pista de madera en forma de
rizo con una o más vueltas, como la que se puede ver en la fig. 44. El ciclista
desciende por un plano inclinado, sube rápidamente por la pista circular, pasa
la parte superior de esta pista con la cabeza para abajo y después de recorrer
una circunferencia completa llega felizmente a tierra.
El público suele creer que este truco es la cumbre del arte acrobático. Algunos
espectadores se preocupan y preguntan: ¿qué fuerza misteriosa sostiene a este
intrépido ciclista cabeza abajo? Otros, más incrédulos, sospechan que se trata
de un engaño. Pero en esto no hay nada sobrenatural. Este truco se explica
totalmente por las leyes de la Mecánica. Una bola de billar puesta a rodar por
esta misma pista la recorrería hasta el fin con el mismo éxito que el ciclista.
En los gabinetes de Física de las escuelas hay "rizos de la muerte" en
miniatura.
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Figura 44. El "Rizo de la Muerte". Abajo a la izquierda el esquema para el
cálculo.
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"Mefisto", el célebre inventor y ejecutor de este truco, antes de lanzarse él
mismo a "rizar el rizo", probaba la solidez de la pista echando a rodar por
ella una bola cuyo peso era igual al del artista con la bicicleta. Si la bola
hacía el recorrido sin contratiempos, "Mefisto" se arriesgaba a ejecutar el
truco.
El lector comprenderá, naturalmente, que este fenómeno se debe a la misma causa
que explica el experimento del cubo giratorio (pág. 59). Para poder pasar
felizmente la parte peligrosa del rizo, es decir, la parte superior, el
ciclista debe llevar una velocidad suficientemente grande. Esta velocidad viene
determinada por la altura desde la cual empieza a descender el artista. La
velocidad mínima tolerable depende del radio del rizo. De aquí se deduce que
para que el truco salga bien hay que calcular exactamente la altura desde la
cual se lanza el ciclista, de lo contrario puede ocurrir una catástrofe.
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11. La Matemática en el circo
Yo sé que las fórmulas "secas" repelen a los aficionados a la Física. Pero si
renuncian a conocer el lado matemático de los fenómenos, estos enemigos de las
ciencias exactas se verán privados de la posibilidad de prever el desarrollo de
los fenómenos y de determinar las condiciones en que deben realizarse. En
nuestro caso concreto, por ejemplo, dos o tres fórmulas son suficientes para
determinar exactamente las condiciones necesarias para que se realice con éxito
un truco tan sorprendente como el de recorrer el "rizo de la muerte".
Hagamos, pues, los cálculos.
Designemos con letras aquellas magnitudes que intervienen en dicho cálculo:
llamemos h a la
altura
desde la cual se lanza el ciclista; designemos por x la parte de la altura h
que sobrepasa del punto más alto del "rizo"; según la fig. 44,
x = h - AB;
r representará al radio de la circunferencia del rizo;
m designará la
masa
total del ciclista y la bicicleta; el peso conjunto estará expresado por mg,
siendo g
la aceleración de la gravedad,
que como sabemos es igual a 9,8 m por segundo cada segundo;
la letra v será la
velocidad
del ciclista en el momento de llegar al punto más alto de la circunferencia.
Todas estas magnitudes pueden relacionarse entre sí por medio de dos
ecuaciones. En primer lugar, sabemos por la Mecánica que la velocidad que
adquiere el ciclista en el momento que, descendiendo por el plano inclinado,
llega al punto C (que se encuentra al nivel de B, como puede verse en la parte
inferior de la fig. 44) es igual a la que tendrá en la parte superior del rizo,
es decir, en el punto B. La primera de estas velocidades viene expresada por la
fórmula
o
Por consiguiente, la velocidad del ciclista en el punto B será igual a
es decir,
Pero para que el ciclista no se caiga al llegar al punto más alto de la curva
hace falta (véase "La anulación de la gravedad") que la aceleración centrípeta
que produzca sea mayor que la aceleración de la gravedad, es decir, hace falta
que
o
v
2
>gr.
Pero como ya sabemos que
v
2
=2gx
, tendremos que
2gx>gr, o x>r/2
De esta forma ya sabemos que para que este truco se pueda ejecutar con éxito
hay que construir el "rizo" de tal forma que el vértice de la parte inclinada
de la pista esté 1/2 radio más alto que el punto superior de la circunferencia.
La inclinación de la pista no desempeña ningún papel, lo que importa es que el
punto desde el cual comienza a descender el ciclista se encuentre como mínimo
1/4 de diámetro más alto que la cumbre del rizo. En este cálculo no hemos
tenido en cuenta el rozamiento de la bicicleta y hemos considerado que la
velocidad en el punto C es igual a la velocidad en el punto B. Por esto no es
conveniente alargar demasiado la bajada, haciéndola más suave. Cuando el
descenso es suave, el rozamiento hace que la velocidad del ciclista al llegar
al punto B sea menor que la que tenía en C. Si, por ejemplo, el rizo tiene 16 m
de diámetro, el artista debe lanzarse desde una altura de 20 m por lo menos. Si
esta condición no se cumple, no hay arte que le ayude a "rizar el rizo"; antes
de llegar al punto más alto se caerá.
Cuando realiza este truco la bicicleta va sin cadena. El ciclista confía su
máquina a la acción de la gravedad, puesto que ni puede ni debe acelerar ni
frenar su movimiento. Todo su arte consiste en mantenerse en el centro de la
pista de madera. La menor desviación representa un peligro inminente de salir
despedido hacia un lado. La velocidad de la carrera por el interior de la
circunferencia es muy grande. Suponiendo que el diámetro de ésta sea igual a 16
m, el ciclista dará la vuelta en 3 segundos. Esto representa una velocidad
de... ¡60 km por hora! A esta velocidad no es fácil guiar una bicicleta. Pero
esto es precisamente lo que no hace falta. Hay que ser decidido y confiarse a
las leyes de la Mecánica. "El truco de la bicicleta no es peligroso de por sí -
leemos en un folleto escrito por un profesional -, cuando el aparato está bien
calculado y su construcción es sólida. El peligro está en el propio artista. Si
le tiembla una mano, se pone nervioso, pierde el control sobre sí mismo o se
marea inesperadamente, todo puede esperarse".
En esta misma ley se basa el "rizo de Nésterov" o "looping" y otras figuras de
alto pilotaje. Para hacer el "rizo" tiene una importancia primordial tomar
buena "carrera" por la curva y mandar diestramente el avión.
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12. Falta de peso
Un bromista dijo una vez que sabía un procedimiento de ahorrar en el peso sin
engañar a los clientes. El secreto estaba en comprar las mercancías en países
próximos al ecuador y venderlas lo más próximo posible a los polos. Ya hace
mucho tiempo que sabemos que cerca del ecuador las cosas pesan menos que junto
a los polos; 1 kg trasladado desde el ecuador a un polo aumenta en peso 5 g.
Claro que para que esta diferencia se note hay que pesarlo en una báscula de
resorte hecha (o graduada) en el ecuador, de lo contrario no hay ganancia;
porque si las mercancías se hacen más pesadas, lo mismo le ocurre a las pesas.
No creo que nadie se pueda hacer rico comerciando por este procedimiento, pero
el bromista tenía razón: la gravedad aumenta realmente al alejarse del ecuador.
Esto ocurre porque los cuerpos que están en el ecuador describen las mayores
circunferencias al girar la Tierra y también porque la esfera terrestre está
más hinchada en el ecuador.
La parte más importante de la pérdida de peso se debe a la rotación de la
Tierra. Esta rotación hace que el peso de los cuerpos en el ecuador disminuya,
en comparación con el que tienen en los polos, en una fracción igual al 1/290.
Cuando los cuerpos que se trasladan de una latitud a otra son ligeros, la
diferencia de peso es insignificante. Pero si se trata de objetos pesados puede
alcanzar valores bastante considerables. Nadie sospecha, por ejemplo, que una
locomotora que pesa en Moscú 60 t, al llegar a Arcángel resulta 60 kg más
pesada, y si va a Odesa, 50 kg más ligera. En un tiempo, desde la isla de
Spitzberg se transportaban anualmente a puertos más meridionales cerca de
300.000 t de carbón. Si esta cantidad hubiera sido transportada a un país
ecuatorial y pesada en básculas de resorte traídas de Spitzberg, se habría
notado una falta de carbón de 1.200 t. Un acorazado que pese en Arcángel 20.000
t, cuando navegue por aguas ecuatoriales será 80 t más ligero; pero esto no se
nota, porque todos los demás cuerpos también se hacen más ligeros, sin excluir,
naturalmente, el agua del mar.
Si la Tierra girara alrededor de su eje más de prisa que ahora, por ejemplo, si
los días en vez de tener 24 horas tuvieran 4, la diferencia de pesos de los
cuerpos en los polos y en el ecuador sería mucho más sensible. Con días de
cuatro horas, por ejemplo, una pesa de 1 kg en el polo pesaría en el ecuador
875 g nada más. Así son las condiciones de gravedad que existen en Saturno. En
este planeta los cuerpos que se encuentran en los polos pesan 1/6 parte más que
en el ecuador.
Como la aceleración centrípeta aumenta proporcionalmente al cuadrado de la
velocidad, no es difícil calcular a qué velocidad de rotación se hará 290 veces
mayor en el ecuador, es decir, a qué velocidad se hará igual a la fuerza de
atracción. Esto sucedería si la Tierra girase 17 veces más de prisa que en la
actualidad (17 *17 = aproximadamente a 290). En estas condiciones los cuerpos
dejarían de ejercer presión sobre los sitios en que se apoyan. En otras
palabras, si la Tierra girara 17 veces más de prisa, las cosas que estuvieran
en el ecuador...
¡no pesarían nada!
En Saturno pasaría lo mismo si su velocidad de rotación aumentara dos veces y
media nada más.
De lo expuesto se deduce que el lanzamiento de los satélites artificiales es
preferible hacerlo desde regiones ecuatoriales y en dirección oeste - este.
Para lanzar satélites cuyas órbitas formen ángulos grandes con el ecuador hay
que gastar mucha más energía. Precisamente por esto los primeros satélites
norteamericanos volaban solamente sobre las regiones ecuatoriales, ya que los
cohetes portadores de que disponían eran poco potentes y no servían para
ponerlos en órbitas más inclinadas con respecto al ecuador.
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